Rusia en el espacio postsoviético: los casos de Moldavia y Bielorrusia

El presindente ruso Vladímir Putin (a la izquierda) junto con su homólogo bielorruso Aleksandr Lukashenko. Fuente: Reuters

El presindente ruso Vladímir Putin (a la izquierda) junto con su homólogo bielorruso Aleksandr Lukashenko. Fuente: Reuters

La crisis en Ucrania, que ha llevado a la salida de Crimea del estado ucraniano y a su entrada en la Federación Rusa, aunque también a una desestabilización con resultados difícilmente predecibles en las regiones orientales, suscita una pregunta: ¿dónde puede desarrollarse la siguiente confrontación entre las ideas de la integración euroasiática, inspirada por Rusia, y las otras, promovidas por Occidente? RBTH ha preparado para sus lectores una descripción de las relaciones entre Rusia y las repúblicas de la antigua Unión Soviética.

Moldavia

Moldavia se dispone a repetir el guión ucraniano. La República está preparada para firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea este verano. Las autoridades prooccidentales del país seguramente apuntan a esto, si no se toma en consideración la división efectiva de la población, cerca de la mitad de la cual ve su futuro en estrecha integración con Rusia.

En torno a Rusia no sólo gravita la República independiente de Transdniéster, prorrusa de facto, sino también la república autónoma de Gagauzia, además de algunas ciudades y regiones con población rusófona. 

Según los expertos, sin la pérdida de Chisináu, no habría habido afirmación de los europeístas. Además de las autoridades, no estaría de más acordarse de las decenas de miles de ciudadanos moldavos que inmigraron por motivos laborales a Rusia. Sin embargo, parece que el actual gobierno prooccidental del país está dispuesto a todo con tal de “entrar a codazos” en Europa. 

Las autoridades prooccidentales se oponen al Partido de los Comunistas. En otoño se celebrarán en Moldavia elecciones parlamentarias que, según los resultados de la mayor parte de los sondeos, deberían ganar los comunistas. Pero en otoño ¿no será ya tarde para corregir la línea de la política exterior? Por eso, es lógico suponer que el Partido Comunista movilizará a los partidarios de la línea euroasiática hasta la firma del acuerdo con la Unión Europea. 

Parece que las autoridades entienden qué asunto tienen entre manos y se han asegurado el apoyo de la fraterna Rumanía, que, en caso de agitaciones en Moldavia, ha decidido enviar a su propia gendarmería. En este caso, es poco probable que Rusia permanezca indiferente. Entre los métodos de la “fuerza suave” es ya oficial el embargo sobre la producción moldava aprobado por Moscú, que en Europa, digámoslo así, no está bien visto y quizá se llegue a ejercer presión sobre los inmigrantes laborales, dependiendo de cómo empiecen a desarrollarse los acontecimientos. 

Bielorrusia 

El presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, no esconde su preocupación con respecto a los acontecimientos en Ucrania. Ha hecho una serie de declaraciones contradictorias, algunas mostrándose completamente de acuerdo con Rusia y otras en las que reconoce la unidad del estado ucraniano. En estas contradicciones se reflejan los temores del propio Lukashenko. 

Por una parte, se muestra completamente a favor del proyecto de integración con la Unión Euroasiática, pero, por otro lado, se opone a la más mínima reducción de la soberanía de Bielorrusia a favor de Rusia. 

Lukashenko es contrario a Occidente, pero entiende que el alto riesgo de semejante confrontación podría tener graves consecuencias. Hace unos días anunció la privatización de más de 80 sitios industriales, sobre la que insistió Occidente, como condición esencial para conceder ayuda económica, y también Rusia, para obtener relaciones de socios iguales en el seno de la alianza. 

La decisión de Lukashenko parece estar encaminada a reducir las tensiones ejercidas por ambas partes. Pero un examen más atento de los sitios previstos para su privatización pone de manifiesto el nuevo bluff del presidente bielorruso. A excepción de una o dos empresas, todas las demás no resultan muy rentables.

Entretanto, lo que esperan de él tanto Rusia como Occidente no son maniobras, que resultan bastante molestas, sino pasos prácticos. 

Por lo demás, no cabe esperar que se produzca en un futuro cercano el conflicto de integración mencionado, que podría afectar a Bielorrusia. El sector prooccidental en el país es bastante débil. Débil es también la oposición, que no puede poner al gobierno entre las cuerdas. 

Por el contrario, el sector eurasiático es bastante fuerte. Por lo menos, en comparación con el prooccidental. La elección de Minsk es evidente, a pesar de la 'ligera astucia' de Lukashenko con respecto a Moscú. En el momento en que advierta cualquier amenaza de Occidente, fortalecerá su unión con Rusia. Y la cooperación militar acordada desempeñará un papel significativo. Teniendo en cuenta todos estos factores y también que la economía de Bielorrusia está orientada hacia el mercado interno y el mercado de los países de la Unión Aduanera, la influencia de Rusia en Bielorrusia se puede considerar muy significativa.

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