México y Rusia cooperan en la creación del microsatélite Cóndor UNAM-MAI

Fuente: NASA

Fuente: NASA

En el marco del acuerdo de colaboración técnico científica entre los Estados Unidos Mexicanos y la Federación Rusa, la Universidad Autónoma Nacional de México, UNAM y el Instituto de Aviación de Moscú, MAI, están trabajando en la creación, lanzamiento y operación de un microsatélite para la investigación de precursores ionosféricos de terremotos y la percepción remota de la Tierra.

El doctor Saúl de la Rosa Pérez, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, explica en una entrevista exclusiva a RBTH, que se trata un proyecto académico tecnológico dividido en dos etapas.

La primera, ya concluida, fue la realización de un programa de especialización de Ingenieros, los cuales son la base del grupo Aeroespacial de la facultad de Ingeniería de la UNAM. La segunda, consiste en el desarrollo del microsatélite CÓNDOR UNAM-MAI que tiene dos misiones: la visión remota de la superficie de la Tierra y la realización de estudios de la Ionosfera en  Precursores Sísmicos de Terremotos:

“De las dos aplicaciones, una es meramente científica, que es el estudio de parámetros ionosféricos para participar un poco en la corroboración de la teoría que busca encontrar variaciones en los parámetros ionosféricos con respecto a que se relacionen con la ocurrencia de terremotos. Es una teoría muy conocida y muy debatida, y nuestra primera misión, es hacer corroboraciones en esa área. Y la segunda, es que vamos a llevar a bordo una cámara en espectro visible, fabricada por la UNAM para hacer percepción remota, esto es una necesidad muy grande, porque nuestro país, no tiene este tipo de instrumentación, y es usuario de fotografías satelitales”.

Tal y como explica el Doctor de la Rosa, el origen de este proyecto se remonta al primer lustro de la década de los 90: “Anteriormente en la UNAM existió el Programa de Desarrollo de Investigación Aeroespacial que terminó en 1998. Este programa trabajó en el desarrollo de un satélite llamado UNAMSAT B, concluido en 1994. En ese momento, comenzamos a buscar dónde lanzarlo, lo cual, coincidió con la apertura de Rusia. De hecho fueron dos proyectos. En marzo de 1995, se lanzó el UNAMSAT 1  en un misil reconvertido. El lanzamiento falló, y recibimos la oferta de lanzamiento de un segundo satélite idéntico, un gemelo, que lanzamos en 1996 en un cohete de la serie Cosmos.  Fue exitoso, y la cooperación fue muy buena, así que a partir de esa fecha, hemos continuado, y ahora tenemos este proyecto CONDOR UNAM MAI, el cual es una continuación de esta cooperación”.

Al hablar de las grandes que se han encontrado a la hora de desarrollar el proyecto, de la Rosa comenta:

“El desarrollo de tecnología aeroespacial, para bien o para mal, tiene dos vertientes: la vertiente pacífica, que es la que nos interesa y sobre la que estamos trabajando, y la vertiente militar. Al ser de este modo, hay muchas barreras de seguridad a nivel nacional que todos los países tienen, especialmente los que son líderes en esta área como la Federación Rusa.

Entonces es muy lento el llevar procesos de colaboración de este tipo, precisamente por estas barreras que son entendibles y naturales pero que hacen este tipo de proyectos muy lentos. Esa es la principal barrera. Lo más importante es que, como este proyecto al estar bajo una iniciativa de una institución como es la UNAM, tiene un claro su uso pacífico, teórico y su interés meramente científico”.

Incorporación tardía

Además de la mencionada por el Doctor De La Rosa, en México, existe otra gran dificultad por la cual acuerdos de colaboración como este realizado entre la UNAM y el Instituto de Aviación de Moscú son fundamentales, y es que México, a nivel internacional, se ha incorporado tarde a la teoría Aeroespacial.

Si bien desde 1959 ya hubo esfuerzos por parte de la instituciones educativas y el gobierno por implementar esta disciplina, estos esfuerzos no fueron debidamente sostenidos por diversas razones.

De 1960 a 1971, estuvo operativa la antecesora de la actual Agencia Espacial Mexicana AEM, la CONEE o Comisión Nacional del Espacio Exterior, que a su vez, dio pié a la creación en 1989 al Instituto Mexicano de Comunicaciones, que hasta 1997, trató de crear la especificaciones relativas al desarrollo tecnológico espacial en el país.

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Pero no fue hasta 2010, tras aunar esfuerzos con la Academia de Ingenieria, la UNAM y el IPN entre otros, que finalmente se creó la Agencia Espacial. Esta Subsecretaría, fue creada en términos de ley, lo cual en principio, según el ingeniero Sergio Viñals, director del Centro Aeroespacial del Instituto Politécnico Aeroespacial, establece su solidez de cara a los cambios políticos y gubernamentales susceptibles de afectar su operatividad:

“Hay un esquema general de colaboración y lo que haría falta es que tuviésemos un presupuesto razonable para poder desarrollarlo. La actividad de tecnología espacial, es sumamente cara, por eso es necesario trabajar en términos de unidad. Fortalezas sí hay, y también hay debilidades. Nosotros tenemos capacidad razonable de movimiento. Por una parte en Telecomunicaciones y por otra en materia de antenas, tenemos una razonable capacidad de respuesta, al igual que en materia de estructuras. Tenemos algunas debilidades que iremos resolviendo poco a poco. Por ejemplo necesitamos desarrollar capacidad en cuestión de estabilidad y apuntamiento de vehículos espaciales”.

Para ello, según el ingeniero Viñals, organizador en conjunto con la Embajada de la Federación Rusa en México de la primera Semana de la Cosmonaútica celebrada en el país el pasado abril, la colaboración con otras naciones es fundamental:

“La intención de este tipo de eventos es que podamos conocer mutuamente lo que se está haciendo y eso sea un elemento base para hacer propuestas y convenios. En el caso concreto del IPN, la intención es que podamos establecer un convenio de apoyo para la construcción de todo aquello que tiene que ver con una Maestría en Ciencias de Ingeniería Aeroespacial. Lo primero que tenemos que hacer es ubicar esto en el contexto de la relación de país a país. Habría que actualizar el convenio México-Rusia, porque el actual no está vigente. La colaboración y la formación de RRHH, es algo en lo que coincidimos en declaraciones y en planteamientos con nuestros colegas rusos, porque este tipo de cosas, no pueden ser hechas solas por una nación o por una institución. Tiene que haber colaboración”.

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