La cumbre Rusia-UE llega en un momento difícil de las relaciones bilaterales

Fuente: Reuters

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La cumbre Rusia-UE que se celebra hoy en Bruselas tendrá un formato reducido, no tiene un programa fijado y no se planea la firma de ningún documento a su conclusión. Los principales puntos de desacuerdo entre las partes son la situación en Ucrania, la eliminación de los visados (que lleva 10 años sin resolverse) y las demandas por los contratos de suministro de gas.

La 32º cumbre Rusia-UE, que se celebra hoy en Bruselas, tiene posibilidades de convertirse en la más difícil en la historia de las relaciones entre Rusia y sus colegas europeos. Esto se hace evidente de los cambios de fechas y los ajustes en el formato, ya que Bruselas ha propuesto que se acorte la duración del evento de dos días a uno y que se cancele la tradicional cena con el presidente Vladímir Putin.

Finalmente se decidió anular una sesión plenaria con ministerios clave y comisionados de la UE. Lo que queda son las charlas entre Putin y los líderes de la UE, seguidas por un almuerzo de trabajo en el mismo formato y una rueda de prensa.

Otra sorpresa desagradable es que las reuniones y el almuerzo de trabajo se llevarán a cabo sin un programa preestablecido, según ha comentado el consejero de la presidencia rusa para política internacional, Yuri Ushakov. Tampoco se firmará ningún documento al final de la cumbre. Sin embargo, las dos partes pueden sacar cualquier tema para la discusión.

A la pregunta de Gazeta.ru sobre si las relaciones entre Rusia-UE están en punto muerto, Ushakov respondió diplomáticamente que ha llegado el momento de discutir, en un estrecho círculo de participantes y en una atmósfera informal, “dónde estamos y qué preocupaciones tiene cada uno de los participantes en la reunión”.

“Creemos que es hora de tener una discusión franca y detallada sobre un gran número de asuntos, incluyendo nuestra visión conjunta del futuro de las relaciones Rusia-UE. Estamos convencidos de que el potencial de cooperación no está siendo explotado al máximo y de que hay grandes cuestiones por descubrir”.

En su opinión, las partes podrían tratar la situación en Ucrania.  

Aunque no será el único punto difícil que podría tratarse en la cumbre. Ushakov sugirió que los eventos en Kiev deben tomarse en consideración desde el punto de vista de la totalidad del proceso de integración que ahora mismo se está llevando a cabo entre Europa y la antigua URSS. “Ambos modelos de integración, el europeo y el euroasiático, están basados en principios complejos y en las normas de la OMC. Creemos que estos proyectos no son mutuamente excluyentes, sino complementarios”. 

Ucrania no es el único asunto espinoso

Además de la creciente tensión entre las autoridades y la oposición en Ucrania, las relaciones entre Rusia y la UE se han complicado por otros dos asuntos más: conflictos por los contratos de gas y el fracaso de las tentativas para introducir un régimen sin visados entre Rusia y la UE. Hace más de 10 años que se discute sobre esta última cuestión. Rusia ha afirmado en más de una ocasión que ha cumplido todos los términos de la hoja de ruta establecida. Sin embargo, la Unión Europea ha detenido el proceso de apertura de sus fronteras por miedo a un aumento de la inmigración irregular.

“Esos temores no son infundados, ya que Rusia ha abierto sus fronteras en la Unión Aduanera (compuesta por Kazajistán y Bielorrusia) y tiene unos 10 millones de inmigrantes semilegales procedentes de Asia Central trabajando en su territorio, quienes podrían dirigirse hacia Europa”, señala Piotr Travinski, experto de la Escuela de Gestión de Rusia. En su opinión, no es que la UE no quiera cancelar los visados a los rusos, sino que teme que, como resultado, lleguen a Europa gran cantidad de trabajadores procedentes de Tayikistán, Kazajistán, Kirguistán y el Cáucaso Norte.

Sin embargo, el presidente Putin no ha abandonado la esperanza de alcanzar un acuerdo con la UE sobre la libre circulación o, por lo menos, que se suavicen las normas existentes. Como argumento a su favor, aduce que Europa ha introducido ya el régimen de viaje sin visado para muchos países latinoamericanos, donde la situación de seguridad es peor que en Rusia.

Por último, pero no menos importante, existen desacuerdos en la aplicación del llamado Tercer Paquete Energético para la construcción del gasoducto South Stream y en la demanda antimonopolio de la Comisión Europea contra Gazprom.

A finales del pasado año, el Ministerio de Energía ruso recibió una carta oficial de la Comisión Europea pidiendo la revisión de los contratos que se habían firmado con los países de tránsito para la construcción de South Stream. La Comisión mantiene que los acuerdos bilaterales firmados con Austria, Bulgaria, Hungría, Grecia, Eslovenia, Croacia y Serbia violan la normativa de la UE.

No puede haber adelantos en la resolución de este asunto, dice Alexéi Grivach, vicepresidente del Fondo Nacional para la Seguridad Energética. “La Comisión Europea está tratando de cambiar apresuradamente los compromisos a largo plazo adquiridos a raíz de acuerdos bilaterales. Pero la Comisión no está actualmente en una posición desde la que dar directivas, dado que Gazprom es el proveedor de gas más fiable a Europa y está cubriendo las faltas de suministro derivadas de la inestabilidad de los demás proveedores”, explicó Grivach.

Los acuerdos intergubernamentales firmados por los países que participan en el proyecto del South Stream no serán cancelados ni revisados, afirmó el embajador especial de Rusia en la UE, Vladímir Chizhov el viernes. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Gazeta.ru