Cómo el pasado de Crimea complica su futuro

Tras la reciente incorporación de la península a Rusia, toda la región está en la mira. Fuente: AP

Tras la reciente incorporación de la península a Rusia, toda la región está en la mira. Fuente: AP

La decisión de Rusia de aceptar Crimea y la ciudad de Sebastopol en el país ha desembocado en sanciones por parte de los Estados Unidos y la Unión Europea.

El 20 de marzo, la Duma Estatal (Cámara baja del Parlamento ruso) dio un paso sin precedente en la historia postsoviética con la aprobación de la incorporación de Crimea y la ciudad de Sebastópol a Rusia. Este hecho supuso la culminación de los acontecimientos que se iniciaron en Kiev a fines de febrero, cuando estalló la violencia entre las fuerzas gubernamentales y los manifestantes que se oponían a la decisión del presidente Víctor Yanukovich de rechazar un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE). 

En el transcurso del siguiente mes, Yanukóvich huyó a Rusia, se estableció un nuevo gobierno interino en Kiev, formado por líderes del movimiento opositor, y se llevó a cabo un referéndum en Crimea para separarse de Ucrania y convertirse en parte integrante de la Federación Rusa.

Durante las negociaciones en Londres con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, antes de producirse el referéndum, el canciller ruso, Serguéi Lavrov,dijo que esperaba que Occidente “se diese cuenta de que este es un caso que no puede ser considerado como un hecho aislado en la historia”. Con sus palabras se identificaron muchos rusos que creen en los lazos históricos compartidos que unen la región con Rusia. 

En un principio, el territorio fue parte del Imperio ruso de Catalina la Grande en 1783. Siguió siendo parte de Rusia —a través de la guerra de Crimea, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique y la Segunda Guerra Mundial— hasta 1954, cuando el líder soviético Nikita Jruschov transfirió la península a Ucrania, que se convirtió en una parte autónoma dentro del país cuando cayó la Unión Soviética en 1991.

Según el censo de 2001, los rusos étnicos en Crimea constituyen el 58% de la población y el 77% tienen el ruso como lengua materna. Los datos presentados por el presidente de la comisión creada para el referéndum de Crimea, Mijaíl Mályshev, revelaron que el 96,7% de los votantes crimeos estaban a favor de formar parte de Rusia.

El precio de la incorporación

 La unión con Rusia tendrá un costo económico, además de político. Según diversas fuentes, Crimea puede necesitar una inversión de entre 3 y 5 billones de dólares para cubrir las prestaciones sociales, los gastos de infraestructura y el déficit presupuestario, incluyendo la construcción de un puente a través del estrecho de Kerch, para proporcionar un enlace físico entre Crimea y Rusia. Además, la región necesitará nuevas fuentes de electricidad, agua y combustible.

Según Yekaterina Obujóvskaya, experta del centro de análisis de la opinión pública Obshchestvennaya Duma, unas 200.000 personas trabajan en el sector público de Crimea, y según datos de la agencia estadística ucraniana, en febrero su salario promedio fue de 12.500 rublos (340 dólares). En Rusia, esta cifra es casi tres veces superior —30.000 rublos (800 dólares). Aumentar los salarios al nivel ruso supondrá un gasto de 3,5 billones de rublos por mes, o 42 billones al año (1.400 millones de dólares).

Junto a la inversión social, Rusia tendrá que invertir en infraestructura. Según Alexander Jurudzhi, representante comercial de Rusia en Ucrania, ya se elaboró una lista de proyectos que necesitan participación financiera de Rusia.

Y después, ¿qué?

El acuerdo intergubernamental alcanzado entre Rusia y Crimea, que le permite a esta entrar en la Federación de Rusia, fue firmado el 18 de marzo por Vladimir Putin; el presidente del consejo de Estado de la República de Crimea, Vladimir Konstantínov; el presidente del consejo de ministros de Crimea, Serguéi Axiónov; y el alcalde de Sebastópol, Alexéi Chaly.

Según el acuerdo, habrá un período transitorio hasta el 1° de enero de 2015, durante el cual se resolverán cuestiones que tienen que ver con el crédito económico y financiero y la integración administrativa en Rusia. Mientras, los habitantes de Crimea deberán hacer frente a la escasez, el alza de los precios de los bienes de consumo, de la electricidad y el combustible. 

El 19 de marzo, Ucrania comenzó a retirar sus fuerzas militares de Crimea, en lo que es de hecho la entrega del territorio. Rusia ha permanecido impasible a las sanciones occidentales y a las reacciones de los dos lados. En los próximos días se sabrá si la incorporación de Crimea es el primer paso hacia una nueva Guerra Fría o la corrección de una “flagrante injusticia histórica”, como declaró Putin en un discurso pronunciado ante el Poder Legislativo, el 18 de marzo.

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