Kiev y los separatistas pactan un intercambio de prisioneros

El expresidente ucraniano Leonid Kuchma (en el centro) ha sido el representante de Ucrania en Minsk. Fuente: Reuters.

El expresidente ucraniano Leonid Kuchma (en el centro) ha sido el representante de Ucrania en Minsk. Fuente: Reuters.

A finales de la semana pasada tuvo lugar en Minsk, la capital de Bielorrusia, una nueva ronda de negociaciones sobre el conflicto en Ucrania. A pesar de no haber obtenido un progreso político significativo las partes han acordado el intercambio de una veintena de prisioneros.

En la nueva ronda de negociaciones sobre el arreglo del conflicto interno en Ucrania no se ha conseguido llegar a una solución. Las partes ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo sobre el intercambio de todos los prisioneros de guerra, cuestión que estaba sobre la mesa, aunque sí se ha pactado el intercambio de 20 prisioneros de cada bando.

“Hemos intercambiado 20 personas por otras 20 al azar, los nombres de los elegidos son totalmente arbitrarios, se dieron los que estaban al alcance”, explica Andréi Purguin, viceprimer ministro de la autodenominada República Popular de Donetsk (RPD) a la publicación rusa Gazeta.ru. “Estas cuestiones técnicas se podían haber decidido por teléfono o por Skype, no era necesario para ello mantener una reunión en territorio extranjero y solicitar a Bielorrusia que nos proporcionara un lugar de encuentro”.

Según Purguin, un grupo de policías holandeses y australianos llegó al lugar donde se estrelló el avión Boeing-777, y los milicianos consideran que los policías podrían ayudar a los militares ucranianos.

“Las negociaciones no continúan, no se han fijado aún encuentros futuros. La parte ucraniana se ampara en consultas para introducir un contingente extranjero (700 policías holandeses y 1.500 policías australianos) con misiones poco comprensibles, a 100 kilómetros del lugar del accidente aéreo. Bajo nuestro control, la zona del accidente del Boeing-777 se desmilitarizó (se despejó la zona de todos los puestos de control y fuerzas armadas), pero a su desmilitarización en un perímetro de 100 km Ucrania ha preferido un cambio brutal de las condiciones operativas, la zona del accidente es sometida a bombardeos, se libran combates duros”, explica Purguin.

Antes del inicio de las consultas en Minsk, el presidente ucraniano Petró Poroshenko declaró que desea discutir el regreso de todos los soldados ucranianos capturados por los milicianos, así como la realización del trabajo sin riesgo del grupo de expertos internacionales en el lugar donde se estrelló el Boeing-777.

La necesidad de la mediación internacional

Alexéi Arbátov, jefe del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales (IMEMO, en ruso) de la Academia de Ciencias de Rusia, indica que sólo la presión política directa de Moscú y Washington podría poner fin a la crisis.

“Alcanzar éxito en el proceso de negociación sólo es posible con la influencia de los líderes políticos de Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia sobre las partes involucradas en el conflicto. Sólo entonces se podrá esperar el cese de este conflicto cruel y absurdo”, declara Arbátov.

Estima que es necesario un monitoreo permanente por parte de la OSCE, incluidos los puntos de control en la frontera ruso-ucraniana y establecer un alto al fuego inmediato para lanzar un proceso de de negociaciones a grande escala.

“Después será posible hablar del desarme de los milicianos y de la retirada del ejército ucraniano. Es necesario también ponerse de acuerdo sobre un estatus especial para los óblasts de Donetsk y Lugansk, en tanto que sujetos ucranianos con derechos ampliados en los ámbitos económicos y sociales. En caso contrario, será imposible alcanzar progresos políticos”, subrayó el académico.

En una entrevista concedida al periódico ruso Aktualnie kommentarii [Comentarios actuales], Rotislav Ischenko, presidente del Centro de Análisis y pronósticos sistémicos, señala que el éxito de las negociaciones estaría asegurado si existiera un espacio de entendimiento.

“El presidente ucraniano ha puesto sobre la mesa su célebre Plan Poroshenko, que supone la capitulación de los milicianos. Los milicianos, en cambio, presentan como exigencias el reconocimiento y la independencia de las repúblicas populares. Ninguna de las dos partes puede aceptar las condiciones del contrario, puesto que, en el caso de los milicianos, sean cuales sean las garantías del gobierno de Kiev, la capitulación sería recibida por la Guardia Nacional y el Sector de Derechas. Y si Kiev reconociera la independencia de las regiones, Poroshenko sería acusado de traición y tratado como protegido de los enemigos de Ucrania. El actual presidente tendría que enfrentarse a una insurrección de quienes han combatido y combaten aún contra los milicianos”, dice el experto.

En su opinión, por ahora no es posible encontrar un denominador común en estas dos posiciones diametralmente opuestas y elaborar un nuevo plan político que convenga a ambas partes.

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