Breve cronología de la crisis en Ucrania: del 'Euromaidán' a Crimea

Fuente: Reuters

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Ucrania ha vivido unos meses convulsos desde noviembre. Occidente apoyó la destitución del presidente Víktor Yanukóvich y posteriormente comenzó un proceso que ha desembocado en la anexión de Crimea por parte de Rusia.

El cielo de Moscú, Simferópol y Sebastopol se cubrió de fuegos artificiales el 21 de marzo en un ambiente festivo que celebraba la anexión de dos nuevos sujetos a la Federación de Rusia: la República de Crimea y la Ciudad federada de Sebastopol.

Pocos días antes, el 16 de marzo, se celebró en Crimea un referéndum sobre el estatus de esta autonomía en el que más del 96 % de los electores se posicionaron a favor de la anexión de Crimea a Rusia.

El 18 de marzo, Rusia y Crimea firmaron un acuerdo para la entrada de la república y de Sebastopol en la composición de la Federación de Rusia. El viernes 21 de marzo, el presidente de la Federación de Rusia firmó dos documentos: la ley sobre la ratificación del tratado de Rusia y Crimea y la ley federal constitucional sobre la admisión de Crimea y la formación de dos nuevos sujetos en el conjunto de la Federación de Rusia.

A pesar de que ni la propia Ucrania ni la Unión Europea ni EE UU reconocieron los resultados, la parte rusa considera que la celebración del pasado referéndum sobre el estatus de Crimea se adecuó a todas las normas del derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, y se remite al precedente kosovar.

“No necesitamos una autorización de la OTAN y de la UE para actuar de conformidad con el derecho internacional. El referéndum de Crimea ha sido completamente legítimo. Considero que la Alianza, que se autodenomina club de estados democráticos, debería reconocer este hecho y la elección democrática del pueblo de Crimea”, anunció el representante permanente de la Federación de Rusia en la OTAN, Alexander Grushko, en respuesta a las declaraciones expresadas por el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, en una conferencia internacional celebrada en Bruselas.

Sobre las declaraciones de sus colegas occidentales acerca de la excepcionalidad del caso de Kosovo, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, manifestó lo siguiente: “Estoy convencido de que si Kosovo es un caso excepcional, Crimea no lo es menos”, en referencia a los siglos de historia común entre las dos regiones, así como a la similitud de sus culturas y tradiciones.

“Crimea tiene un significado inconmensurablemente mayor para Rusia que las islas Comoras para Francia o las Malvinas para Gran Bretaña”, declaró el jefe de la misión diplomática rusa. En palabras de Vladímir Putin, Rusia no podía ignorar la petición de ayuda de Crimea, “lo contrario sería una traición”.

Muchos periodistas occidentales han atribuido el récord de asistencia a las urnas de los ciudadanos crimeos “al miedo de estos ante los soldados rusos” y el júbilo popular tras la proclamación de los resultados a “un efecto de la propaganda rusa”.

“Estamos hablando de un referéndum completamente falseado, celebrado literalmente ‘a punta de pistola”, explica en directo la corresponsal en jefe de la CNN Christiane Amanpour. Curiosamente, sus palabras resonaban sobre un fondo de júbilo protagonizado por miles de crimeos ante la reunificación con Rusia.

La crisis política de Ucrania se desató a finales de noviembre de 2013, cuando el gabinete de ministros del país anunció la detención del proceso de integración europea. Se desarrollaron protestas masivas bautizadas como ‘euromaidán’ por todo el territorio de Ucrania y, en enero, estas desembocaron en enfrentamientos entre radicales armados y los órganos de seguridad del Estado. Las luchas callejeras, en el transcurso de las cuales la oposición empleó de forma reiterada armas de fuego y cócteles molotov, dejaron decenas de víctimas.

El 22 de febrero se produjo un golpe de Estado. La Rada Suprema (nombre que recibe el parlamento de Ucrania), incumpliendo los acuerdos alcanzados y firmados ese mismo día por el presidente Víktor Yanúkovich y los líderes de la oposición en presencia de tres ministros de Asuntos Exteriores de la UE, modificó la dirección del parlamento y del Ministerio del Interior y destituyó al jefe de Estado, que se vio obligado a abandonar Ucrania temiendo por su vida.

Tras la celebración del referéndum, EE UU y la Unión Europea decidieron imponer sanciones a una serie de cargos oficiales rusos y ucranianos que consideraban culpables de “vulnerar la integridad territorial de Ucrania”. La lista incluía los nombres de 33 funcionarios. Por otro lado, los sistemas de pago internacionales Visa y MasterCard, dejaron de prestar su servicio de pago a los clientes de cuatro bancos rusos sin previo aviso.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso anunció que utilizar el lenguaje de las sanciones con Rusia es una medida poco oportuna y puede resultar contraproducente. Serguéi Lavrov expresó su esperanza en que Occidente reconozca paulatinamente la ineficacia de la presión sancionatoria.

El viceministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Riabkov, declaró que las sanciones impuestas a políticos rusos reflejan una evidente negación de las circunstancias y un intento de imponer a todos de manera unilateral un enfoque desequilibrado que ignora la realidad. En respuesta a las sanciones de EE UU y la Unión Europea, Rusia también ha impuesto las suyas y ha prohibido la entrada en el país eslavo a una serie de cargos oficiales y miembros del parlamento estadounidense.

Parece ser que Occidente ya ha incluido la crisis de Ucrania en sus crónicas del desarrollo democrático del mundo, asignando con precisión los papeles de buenos y malos. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Occidente ya ha designado a “sus héroes en la crisis de Ucrania: los militantes del Sector de Derechas y el gobierno ilegítimo, integrado en parte por miembros abiertamente fascistas. Ha identificado también a sus culpables: Rusia y el pueblo de Crimea, que han optado por rechazar la lógica del golpe de Estado neonazi. Finalmente, ha designado un buen número de sanciones, que se impondrán con independencia de lo que Rusia haya hecho o dejado de hacer”.