Voluntarios rusos que llevan ayuda humanitaria a Donbass

Fuente: Daria Andréieva

Fuente: Daria Andréieva

Cada día numerosos voluntarios cruzan la frontera entre Rusia y Novorossia (la autodenominada parte del este de Ucrnania) cargados de ayuda humanitaria. RBTH ha podido hablar con algunos de estos conductores que se enfrentan a numerosas dificultades.

Ígor Zapriagaylo, de 35 años, es voluntario y se encarga de distribuir ayuda humanitaria. Cubre el trayecto que une su Bélgorod (en el sureste de Rusia, muy cerca de la frontera) natal, con Donetsk y Lugansk, la zona de los combates. Admite que le da miedo conducir hasta la zona del conflicto, pero su condición lo requiere: nació en una familia de militares, y su padre, Alexander, dirige la colonia de Járkov en la región de Bélgorod.

El voluntario explica que la carretera que une Bélgorod con Donetsk cubre aproximadamente 750-800 km en una sola dirección y hacen falta cerca de dos días para recorrerla. 

El pasado 5 de agosto Rusia solicitó en el Consejo de Seguridad de la ONU que se le permita enviar convoyes humanitarios al este de Ucrania para apoyar a la población, una idea que Estados Unidos y otras potencias occidentales rechazaron. Rusia explicó que está dispuesta a "obrar con suma transparencia" y propone que la Cruz Roja siga a los convoyes y supervise la entrega de asistencia a la población. Desde el inicio del conflicto más de 700.000 personas han huido de Ucrania a Rusia, según datos del ACNUR, agencia de la ONU para los refugiados.

En Rostov del Don, ciudad de sureste ruso y cercana a la frontera con la zona de conflicto en Ucrania, hay un punto de transbordo donde llevan toda la carga que se ha recogido.

En Rostov del Don se lleva a cabo la distribución de lo que se ha reunido por toda Rusia, por ejemplo, las medicinas se envían de acuerdo con las solicitudes que llegan desde los hospitales de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

Según las declaraciones de Ígor, él se encarga principalmente del transporte de fármacos: “Hace poco ayudamos al centro de quemados de Donetsk y al hospital regional de Lugansk, allí había una partida de fármacos especiales para la sangre, para curar heridas. Recientemente también ha llegado una carga con alimentos”.

En la frontera, los voluntarios coordinadores de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk reciben los vehículos que transportan la ayuda humanitaria. “Por supuesto, a veces hay bombardeos, pero la situación de los corredores humanitarios está monitorizada en todo momento. En algunos puntos nos vemos obligados a ocultarnos durante medio día hasta que la situación se calma. A veces hay militares ucranianos que no son como la Guardia Nacional o los ultranacionalistas del Sector de Derechas, permiten que el vehículo que lleva ayuda humanitaria siga adelante”, añade Ígor.

Fuente: Daria Andréieva

Empezó a transportar carga humanitaria a mediados de junio, cuando la colonia de Bélgorod comenzó a ayudar activamente a la denominada Novorossiya (Nueva Rusia). En un principio se había previsto que los voluntarios realizaran un trayecto a la semana, pero el volumen de carga humanitaria aumenta. “Cada vez hay más gente que se compromete, también empresas y empresarios importantes. Recogemos una media de dos toneladas”.

Una leyenda entre los voluntarios

Desde el 7 de marzo de 2014 Anatoli Troynov transporta ayuda humanitaria hasta el Sureste de Ucrania. Durante este tiempo ya se ha convertido en una auténtica leyenda y los militares ucranianos han puesto precio a su cabeza. El propio Anatoli es oriundo de Donbass, su madre vive en Donetsk, pero incluso si su familia no se hubiera visto involucrada, habría ayudado de todas formas a Novorossiya. Cree que este es su destino. 

Anatoli tiene 30 años. Antes de la guerra era empresario, tenía un pequeño negocio, pero ahora, según dice, no es momento de ganar dinero u ocuparse de los negocios. “Mi madre vive aquí, en Donetsk. No quiere marcharse. Sí, yo mismo soy de aquí, he vivido 17 años en Listvianka. Tengo aquí a mi tío, mi padrino y dos sobrinos. Ves en la televisión lo que está ocurriendo aquí y piensas: eso le podría estar pasando a mi propio hermano. En estas circunstancias, no puedes quedarte de brazos cruzados”, dice el hombre.

Anatoli distribuye ayuda humanitaria desde el 7 de marzo. Explica que ha habido casos de voluntarios que han muerto mientras entregaban la carga humanitaria. Pero no quieren instalar protección en sus vehículos, al contrario, tratan de aligerarlos al máximo para que puedan moverse más deprisa, para que puedan llevar más carga.

Fuente: Daria Andréieva

“Me gustaría poder transportar 15 toneladas por trayecto. Pero la falta de transporte es catastrófica. Sería magnífico si tuviéramos un camión KAMAZ, pero entonces el problema sería otro: el combustible”. 

Según el voluntario, ni él ni sus compañeros eligen los vehículos que deben transportar la carga humanitaria. “Al principio los elegíamos nosotros, pero justamente abrían fuego contra ese tipo de vehículos. Van por nosotros, los militares ucranianos van por la carga humanitaria. Y ellos mismos están pasando hambre”.

La ayuda que llega a Donetsk solo procede de Rusia. “Hay algunas organizaciones y empresas, que ya son como socios permanentes. Antes pedían grabaciones de vídeo como prueba, porque incluso en el sector de la ayuda humanitaria hay gente poco honesta. Hay un refrán ruso que viene a decir que, incluso en los momentos más difíciles, hay quien solo persigue su propio interés, menospreciando a los que sufren. Antes la Iglesia ortodoxa rusa también pedía informes, pero ahora ya confían en nosotros. Si llegas de noche, no saldrás corriendo a buscar una cámara. Ahora ya solo cargan, se santiguan y nos envían con Dios. Entonces, cuando he llegado, les devuelvo la llamada”.

Fuente: Daria Andréieva

Anatoli dice que hasta que no termine la guerra seguirá distribuyendo ayuda humanitaria a Donbass. “Mientras haya carretera entre Rusia y Donbass, no voy a ir a ninguna otra parte”.

Cuando le preguntan cuál es el episodio que le ha quedado más grabado en la memoria, Anatoli no se refiere a los bombardeos ni a los horrores de la guerra: “Una vez, cuando estábamos en la entrada del puesto que sirve de punto de recepción de ayuda humanitaria, se me acercó una niña. Debía de tener unos cuatro años. Se acerca, me alcanza una muñeca con decisión y dice: désela a los niños de Slaviansk. Y yo les llevé la muñeca”. 

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