En busca de soluciones a la crisis en Ucrania

Expertos rusos analizan la situación de cara a la reunión en Ginebra. Fuente: AP

Expertos rusos analizan la situación de cara a la reunión en Ginebra. Fuente: AP

Parece que “reducción de las hostilidades” es, hoy en día, la palabra más utilizada en política internacional, pero también la realidad más difícil de lograr. Aparentemente, tiene diferentes significados para los diferentes implicados en la crisis ucraniana. Según los expertos, los posibles escenarios dependen de la interpretación de qué significa realmente “reducción de las hostilidades”.

Occidente quiere que se reduzca lo que considera el apoyo ruso a los disturbios en las partes mayoritariamente rusas y rusófonas en el este de Ucrania.

Para Rusia, estos disturbios son una reacción popular a la escalada del nacionalismo y la retórica antirrusa en Kiev, que está comenzando a trasladarla a la supresión violenta de lo que Moscú juzga derechos legítimos de la población local. Por tanto, esta reducción de las hostilidades, como explicó el presidente Putin en una conferencia telefónica con la canciller Merkel, significa mantener conversaciones para que la situación vuelva a ser de cooperación pacífica.

Pero Kiev está atrapada entre demasiadas influencias multilaterales, dice Vladímir Zharijin, subdirector del Instituto para la Comunidad de Estados Independientes. “Si las decisiones las tomasen solo el presidente en funciones Turchínov y el primer ministro en funciones Yartseniuk, sería mucho más fácil ofrecer posibles escenarios para desarrollos futuros. Pero están sometidos a presión desde Whasington, Bruselas, Moscú e incluso Maidán. No es fácil dar pasos hacia ninguna dirección en tales circunstancias.”

Ahora mismo, la tendencia parece ser suprimir los disturbios en el este, opina Vladímir Zharijin. Pero esto solo los soterrará; y si se produce derramamiento de sangre, Rusia no tendrá otra opción que intervenir.

Esto sería un escenario “improbable”, según Steven Eke, analista principal en Control Risks, una consultora líder en el ámbito de la seguridad internacional. Una invasión rusa a gran escala de la Ucrania oriental resultaría, en su opinión, en un conflicto civil que desgarraría el país y probablemente necesitaría de la intervención internacional para resolverse.

Sin embargo, Dmitri Trenin, director de la sede moscovita de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional cree que “en estos momentos Rusia no debe y probablemente no tiene intenciones de mover sus fuerzas armadas al sureste de Ucrania”. Moscú, explica “pone a Kiev en una desagradable disyuntiva: usar la fuerza y probablemente precipitar la desintegración del país u observar pasivamente la proliferación de repúblicas populares autodeclaradas y perder control de la zona sureste.”

Esto preocupa a Occidente, aunque sin duda menos que a Kiev. “De facto, Ucrania y Occidente han cedido Crimea a Rusia” escribe Judy Dempsey, editora jefe de la publicación Strategic Europe. “Habiendo renunciado a Crimea, Occidente debe encontrar medios de defender el resto de Ucrania.”

Vladímir Zharijin intuye que las autoridades de Kiev “están cruzando el Rubicón entre la negociación y la fuerza bajo presiones de Occidente y Maidán, ya que entienden los peligros y la futilidad de esta acción”. Por tanto, explica que ahora mismo estamos asistiendo más a demostraciones de fuerza que al empleo de la fuerza.

Probablemente estas demostraciones de fuerza son una estratagema para desbaratar las conversaciones de Ginebra que tienen lugar hoy mismo entre Rusia, EE UU, la UE y Ucrania, dice Zharijin; el experto no está seguro de que el resultado de esta conferencia convenga a Kiev.

Las expectativas son, según John Lough, investigador del Programa para Rusia y Eurasia de Chatham House, que “en la conferencia de Ginebra, Rusia probablemente trate de presionar hacia una hoja de ruta rápida para una reforma constitucional, argumentando que no hay alternativa, visto el caos en el que están sumidas las regiones orientales. Pero el Gobierno de Kiev y los países occidentales podrían no estar de acuerdo con las propuestas de Moscú”.

El EU Observer informa de que la Comisión Europea casi ha completado el trabajo en lo que llaman las sanciones “nivel tres”, encaminadas a dañar los sectores energético, financiero y armamentístico de Rusia. El ex primer ministro francés Laurent Fabius dijo que los los líderes europeos podrían convocar una cumbre para la semana que viene con el objetivo de implementar las medidas necesarias si fallasen las conversaciones de Ginebra.

Sin embargo, Vladímir Zharijin es escéptico sobre las posibilidades de que se produzcan situaciones realmente difíciles. “El actual liderazgo de la UE está desapareciendo”, afirma. Además, el Ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, ha señalado que la UE todavía no ha decidido qué va a ser lo que desencadene la imposición de nuevas sanciones. “La situación puede desarrollarse de muchos modos distintos, por lo que estos desencadenantes todavía no están estipulados de forma detallada”, declaró a la prensa.  

Perspectivas poco halagüeñas

Dmitri Trenin, del Centro Carnegie de Moscú, cree que aún hay oportunidades de prevenir una compleja guerra civil entre múltiples bandos. Esta oportunidad solo puede ser aprovechada si todas las partes, dentro y fuera de Ucrania, asumen sus responsabilidades.

Los EE UU, la UE, los rusos y los ucranianos necesitan debatir conjuntamente medidas económicas urgentes en finanzas, energía y comercio, dentro de un marco constitucional que establecería un equilibrio entre Ucrania y sus relaciones y socios internacionales. Si no se llega a un acuerdo a este respecto, Ucrania fracasará como país o se convertirá en un campo de batalla de nuevos enfrentamientos.

Según Steven Eke, de Control Risks, el escenario más probable es que Ucrania siga siendo un país inestable a largo plazo, con un presidente y un Gobierno prooccidentales y europeístas que saldrán de las urnas el 25 de mayo. Rusia no invadirá el este de Ucrania, pero las relaciones con Moscú serán problemáticas y, en concreto, estarán sujetas a restricciones comerciales y económicas. El crecimiento económico es lento, con una economía lastrada por una gran deuda externa y una inversión extranjera muy pobre. Las divisiones sociales, que incluyen enfrentamientos étnicos, religiosos y lingüísticos, siguen minando la integridad estatal.

Una alternativa plausible sería el ascenso al poder de un Gobierno prorruso, que podría verdaderamente llevar a una mayor estabilidad a largo plazo suprimiendo la causa más inmediata de desestabilización en el este. Sin embargo, esto sería un 'parche' y eliminaría cualquier intento de sanear el ambiente de negocios o de acabar con la corrupción. En este escenario, mucho menos probable, Ucrania mantendría sus vínculos económicos con Rusia, además de preservar la parte más viable de sus relaciones económicas con la UE.

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