Abjasia, república prorrusa en la costa del Mar Negro

La semana pasada dimitió el primer ministro. A pesar de la crisis política, este pequeño estado necesita el apoyo del país eslavo. Fuente: Mijaíl Mokrushin / Ria Novosti

La semana pasada dimitió el primer ministro. A pesar de la crisis política, este pequeño estado necesita el apoyo del país eslavo. Fuente: Mijaíl Mokrushin / Ria Novosti

La república, independizada de Georgia, apenas goza de reconocimiento internacional. La semana pasada dimitió el primer ministro Alexander Ankvad tras tres años en el poder. Rusia, que se considera garante de la paz de esta república y aporta tres cuartas partes del presupuesto, siguió de cerca los acontecimientos, con la llegada del asesor presidencial Vladislav Surkov.

La crisis en la república del Mar Negro cuya soberanía apenar goza de un reconocimiento internacional estalló a principios de la semana pasada. El Consejo de Coordinación, creado hace un año como signo de unión e integrado por once líderes de diferentes partidos y movimientos, anunció una reunión nacional.

Abjasia es un territorio ubicado en el este del Mar Negro. En 1992 declaró de manera unilateral su independencia de Georgia. Hubo combates entre las tropas de ambos países. En 2008, tras la guerra ruso-georgiana, Rusia reconoció su soberanía así como la de Osetia del Sur. Le siguieron Nicaragua y Venezuela.

Esta tradición democrática data de tiempos remotos: en Abjasia las cuestiones más importantes se suelen decidir en una reunión en que participen el máximo de personas. Precisamente en esa reunión fue formulada oficinalmente una exigencia: la dimisión de Alexander Ankvab, que ha estado a la cabeza de la presidencia de la república menos de tres años de los cinco asignados por la constitución de la república.

Quien pensara que la oposición iba a obtener un éxito fácil es que no conoce en absoluto a Ankvab. Líder severo donde los haya, vivió la guerra de Abjasia contra Georgia y ha salido ileso en seis atentados en tiempos de paz contra su persona, por lo que se ganó el apodo de “hombre de hierro”… En resumen, no es ese tipo de persona que va a remolque de los demás.

Al principio, Ankvab reaccionó fiel a su estilo: interrumpió las negociaciones con sus oponentes y abandonó Sujumi en cuanto los miembros de la oposición emprendieron el asalto a la casa del gobierno. En una intervención televisada unas horas después afirmó que lo que estaba ocurriendo no era sino un intento de sublevación y aconsejó a la oposición que volviera a ajustarse al marco jurídico.

Fue entonces cuando intervino Moscú. Rusia, que es uno de los estados que ha reconocido la soberanía de Abjasia, que se declara garante de la paz y de la seguridad de esta república y que aporta hasta tres cuartas partes del presupuesto, simplemente no podía quedarse de brazos cruzados.

Además, en este momento presta una especial atención a lo que sucede cerca de sus fronteras debido a la crisis en Ucrania. Para ayudar a resolver la situación se desplazó hasta allí el asesor presidencial ruso, Vladislav Surkov. Su visita fue acogida con satisfacción en Sujumi. En el momento en que llegó Surkov la situación había desembocado en un callejón sin salida: las partes se negaban a mantener negociaciones, la tensión había escalado y los numerosos partidarios del presidente Ankvab se 'atrincheraron' ante la peligrosa proximidad de la reunión nacional.

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A Surkov no le quedó más remedio que desplazarse entre Sujumi, donde se encontraban los líderes de la oposición, y Gudauta, adonde se había trasladado el presidente. La diplomacia itinerante del funcionario ruso contribuyó a la resolución pacífica del conflicto: el domingo Ankvab de Hierro presentó su dimisión.

El politólogo abjasio Inal Jashig opina que Vladislav Surkov optó por una línea pragmática. La misión principal del representante del Kremlin consistía en comprender qué fuerzas exteriores podían dirigir o apoyar los procesos en Abjasia y si, en general, las había. “De éstas no hay”, añade Jashig. “Toda la élite política de Abjasia está orientada hacia Moscú. En un contexto en el que el destino de Abjasia depende en sumo grado de Rusia, comenzando por la seguridad y acabando con la ayuda financiera, no podía ser de otra manera. En Abjasia no hay prooccidentales, proamericanos, ni otras alternativas a los prorrusos”.

Tras convencerse de que la élite política de la república era más que leal a Moscú, Surkov entendió que no valía la pena apoyar a Ankvab, cuya influencia cae en picado. Sea quien sea su sustituto, la orientación prorrusa de Abjasia no cambiará.

No cumplió con las expectativas

La historia del tercer presidente de Abjasia demuestra de nuevo que del reconocimiento público al rechazo hay un paso. Político valiente y de principios, buen dirigente de las fuerzas de seguridad, se reveló como un mal gestor. Sus opositores lo culpan de que tras más de dos años presidiendo el gobierno, la república padece una dependencia financiera absoluta de Rusia, y que, además, los recursos proporcionados por Rusia para levantar la economía del país se han despilfarrado sin criterio.

El politólogo Inal Jashig señala, además, otro problema que no consiguió resolver Alexander Ankvab. “En su presidencia faltó noción de Estado. Con el primer presidente, Vladislav Ardzinba, Abjasia ganó la guerra de la independencia a Georgia. Con el segundo, Serguéi Bagapsh, la soberanía de la república fue reconocida por Rusia y otros países. La crisis empezó hace tiempo y ahora ha llegado el desenlace. Es un rasgo singular de Abjasia, aquí durante años puede que no cambie nada, pero en pocos días todo se pone patas arriba”, indica Jashig.

A finales de agosto, Abjasia elegirá a su cuarto presidente. Mientras tanto ningún político ha manifestado su voluntad de ostentar la presidencia de la república. Pero, a juzgar por la actividad que se desplegó en los días de la destitución de Alexander Ankvab, cabe suponer que los principales candidatos para ganar las presidenciales pueden ser el vicepresidente Raúl Jadzhimba y el ex primer ministro Serguéi Shamba.

Entre las tareas de quien gane estarán reformar las instituciones, redistribuir las competencias entre los sectores del poder para una gestión eficaz del país y la aplicación de reformas económicas efectivas. Abjasia no debería hallarse en una situación de dependencia financiera total de Rusia. 

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