El verdadero efecto para España de las sanciones rusas

El 7% del total de las exportaciones agroalimentarias españolas fue a Rusia, tercer destino no comunitario, sólo por detrás de China y EE UU. Fuente: ITAR-TASS

El 7% del total de las exportaciones agroalimentarias españolas fue a Rusia, tercer destino no comunitario, sólo por detrás de China y EE UU. Fuente: ITAR-TASS

El impacto real del veto a alimentos supera con creces esos 326 millones que calcula la Comisión Europea.

Desde el anuncio del veto ruso a los alimentos europeos, el Gobierno español se ha limitado a restarle importancia y su único movimiento hasta el momento ha sido el más cómodo, pedir ayuda económica a Bruselas para compensar a los productores.

Una ayuda que llegará sólo a cuentagotas, a los productos más afectados. “Está claro que esta prohibición no nos ayuda, pero estoy convencido de que será una motivación para que los agricultores sigan trabajando”, comentó el presidente Rajoy. La tranquilidad del Ejecutivo español contrasta con la perspectiva poco halagüeña de los verdaderos afectados, los productores.

“Cada semana enviábamos un 1,5 millones de kilos de fruta a Rusia. Ahora nuestro problema es saber si la que hemos enviado esta semana ha llegado y qué pasa con la que tenemos preparada”, comenta Josep Presseguer, empresario catalán, que exportaba a Rusia el 25% de su producció, en declaraciones al diario El País.

En 2013 el 7% del total de las exportaciones agroalimentarias españolas fue a Rusia, tercer destino no comunitario, sólo por detrás de China y EE UU. Según las estadísticas de la Comisión Europea, España será el sexto país más afectado de la Unión por las sanciones, pues su volumen de exportación a Rusia en 2013 de los productos incluidos en el veto fue de 326 millones de euros.

Si desglosamos esa cifra por productos, los más perjudicados son las frutas (158 millones), destacando los cítricos; las carnes (116 millones de euros) principalmente el porcino; y las frutas y hortalizas transformadas (89 millones de euros).

Pero si incluimos efectos indirectos, el impacto del veto ruso excede con mucho esos 326 millones que afirma Bruselas. España también exportaba alimentos a Rusia de forma indirecta, a través de compañías de terceros países europeos, como Rumanía o Bélgica. No hay cálculos oficiales de cuánto volumen de negocio suponen esas exportaciones indirectas, pero también desaparecen.

Por otra parte, la mercancía destinada a Rusia que nunca alcanzó su destino se intenta recolocar en el mercado comunitario o nacional, aumentando la oferta y generando unos excedentes que harán bajar los precios. Eso en unos sectores ya de por sí vulnerables, especialmente el agrícola, cuyo caballo de batalla tradicional son precisamente los precios, pues trabajan con márgenes de beneficio muy estrechos.

“Habrá una bajada de precio como nunca hemos vivido”, vaticina Xavier Gorgues, del sindicato Unió de Pagesos.

Por cierto, que el anuncio de las sanciones cogió a muchos camioneros españoles de camino a Rusia, y cuando llegaron a la frontera no pudieron cruzarla. Como en muchos casos transportaban productos perecederos, se quedaron vagando por países del Norte y el Este de Europa (principalmente Polonia) tratando de colocar la mercancía a cualquier precio, pues poco es mejor que nada. “Tengo tres camioneros jugándose la vida en la carretera [en zonas afectadas por el conflicto de Ucrania], cargados de fruta y que han quedado bloqueados en la aduana con Rusia; ahora están volviendo y no sé qué hacer con la mercancía”, lamenta un empresario que prefiere no dar su nombre.

La mercancía que no pueda ser recolocada se donará a bancos de alimentos y comedores sociales, transformada en conservas (mermeladas, etc), pues estas entidades no pueden asumir tal cantidad de alimentos frescos perecederos. Otra parte sencillamente se destruirá.

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Además, la cosecha que estaba destinada a Rusia y que aún no se había recogido se quedará en los árboles pues, según comentan los productores, dada la situación del mercado son mayores los costes de recogerla que los ingresos por venderla. Y si no se recoge ni se procesa la fruta, la consecuencia es que no hace falta mano de obra. “Hay 25.000 puestos de trabajos directos o indirectos que pueden desaparecer por el bloqueo”, alerta Pere Roque, presidente de la Asociación de Empresarios Agrarios de Lleida.

Cataluña es una de las regiones más afectadas por el embargo, pues anualmente exportaba a Rusia 50.000 toneladas de melocotones y nectarinas. El consejero de Agricultura de la Generalitat, Josep Ma Pelegrí, califica de “insuficientes” las medidas tomadas por Bruselas, lamenta que no esté dispuesta a conceder ayudas adicionales y alerta de “daños irreparables” en el largo plazo. Precisamente el futuro es otra de las grandes preocupaciones de los productores españoles afectados. “Ahora mismo no existe para el sector una alternativa viable a Rusia, ya que la posibilidad de exportar a China no será efectiva hasta dentro de uno o dos años”, alertan desde la patronal catalana.

Cuando, concluidos los 12 meses que durarán las sanciones, los productores españoles quieran regresar al mercado ruso, encontrarán la dificultad de una mayor competencia, pues durante este tiempo sus alimentos habrán sido sustituidos por otros de diferente procedencia. En el mejor de los casos, será empezar de nuevo de cero.

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