Negociaciones estratégicas entre Moscú y Kiev

Las consultas en Minsk no podrán poner punto final a la guerra civil en Ucrania. Fuente: Reuters

Las consultas en Minsk no podrán poner punto final a la guerra civil en Ucrania. Fuente: Reuters

El 31 de julio en Minsk se celebrarán unas consultas trilaterales sobre la situación en Donbass. En ellas participará Rusia (representada por su embajador en Ucrania, Mijaíl Zurábov), Ucrania (representada por su expresidente Leonid Kuchma) y un representante de la OSCE que intervendrá como mediador. Sin embargo, los expertos dudan que estas negociaciones se conviertan en el final de la guerra civil en Ucrania: las partes del conflicto viajan a la capital bielorrusa únicamente para cumplir misiones estratégicas.

Rusia planea utilizar estas negociaciones para protegerse de la presión por parte de Occidente. Estados Unidos y la UE acusan a Moscú de mantener una postura poco constructiva respecto a la cuestión ucraniana y el 29 de julio aprobaron un nuevo paquete de sanciones contra Rusia.

Según el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, “La Unión Europea estará dispuesta a cancelar su decisión de introducir las sanciones y a recuperar la cooperación con Rusia cuando esta comience a facilitar activamente y sin ambigüedades la búsqueda de una solución a la crisis ucraniana”. Y ahora que Kiev ha aceptado participar en las negociaciones, Moscú saldrá beneficiada con sólo participar en ellas.

Es muy poco probable que el Kremlin obtenga más beneficio que este, excepto la posibilidad de alcanzar algún acuerdo para cambiar algunos puntos del nuevo proyecto nacional ucraniano. “Rusia, evidentemente, se propone informar al gobierno ucraniano de la postura de los ciudadanos del este del país e intentará volver a sacar a relucir las cuestiones del federalismo y de la lengua rusa. Sin embargo, la postura de Rusia será bastante débil y es poco probable que la escuchen (en parte, debido a la debilidad del negociador que la representa)”, - explica a un corresponsal de RBTH el director de la filial ucraniana del Instituto de Países de la CEI, Denís Denísov. Algunos expertos aseguran que Mijaíl Zurábov posee estrechos vínculos comerciales con Petró Poroshenko (el oligarca ucraniano financió algunos eventos de la embajada rusa y Zurábov promovió los intereses de Poroshenko y sus fábricas en territorio de Rusia) y le consideran personalmente responsable de que Rusia ignorara el Maidán.

Kiev necesita tiempo para reunir fuerzas

Ucrania, por su parte, viaja a Minsk para conseguir una tregua temporal. A pesar de que el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, declaraba que los ucranianos “han propuesto un plan que incluye el diálogo con los separatistas con participación internacional”, los motivos del gobierno ucraniano son de una naturaleza más bien estratégica (Ucrania no tiene ni militares ni posibilidades financieras para continuar su operación antiterrorista).

“Tras ataque de las tropas ucranianas que se prolongó toda la semana pasada, especialmente del 26 al 28 de julio, Kiev ha perdido la mayor parte de su potencial de ataque y no se descarta la posibilidad de que los militares se vean obligados a abandonar los territorios ocupados. Una tercera movilización de las tropas podría contribuir a restablecer el potencial militar, pero esto no sucederá antes del 20-23 de agosto. Por esta razón Ucrania necesita este ‘proceso de paz’”, - aclara a un corresponsal de RBTH el politólogo ruso Dmitri Evstáfiev, profesor de la Escuela Superior de Economía.

Además, el presupuesto ucraniano está vacío y según el ministro de Finanzas de Ucrania, Aleksander Shlapak, “ a partir del 1 de agosto no tendremos con qué pagar a nuestros militares”. La mejor solución a esta situación, evidentemente, no será una tregua temporal para reunir fuerzas, sino la finalización definitiva de la operación antiterrorista, pero Kiev no quiere ni puede dar este paso. Petró Poroshenko se encuentra bajo una potente presión de los sectores radicales de la sociedad, que no aceptan otro modo de terminar la guerra que tomar Donbass y Lugansk.

El país anfitrión de las negociaciones, Bielorrusia, también prevé beneficiarse de ellas. “Si ambas partes logran sentarse ante la mesa de negociaciones, Lukashenko ganará ante todo una especie de poder simbólico, ya que Bielorrusia será percibida tanto en Rusia como en Ucrania y en la Unión Europea como una parte pacificadora”, - comenta al corresponsal de RBTH el politólogo bielorruso Alexéi Dzermant. Algunos expertos aseguran que Minsk y Kiev podrían incluso alcanzar un acuerdo sobre el tránsito de productos ucranianos (a los que Moscú ha impuesto un embargo) a través de territorio de Bielorrusia hacia el mercado ruso.

Por otro lado, las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk no viajarán a Minsk, ya que Kiev no las contempla como “partes del conflicto”. De todos modos, en estas repúblicas no reconocidas tampoco han hecho una tragedia de ello: según el vice primer ministro del gobierno de la República Popular de Donetsk Andréi Purguin, el estatus del encuentro de Minsk no es tan importante y en él se concentrarán solamente en la solución de algunas cuestiones concretas. “No se trata de unas negociaciones en toda regla, sino de unas consultas. La lo más importante es el intercambio de todos los prisioneros de guerra (unos 350 sublevados han sido capturados por los militares ucranianos, y este número puede incrementarse)”, - declara el político. Andréi Purguin no está convencido de que “el próximo paso pueda ser el comienzo de unas negociaciones para la finalización definitiva del derramamiento de sangre en Donbass”, ya que para ello Ucrania debería mostrar una voluntad política y una prudencia que hasta ahora no se han observado.

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