Barcelona toma nota de Sochi

Una delegación catalana viaja a la ciudad rusa con la idea de optar a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. Fuente: Reuters

Una delegación catalana viaja a la ciudad rusa con la idea de optar a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. Fuente: Reuters

¿Verdad que, de entrada, suena raro que Barcelona –ciudad conocida, entre otras cosas, por el sol, la playa y el calor- pueda acoger unos juegos olímpicos de invierno? Y sin embargo, no es tan descabellado, pues las condiciones climáticas y geográficas de la ciudad española no son tan diferentes a las de Sochi, donde efectivamente se están celebrando ahora las Olimpiadas.

Ambas son ciudades costeras. La una se encuentra a orillas del Mediterráneo, mientras que la otra está bañada por el mar Negro. Barcelona tiene una temperatura media en febrero de 10 grados y Sochi algo menos, 6. Raramente ven la nieve en sus calles, aunque no la tienen muy lejos. 

La urbe rusa se encuentra a algo más de 50 kilómetros y a unos tres cuartos de hora de viaje de las montañas de Krásnaya Poliana, donde se están celebrando las pruebas de esquí y las competiciones al aire libre que requieren nieve.

En el caso de Barcelona, la distancia es superior, ya que la capital catalana se encuentra a una hora y media de camino de la zona más oriental del Pirineo, donde existen estaciones como La Molina, Masella o Núria. 

La ciudad española cuenta con la experiencia de haber celebrado los Juegos Olímpicos de verano de 1992 y con algunas infraestructuras de entonces que se podrían aprovechar para grandes acontecimientos (inauguración y clausura), como el estadio olímpico Lluís Companys, o para las competiciones en espacios cerrados: Palau Sant Jordi o velódromo de Horta. 

Así que, con la vista puesta en una posible candidatura olímpica Barcelona-Pirineos para el año 2026, una pequeña delegación catalana ha hecho las maletas y ha volado a Sochi. Se trata del secretario general de deportes de la Generalitat de Catalunya, Ivan Tibau, la teniente de alcalde de deportes del Ayuntamiento de Barcelona, Maite Fandos, y el director de la oficina técnica de la candidatura olímpica, Òscar Grau. 

Dos ubicaciones para una olimpiada 

Ivan Tibau ha explicado a Rusia Hoy que el modelo de Juegos Olímpicos de Barcelona sería similar al de Sochi –también, por cierto, al de Turín- en el sentido de que se estructura sobre una doble ubicación: una gran ciudad que acoge algunos acontecimientos, más otra localización de montaña, donde se hacen sobre todo las pruebas al aire libre. 

Por eso, “es muy importante tomar nota de cómo están comunicadas ambas ubicaciones; cómo se producen los traslados; qué medios de transporte se han habilitado, más allá de ver de cerca las instalaciones: estaciones de esquí, pistas de hielo, hoteles… Todo esto también nos interesa”. 

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, se especifica que la delegación tiene especial interés en las villas olímpicas y de prensa, así como en los centros de prensa, televisión y radio. También se considera básica la visita a algunas instalaciones concretas, como el anillo de velocidad o el circuito deslizante. 

Y obviamente, la visita se aprovecha para hacer contactos con el mundo del olimpismo y seguir de cerca todo lo que se refiere a la organización técnica de los Juegos. 

El coste 

Tibau ha puesto de manifiesto, sin embargo, una diferencia: el coste. Las instalaciones de Sochi, además de estar “muy bien ubicadas” son “fabulosas”, pero se trata de la mayor inversión que se ha hecho jamás en unos Juegos Olímpicos de invierno, ya que “se ha hecho todo nuevo”. 

Es dudoso que la maltrecha economía española pueda afrontar una inversión de este calibre, aunque esto no ha impedido que Madrid haya presentado su candidatura para los Juegos Olímpicos de verano de 2012, 2016 y 2020. 

Desde la precandidatura Barcelona-Pirineos se insiste en que “el día después es fundamental para nosotros. Que las instalaciones se puedan aprovechar cuando se acaben los Juegos”, como ocurrió, por ejemplo, con la Villa Olímpica de Barcelona 92, que se vendió como pisos particulares y se convirtió en un barrio más de la ciudad. “Y es que si algo tenemos es historia”, subraya Tibau. 

La práctica del deporte 

En cuanto a aspectos a mejorar, se encuentra la práctica de los deportes de invierno, donde los rusos ganan a los españoles por goleada. Solo hay que ver la modesta delegación española que ha ido a Sochi, compuesta por 20 deportistas. 

Por eso, el gobierno catalán –“independientemente de si al final se presenta la candidatura a los Juegos Olímpicos”, matizan- prepara un plan estratégico de deportes de invierno para promover “la cultura de la nieve y el hielo” entre la ciudadanía, haciendo especial hincapié en los escolares. 

¿Demasiado calor? 

Otro punto débil, del cual ha adolecido Sochi y podría sufrir Barcelona-Pirineos, es la temperatura y la cantidad de nieve. Las estaciones del Pirineo oriental no pueden garantizar nieve en cantidad y calidad suficiente. Depende de las precipitaciones y la temperatura de cada año. La escasez se podría compensar con nieve artificial, pero el coste sería muy elevado. 

Y, para terminar, no es una cuestión menor preguntarse: ¿Le conviene a Barcelona cambiar su imagen de sol y playa que tantos visitantes atrae? ¿Y Sochi, cómo se está proyectando hacia el mundo?