Qué sucede en la frontera ruso-ucraniana

Militares, refugiados y agentes de aduanas cuentan lo que está sucediendo. Fuente: ITAR-TASS

Militares, refugiados y agentes de aduanas cuentan lo que está sucediendo. Fuente: ITAR-TASS

La región de Rostov acoge la mayor parte de la frontera entre Ucrania y Rusia, con casi 700 km. En las últimas semanas llegaron a la zona tropas adicionales, que posteriormente se trasladaron. Además, también hay numerosas personas que esperan obtener el estatus de refugiado. La crónica descubre qué ocurre en el lado ruso de la frontera.

El 1 de abril, el servicio de prensa del Ministerio de Defensa de Rusia informó de la salida de la región de Rostov de un batallón de la 15ª brigada motorizada, que se había desplazado a esta zona para llevar a cabo ejercicios militares, hacia su base en la región de Samara.

No obstante, aunque el contingente militar de la frontera con Ucrania se ha reducido, la presencia de militares en las regiones fronterizas sigue siendo notable. A las fronteras siguen llegando camiones militares. En Taganrog los habitantes locales cuentan que la víspera del referéndum de Crimea se vio una gran multitud de vehículos militares desplazarse en dirección a Ucrania y hasta ahora no han regresado.

“Por un lado, si se estuviera planeando algo de gran importancia, estos vehículos militares habrían viajado de noche y no por el medio de la ciudad a plena luz del día, - opina el periodista de Taganrog Evgueni Fridman.

Los ejercicios militares continúan. En las inmediaciones de las granjas Kuzminka y Chkálov, a 130 kilómetros de la frontera, se encuentra un polígono militar donde del 11 al 14 de marzo se llevaron a cabo entrenamientos de las tropas aerotransportadas

En ellos participaron 1500 paracaidistas y decenas de unidades de técnica militar. Las carreteras regionales en los accesos al polígono fueron reparadas la víspera de los entrenamientos y el perímetro de las instalaciones sigue bajo la vigilancia de soldados que, en grupos de dos o tres hombres, se calientan al fuego de varias hogueras que encienden en los arcenes de las carreteras.  En el puesto de mando del propio polígono parece haber una gran concentración de técnica militar.

“El acceso a las instalaciones estará prohibido durante varios días”, informa al corresponsal un guardia que le corta el paso en la entrada al polígono militar.

El guardia declara que es un cadete que fue trasladado a la región de Rostov a principios de mayo en estado de alerta.

En el norte de la región las cosas son totalmente diferentes. En Novoshájtinsk, en las cercanías de la frontera no hay ni soldados ni vehículos militares. Desde Novoshájtinsk hacia el norte a lo largo de la frontera y en paralelo a la autopista Don existen carreteras regionales que no siempre se recogen en el mapa. Recientemente han comenzado a ampliarlas en algunos tramos y en la actualidad muchas de ellas están siendo asfaltadas.

En la ciudad de Donetsk (región de Rostov), en el punto de control de Izvárino, me dispongo a cruzar la frontera para llegar a través de Lugansk y Járkov de nuevo a la frontera ruso-ucraniana en las regiones de Bélgorod y Kursk.

“Ahora intentamos no cruzar la frontera con matrículas rusas”, se lamentan los conductores de la estación de autobuses local. “Será mejor que cruce la frontera a pie y llegue hasta Lugansk en microbús”.

Los agentes de aduanas rusos enseguida me advierten de que a los hombres con pasaporte ruso se les permite cruzar la frontera una sola vez.

Sus compañeros ucranianos pasan una hora y media examinando mi caso. Graban el interrogatorio mediante una videocámara: “¿Adónde se dirige? ¿Con qué frecuencia ha viajado a Ucrania en los últimos meses? ¿Cuánto dinero lleva encima? ¿Tiene conocidos en Kiev?”.

No me dejan cruzar la frontera por la siguiente razón: “Imposibilidad de justificar una estancia planificada en territorio ucraniano”. 

Refugiados

Tras volver a Donetsk, en la estación de autobuses descubro que en la ciudad, en las últimas semanas, no se ha tomado ninguna medida de seguridad. Únicamente se han acondicionado algunos hospitales por si en algún momento llegan refugiados de Ucrania.

Pero en el puesto estatal de acogida más cercano a la frontera no hay muchos refugiados. A 20 kilómetros de Taganrog, en la aldea Zolotaya Kosá, los ciudadanos que llegan desde Ucrania llevan ya casi dos semanas en el hospital infantil Romashka, en la costa del mar Azov. En total, en el hospital hay 34 personas, la mayoría de ellas procedentes de las regiones surorientales del país. Cada familia vive en una habitación y se les ofrecen tres comidas al día.

Desde Nikoláiev ha llegado a la región de Rostov una familia compuesta por 14 miembros. El cabeza de familia, que prefiere no dar su nombre, explica por qué han decidido huir de Ucrania.

“Los extremistas saquean nuestros pueblos, dan palizas a los rusos y asaltan armados los autobuses y microbuses”, comenta como si estuviera describiendo unas escenas de lo más cotidiano.

El Ministerio de Trabajo de la región de Rostov, según el refugiado, está buscando a los recién llegados puestos de trabajo, aunque las autoridades locales todavía no les confieren el estatus de refugiados, ni mucho menos la nacionalidad rusa.

Artiom, constructor de profesión, llegó al hospital Romashka con su mujer y sus dos hijos desde la región de Lugansk:

“Allí no tenemos nada que hacer. No hay trabajo, nadie quiere construir nada porque no saben qué pasará mañana. No pude ni siquiera vender mi antiguo coche, nadie gasta dinero ahora”.

Según Artiom, la mayoría de sus compatriotas del hospital Romashka se convirtieron en refugiados debido a las amenazas contra la población rusohablante de Ucrania y a que oyeron en la televisión que solamente cruzando la frontera y declarando que eres refugiado, en Rusia te dan la nacionalidad, una vivienda y una ayuda económica. 

Iliá Barabánov es un conocido periodista ruso, hasta hace poco director de la sección de política del periódico de la oposición “The New Times”. Anteriormente, Barabánov escribía para Gazeta.ru.

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.