El latinoamericano que preparó la ceremonia de clausura de Sochi 2014

Hugo Gargiulo, escenógrafo y coreógrafo uruguayo, contribuyó a la escenificación de la ceremonia de clausura de los Juegos de Sochi 2014.

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La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno 2014 de la ciudad rusa de Sochi fue un gran homenaje a la cultura de esa nación. Nombres de artistas rusos pero universales como Tolstói, Dostoievski, Chagall, Gógol, Chéjov, Kandinski, Rajmáninov, Chaikovski, Prokófiev y el ballet del Bolshói, entre otros símbolos de la cultura rusa, estuvieron presentes a través de la imagen, la música, la danza y la iluminación, en un espectáculo vigoroso que se desarrolló sobre un escenario mágico que se adaptó de mil maneras a cada contexto. 

Sochi es la zona más calurosa de Rusia, una ciudad ubicada sobre el Mar Negro. Hay palmeras y tiene una vegetación mediterránea, pero en la zona montañosa donde se desarrollaban buena parte de las pruebas, a una hora de auto de Sochi, hacía frío. De todos modos acopiaron nieve de otros años para tener reservas.

Para captar la magnitud de este espectáculo, algunas cifras pueden pintar el tamaño de lo que sucedió en el estadio Fisht Olympic Stadium el pasado 23 de febrero. La duración de la ceremonia de clausura fue de 2 horas y 30 minutos.

En ese lapso hubo más de 25.000 voluntarios en acción, con un vestuario de 6.000 trajes y más de 45.000 elementos escénicos y accesorios (entre ellos 120 proyectores generando imágenes gigantescas), todo esto desplegado dentro de un estadio con capacidad para 40.000 personas sentadas. Y detrás de ese despliegue de trabajo, fuerza escénica y talento estuvo la creatividad y la sensibilidad del escenógrafo y coreógrafo uruguayo Hugo Gargiulo.

Gargiulo, quien se vinculó con Daniele Finzi Pasca en 1994, cuando el suizo llegó por primera vez a Montevideo, y con el que trabaja desde 1996, es uno de los fundadores e integrantes esenciales de la compañía Finzi Pasca, de tanta presencia en escenarios uruguayos a través de obras de enorme calidad técnica como Rain, Ícaro y el año pasado La veritá.

En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Sochi hubo un problema técnico con la apertura de uno de los anillos olímpicos. Era una secuencia donde cinco copos de nieve volaban hasta formar los clásicos anillos, pero uno de ellos no pudo abrirse. Esto generó frustración entre los organizadores. Para la ceremonia de clausura se quiso cerrar ese episodio y se jugó con la eventualidad de que uno de los anillos no se abriera, pero lo logró, para satisfacción de todos.

La elección de la compañía Finzi Pasca para la ceremonia de clausura no fue casual. Por un lado estaba el antecedente del trabajo que ya habían hecho en 2006 con los Juegos de Turín, pero además con Rusia la compañía suiza había tenido otras oportunidades de estrechar vínculos.

Por ejemplo, la creación del espectáculo Donka, en 2010, con el fin de festejar los 150 años de nacimiento del escritor Antón Chéjov. La compañía había estado antes en Rusia con otros espectáculos, pero ese fue un encargo especial al ocuparse de un tema muy caro a los rusos por parte del director del Festival Chéjov.

La compañía no acostumbra a realizar espectáculos por pedidos de otros, sino que son de su propia creación, pero en ese caso aceptaron y así generaron un vínculo fuerte. Los primeros contactos para organizar la ceremonia de clausura de los Juegos de Sochi se realizaron en 2012 y tuvieron que ver con la construcción del estadio principal.

“Cuando se construye un estadio que va albergar una ceremonia de estas dimensiones, las decisiones arquitectónicas son muy importantes. Es fundamental saber qué tipo de posibilidades va a ofrecerel estadio”, dice Hugo Gargiulo.

En este caso quisieron hacer algo realmente grande. Sin dudas, el estadio Fisht es el espacio cerrado más grande que existe en el mundo. Es un estadio de 200 metros de largo por 70 de ancho, cerrado. Una de las ideas que Daniele Finzi Pasca aportó, que ya había utilizado en un espectáculo del Cirque du Soleil, es un sistema de rieles que permite hacer volar objetos y personas. Un movimiento aéreo en lugares donde esto no es muy factible.

“El vuelo de alguna manera ha marcado a las Juegos Olímpicos. En Los Ángeles en 1984, un hombre bajó a la cancha con un propulsor. En Turín 2006 se colocó una máquina de viento a mitad de la cancha y los bailarines volaron sin cables. Esa fue una imagen muy fuerte también”, anota Gargiulo. 

Tiempo y espacio

La estructura de una ceremonia está bastante pautada por los momentos protocolares. Desde el inicio hasta la entrada de los atletas y la bandera, los discursos y las despedidas. En medio de estas partes, se insertan los episodios artísticos.

Antes, las ceremonias eran muy sencillas, pero, a medida que la televisión comenzó sus trasmisiones, la sección artística fue ganando mucho terreno hasta transformarse hoy en la vedete de una apertura o una clausura de un evento como los Juegos Olímpicos, sean estos de invierno o de verano.

La idea de Finzi Pasca fue un homenaje a la cultura rusa, que luego Gargiulo tradujo en su concreción sobre el escenario. Fueron cinco cuadros que se montaron y se desmontaron en una continuidad narrativa y plástica. “Creamos una sucesión de escenas que resaltaron el valor de la pintura, la literatura, la música, el ballet y la tradición simbólica rusa”, dijo el escenógrafo.

El inicio fue monumental, con un bosque formado por cientos de columnas de LED que colgaban del techo y bajo el cual se desarrollaron el resto de las escenas. Luego llegaron los peces del Mar Negro y la aparición de los niños Yuri y Valentina en un barco a velas volador que atravesó el espacio. Las escenas de homenaje a la pintura de Chagall tuvieron violinistas, novias, payasos y acróbatas.

Un piano afloró desde el suelo con el pianista Denís Matsúev tocando un concierto de Rajmáninov, que dio como resultado la expansión de otros 62 pianos que atomizaron la escena en homenaje a la música.
Después llegaron los escritores, con actores representándolos en sus escritorios y un hermoso efecto con aire para que formaran unos torbellinos simbolizando la expansión por el mundo de sus obras. La última escena le correspondió al circo ruso, que culminó en un gran final cuando se izó una carpa circense gigante. En la última coreografía entró un rompehielos que formó las palabras Juntos y Paz.

El show se cerró con el oso mascota de los juegos soplando para apagar la llama olímpica con gesto triste, pero luego, cuando se anuncia la sede de los próximos juegos, termina sonriendo.

Gargiulo, que participó en buena parte de la creación de esta compleja y barroca ceremonia, vio el evento desde el control room del estadio Fisht. Allí aparte de los directores y los escenógrafos están los departamentos de luces, audio, video y proyección, todos coordinados. Cada elemento técnico está por supuesto computarizado, pero el ensamble humano es básico para el éxito del espectáculo.

“Alguien fundamental es el stage manager, quien da cada uno de los pies para que el show fluya. Para tener un barco gigante volando sobre el escenario hay que calcular el tiempo y el espacio, más el resto de los bailarines y elementos que se encuentran en acción dentro de la escena”, explicó Gargiulo.

Cada participante está conectado vía audio con el stage manager, que se transforma así en un maestro de ceremonias en las sombras.

El espectáculo cuida un aspecto fundamental, que es la transmisión televisiva. Las cámaras llegaron al final de los ensayos, en los últimos cuatro días. Se trató de guiarlas para darles las mejores opciones de rodaje. Este estuvo a cargo de la empresa OBS (Olympic Broadcasting Services), quien filma desde hace varias ediciones todos los Juegos Olímpicos.

“Vivo en Suiza y he trabajado en Canadá. Estoy acostumbrado al frío. Pero el problema fueron los ensayos en Moscú, con horas y horas ensayando a cinco grados Celsius bajo cero. Cuando llegamos a Sochi estábamos todos con resfríos y bronquitis. Pero valió la pena tanto esfuerzo. En Sochi hicimos una ceremonia para romper el hielo, para romper las barreras”, concluye Gargiulo.