La guerra llega a Donetsk

Los habitantes de la ciudad dicen que han escuchado disparos en el distrito de Leninski, Kalininski y Kirovski Krasnogvardeiski. Fuente: ITAR-TASS

Los habitantes de la ciudad dicen que han escuchado disparos en el distrito de Leninski, Kalininski y Kirovski Krasnogvardeiski. Fuente: ITAR-TASS

Tras los combates de la noche del lunes al martes por el aeropuerto de Donetsk, la situación en la ciudad sigue siendo alarmante. Debido a la ley marcial, a los habitantes se les ha recomendado no salir de sus casas excepto en casos de extrema necesidad. La gente debate la aproximación del frente a sus casas.

Existe la opinión de que tras los últimos acontecimientos se esconde el gobierno de Kiev, y de que antes de su investidura, el presidente electo de Ucrania intenta finalizar la operación de represión.

En Donetsk ya se han desvanecido las esperanzas de que con la llegada de Poroshenko vendría la paz. Y ahora en el sureste de Ucrania acusan al presidente de seguir con el derramamiento de sangre y aseguran que la continuación de la operación represiva en la zona ha sido ordenada por el propio Poroshenko.

- ¿Me llevas al aeropuerto? – propongo a un taxista que escucha la radio y bebe a sorbos un café en un vaso de plástico.

Tras una serie de ataques aéreos y fuego cruzado, el gobierno de Kiev anunció que había tomado el aeropuerto de Donetsk. Alexander Borodai, primer ministro de la república popular de Donestk declaró que habían muerto 100 personas en los choques, tanto milicianos como civiles.

Al oír mi propuesta casi se atraganta.

- ¿Ahora? – Pregunta, arqueando las cejas.

- Sobre el precio podemos ponernos de acuerdo.

- No, - responde entre dientes. – No nos dejarán pasar. Todos los coches allí dan la vuelta. Y además estoy ocupado.

El taxi vacío se aleja rápidamente.

En el aeropuerto se encuentran los periodistas que pensaban salir de la región pero que quedaron atrapados debido a los combates. Nadie más ha conseguido entrar. Contra un grupo de corresponsales extranjeros que intentaron pasar a la zona de los combates abrió fuego no se sabe quién. Al parecer ninguno de ellos resultó herido.

Una periodista local del centro de prensa de la República Popular de Donetsk tuvo menos suerte: hubo una explosión y se encuentra herida de gravedad.

Según las milicias, durante los combates por el aeropuerto fueron derribados dos helicópteros. Uno de ellos al principio del enfrentamiento.

- Estaba siendo demasiado arrogante, quería ser un kamikaze, pues eso es lo que ha tenido, - comenta un activista de la República Popular de Donetsk.

No hay más detalles.

- Abrieron fuego contra un camión con heridos, - recuerda amargamente un miliciano amotinado en unas barricadas junto a un edificio administrativo de la región. De allí salen todas las noticias, tanto las oficiales como las extraoficiales.

En la zona de la estación de ferrocarriles oigo un par de pasos lejanos. La gente intenta caminar cerca de las paredes de los edificios por si acaso.

Cuando llego a la estación queda claro que no ha sido atacada, sólo la han tiroteado.

En el primer piso algo se está quemando. Del asfalto han retirado un cuerpo y quedan restos de sangre.

La gente discute alrededor.

- Fueron francotiradores los que dispararon.

- No, dispararon desde un helicóptero.

- Fueron francotiradores...

No hay una sola opinión.

Intento averiguar quién ha muerto.

Viacheslav Ponomariov, alcalde de Slaviansk reconoció hoy que los cuatro observadores de la OSCE desaparecidos desde el pasado martes están en manos de los milicianos. La misión especial de observación de la OSCE en Ucrania, en marcha desde el pasado mes de marzo, cuenta actualmente con unas 280 personas, entre ellas unos 200 observadores civiles de 41 países.

- Han matado a una mujer. Pero no se sabe por qué la atacaron, le destrozaron la cabeza y el cuello. Otro joven ha muerto. Y una bala ha alcanzado a un niño, está herido, aunque parece que no es muy grave. Y en la estación ha habido una explosión.

Los habitantes de la ciudad aseguran que se han oído disparos en los distritos Kalíninski, Léninski, Kírovski y Krasnogvardeiski.

En la calle Artiom, la calle central de Donetsk, la pasada noche se vio a hombres armados con cascos y uniformes de camuflaje sin signos distintivos.

- Está claro que no forman parte de las milicias sublevadas, - aseguran los ciudadanos.

Sin embargo, el grupo desconocido tampoco parecía pertenecer a los militares ucranianos.

- Eran unos provocadores, - me dice con gesto sombrío un combatiente prorruso. – Esta noche han recorrido la ciudad unos hombres asustando a los ciudadanos y haciéndoles creer que el ejército ucraniano ha entrado en la ciudad.

La mañana del martes en Donetsk no se vio a ningún soldado ucraniano. Sin embargo, los rumores se extendieron como la pólvora.

- Han bombardeado tres centros culturales, - comentan unos transeúntes. – Han estado ardiendo toda la noche.

Frente al estadio deportivo incendiado Druzhba hay un enorme concesionario de coches cerrado y completamente vacío. Al otro lado de la ventana de cristal no se ve ningún coche. Otra señal característica de unos tiempos turbulentos.

Desde el estadio Druzhba me dirijo al hospital Kalinin. En él, a la entrada de la morgue se encuentra un camión refrigerador. Cerrado. Dicen que contiene los cuerpos de los fallecidos durante los combates del lunes.

El número de muertos entre los militares prorrusos oscila entre las 30 y las 40 personas. No se sabe cuántos de ellos hay en realidad.

Muchas tiendas están cerradas, pero el transporte público funciona sin interrupciones. Subo a propósito al trolebús y recorro todas las paradas de la línea. Se puede circular por Donetsk sin problemas, pero salir de la ciudad es más complicado: las salidas están cerradas, la policía hace dar la vuelta a todos los medios de transporte en casi todas las direcciones.

Entro en el mercado. Los vendedores, como si no hubiera pasado nada, colocan sus productos en los puestos. Allí en el mercado se ha instalado un puesto totalmente distinto.

- Recogida de ayuda humanitaria para los habitantes de los distritos ocupados de Donbass, - se informa desde allí. – Se aceptan objetos y alimentos.

En el puesto hay un chico joven de pelo corto. En las manos sostiene un megáfono. Bajo el brazo una funda con una pistola.

Al puesto se acerca un hombre mayor. Se interesa por el tipo de alimentos que hacen falta.

- Los que no caduquen pronto, - responde brevemente el chico del puesto.

- ¿Y la gente trae muchas cosas? – pregunto yo.

- Sí.

Voy en busca de noticias a los campamentos y las barricadas de los soldados de la República Popular de Donetsk. Según estos, en la ciudad todo está tranquilo y el aeropuerto donde han tenido lugar los combates se encuentra bajo su control.

- Y si de pronto vienen y nos expulsan, volveremos de nuevo, - añade con confianza un hombre con una ametralladora y un chaleco antibalas.

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossíyskaya Gazeta.