Vladímir Kúmov, el ruso que viaja de México a Argentina en bicicleta

4 de diciembre de 2013 Román Kiselev, Rusia Hoy
El supervisor del proyecto de promoción del transporte en bicicleta 'Let’s bike it!' ha recorrido ya la mayor parte de su increíble viaje. En una amena charla comparte su experiencia y aventuras en una entrevista en exclusiva para Rusia Hoy

¿Cómo te preparaste para este viaje tan importante?

La idea surgió hace tiempo, unos tres años. Pero como nunca tenía tiempo para ello, comencé a prepararme dos semanas antes de partir. Encontramos las bicicletas, reunimos algo de dinero y nos fuimos. Estuvimos estudiando el mapa de América del Norte y del Sur y contemplando las distintas rutas. Al principio pensamos rodear Ecuador.

Había leído en internet que allí metían a la gente en la cárcel, lanzaban piedras a los turistas, había salvajes aborígenes, etc… Pensamos que sería muy peligroso y finalmente Ecuador me impresionó más que el resto de países.

El proyecto nació en Argentina, durante mis estudios en Buenos Aires (hace cuatro años). En abril de 2010 volví a Moscú y comencé a dedicarme al proyecto, porque en Buenos Aires quedé impresionado por la gran cantidad de carriles para bicicletas, así como por toda la cultura de la bicicleta y el apoyo que ofrece el gobierno.

Después de Argentina, hace dos años viví un par de meses en Guadalajara, México, donde también existe un alto nivel de cultura ciclista. Allí surgió la idea de unir estos dos puntos. 

¿Cómo planeaste el viaje? ¿Llamaste a las embajadas o a instituciones locales? ¿Has recibido apoyo consular?

Con las embajadas rusas no conseguí hablar del proyecto. Por ejemplo, escribimos una carta a la embajada de Rusia en México diciendo que nos habíamos quedado sin banderines y no nos respondieron. Finalmente acudimos directamente al consulado, llamamos a la puerta y nos pasaron los banderines a través de la puerta entreabierta sin decirnos hola ni adiós.

Con las autoridades locales la relación ha sido todo lo contrario. Una semana antes de llegar a una u otra ciudad yo empiezo a escribir correos a distintos ayuntamientos, grupos de Facebook y pregunto por la situación del transporte en bicicleta por la ciudad. Es gratamente sorprendente hasta qué punto son abiertas las instituciones locales, hasta qué punto están dispuestas a ayudar. Es una manera de tratar a la gente totalmente distinta. 

 

Guatemala. Fuente: Vladímir Kúmov

¿La televisión local se ha interesado por vosotros?

En México nos entrevistaron, ya que allí comenzó nuestro viaje. En Argentina me esperan algunos medios de comunicación locales. Y en Colombia me convertí en estrella a nivel nacional, porque me robaron la bicicleta.

¿Cómo ocurrió?

El 29 de mayo por la mañana entré en un cibercafé, amarré mi bicicleta a un poste y cuando salí después de una hora no había ni rastro de ella. Me dirigí inmediatamente a la policía, aunque sabía perfectamente que no me iba a servir de nada. Después escribí una carta pidiendo ayuda en Facebook y en distintos grupos describiendo la situación solicitando que se hiciera difusión del post. Esto sucedió dos días antes de mi cumpleaños.

Dos horas después el post ya se había compartido más de 400 veces, a las tres horas me llamaron del periódico El Tiempo y más tarde del resto de canales de televisión, periódicos y revistas locales. Una semana más tarde se había publicado una gran cantidad de artículos sobre mí y sobre mi historia. Gracias a esto, unas personas que yo no conocía crearon un grupo en Facebook llamado “una bicicleta nueva para Vladímir Kúmov”.

Después comenzaron a llamarme de todos los rincones de Colombia para pedirme disculpas por el robo de mi bicicleta.

El día 1 de junio me desperté y descubrí que el grupo tenía más de 1.500 miembros.

Decidieron organizar una manifestación contra el robo de bicicletas, que es un gran problema en Colombia. Y dos semanas después se llevó a cabo, en ella participaron unas 500 personas bajo el eslogan 'No más robos'. Gracias a esto, la compañía Specialized Colombia me regaló una bicicleta nueva, por lo que les estoy muy agradecido. 

¿Cómo es que te quedaste solo en tu viaje, qué sucedió con tus compañeros?

El viaje lo comencé con un amigo mío, un activo miembro del proyecto 'Let´s bike it!' con el que llegué hasta Panamá, pero entonces tuvo que volver a Rusia por circunstancias familiares.

Escribí en mi blog que estaba buscando un nuevo compañero de viaje. Así conocí a Michael Ratkewitz, con el que llegué hasta Bogotá.

Todo marchaba a la perfección, pero como allí nos demoramos unos dos meses debido al robo de mi bicicleta, Michael no quiso esperar más y decidió volver a Rusia. De ese modo decidí que, por lo visto, mi destino era continuar el viaje yo solo.

Varios días antes de su vuelta a Rusia a él también le robaron la bicicleta, pero en esta ocasión le atacaron con cuchillos. Así fue como aprendimos la frase popular colombiana “dar papaya”, que significa algo así como “dejarse ganar”.

Por cierto, esta frase apareció cuando Rusia entregó al ejército colombiano varios helicópteros de un color naranja brillante que los hacía extremadamente visibles en el cielo para el enemigo. Michael, solo a altas horas de la noche iba con su bicicleta cruzando un puente y “dio papaya”.

Yo seguí mi camino en soledad, algo que en un principio me daba mucho miedo, evidentemente.

En Bogotá todos decían que en Cali roban y matan a la gente, pero cuando llegué allí vi que no era para tanto, ¡es una ciudad genial! Es la capital de la salsa, hace mucho calor y la gente es muy alegre, ¡es una ciudad muy divertida!

Es impresionante la llamada ciclovía en Colombia. Cada domingo, 70 días al año, 120 kilómetros de calles se cierran al tráfico y dos millones de habitantes las recorren en bicicleta.

A continuación me esperaba Ecuador, un país al que tenía mucho miedo por la información que había encontrado en internet. Pero cuando llevaba 100 kilómetros recorriéndolo, comprendí que Ecuador me iba a encantar.

Me gustó mucho el estado del transporte en bicicleta en Quito. Existe una gran cantidad de carriles bici y de ciclistas en las calles de la ciudad. Quedé gratamente sorprendido.

Cuando ya estaba en la frontera con Perú me quedó claro que había escogido la ruta más hermosa e interesante.

Ecuador tiene las mejores carreteras entre ciudades de Latinoamérica. El esplendor de la naturaleza de este país merece que se le dedique un libro entero. Cataratas, volcanes… Sencillamente fascinante.

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¿Entonces Ecuador es el país con las mejores condiciones para el transporte en bicicleta?

No, en ese sentido yo creo que la mejor ciudad es Buenos Aires, y mi opinión la confirman la mayoría de las autoridades con las que he tenido ocasión de hablar.

El país menos desarrollado en este ámbito es, en mi opinión, Perú. No sólo por la ausencia de infraestructuras, sino por el completo caos que existe en las calles. Siempre hay ruido y bullicio, un coche circula por el carril de la izquierda y de pronto atraviesa todos los carriles hacia la derecha sin señalizar… Después de Ecuador, cuando llegué a la primera ciudad de Perú me quedé paralizado. No sabía cómo iba a sobrevivir allí. 

¿Cuál es la ruta más bonita?

De hecho, en cada país hay algo para recordar.

En México es la impresionante costa del Océano Pacífico, en Guatemala el lago de Atitlán entre volcanes, las playas de Nicaragua, Costa Rita y Panamá poseen una naturaleza de increíble belleza. También recuerdo los cinco días que pasamos en el mar navegando desde Panamá hasta Colombia por la Cuenca del Caribe.

En Colombia me fascinaron sus montañas, Ecuador tiene una avenida de volcanes de 200 kilómetros de largo, cataratas… En Perú recuerdo el desierto.  Tiene unas vistas realmente hermosas, aunque sólo los primeros 10 minutos. Cuando llevas 2.000 kilómetros comienzas a volverte loco. Arena y más arena… Es muy duro.

¡Es muy bonita la parte montañosa de Perú! Machu Picchu me gustó mucho. Aunque el viaje a Machu Picchu me salió caro. Tanto llegar como entrar cuesta dinero, y ahora tengo grandes problemas de presupuesto. 

¿Quién patrocina el viaje? ¿El gobierno te ayuda de alguna manera?

 Tengo un único sponsor, la marca que me facilitó la ropa, Berghaus. Me protege realmente del frío, por lo que estoy muy contento, claro.

También tenía un sponsor para las bicicletas. Pero cuando mi compañero se fue vendimos una y la otra me la robaron. La mayor parte del dinero son ahorros personales que se me acabaron cinco meses después del comienzo del viaje. En verano trabajé, a veces me ayudan algunos seguidores del blog, no mucho, aunque es una ayuda que me alegra mucho. Es muy agradable que la gente se preocupe por ti, de verdad que es muy agradable y lo agradezco.

En este momento tengo dinero únicamente para recorrer Bolivia, y no me hago una idea de lo que pasará después, pero creo en la fuerza del universo y espero que aparezcan oportunidades. He escrito a distintas compañías, pero por ahora no hay resultados. Por esta razón, si hay alguien que desee ayudar de cualquier manera para mi ruta Jujuy-Salta-Córdoba-Rosario, pueden contactar conmigo a través de mi página en Facebook. 

¿Dónde te han recibido mejor?

En cada país he encontrado a gente que me ha recibido muy cálidamente y me ha ayudado.  

Cuéntanos las anécdotas más delicadas que te ha tocado vivir por el camino.

En El Salvador, un país del que teníamos también mucho miedo, uno de cada dos habitantes posee un arma, además del hecho de que el país acaba de pasar por una guerra civil, en una ocasión estábamos intentando encontrar un sitio donde pasar la noche. En general, durante todo el viaje siempre intento encontrar alojamiento antes de que llegue la noche.

Hacia las nueve de la noche llegamos a una pequeña ciudad en la que teníamos que encontrar hotel. En esta ciudad no había ninguno. Pregunté a la gente del local preguntándome si no nos iban a matar. Nos aconsejaron un motel. Encontramos este motel y comenzamos a llamar a las puertas de metal. Estas se entreabrieron y se asomó una chica con una escopeta que nos preguntó qué queríamos. Intentamos explicarle tranquilamente que necesitábamos un sitio donde pasar la noche y ella nos hizo pasar delante de ella, apuntándonos con la escopeta. ¿Te imaginas mi sensación en ese momento?

Acordamos el precio, pagamos, y entonces ella se volvió mucho más agradable.

En otra ocasión, en Colombia, teníamos que recorrer 60 kilómetros en un día y subir desde los 300 metros de altura hasta los 2000. Michael recorrió fácilmente esta distancia enganchándose a los camiones que pasaban, subía un tramo y me esperaba. A mí no me gusta hacer eso, por lo que tenía que recorrer esa distancia durante largo tiempo y con gran dificultad. En una de esas ocasiones lo perdí de vista y comenzó a caer un aguacero tan fuerte como si me estuvieran tirando cubos de agua encima. Encontré refugio en una pequeña parada de autobús donde me puse a esperar a que amainara. El aguacero no cesaba y la parada de autobús comenzaba a llenarse de agua. En ese momento pasó un automóvil con remolque que accedió a llevarme. Pedí encarecidamente al conductor que estuviera atento para encontrar a mi amigo, pero no lo vimos. Los teléfonos no funcionaban. Llegué a la ciudad, encontré un hotel y ya comenzaba a oscurecer. Llamé a la policía, les expliqué la situación y les pedí que me ayudaran a encontrarlo.

Paralelamente hablé con el dueño del hotel, que me propuso llevarme al lugar en el que nos habíamos separado. Por el camino nos encontramos a unos soldados a los que también pedimos ayuda. Así que el ejército, la policía, y nosotros en el coche nos encontrábamos en busca de Michael. Finalmente lo encontramos de camino a la ciudad, también había esperado a resguardo a que amainara la lluvia.

Fue una sorpresa muy agradable cuando en Ecuador unas personas me contactaron por el blog y me invitaron a pasar la noche en el hotel de 5 estrellas Luna Runtun. Fue algo muy gratificante después de un viaje agotador. 

¿Qué conoce de Rusia la gente del lugar?

Lenin, Putin, Chaikovski y Stalin. Muy poco. 

¿En qué se diferencian los rusos y los latinoamericanos? ¿Cómo podrías describir a los habitantes de cada uno de los países que has visitado?

La principal similitud es la total apatía. En cuanto a las diferencias, los latinoamericanos son más alegres, cálidos y simpáticos.

Cada país en Latinoamérica es muy distinto de los demás.

Los peruanos, por ejemplo, son menos contenidos a la hora de expresar sus emociones. Te gritan “hola” de un lado a otro de la calle y te piden hacerse fotografías contigo.

Los colombianos se disculpan constantemente.

Es una especie de complejo, quieren cambiar a toda costa la imagen que los extranjeros tienen de su país, ya que muchos consideran que es un lugar peligroso. Por eso los colombianos dicen “qué pena” en casi cada frase. Te pisan un pie, “qué pena”, te roban la bicicleta, “qué pena”, se pone a llover, “qué pena”. Cuando comenzaron a llamarme de toda Colombia para disculparse por el robo de mi bici me di convencí de ello.

Los mexicanos siempre llevan camisa. Si vas por el desierto o las montañas y ves un grupo de turistas latinoamericanos y uno lleva camisa, es sin duda mexicano. 

¿Cuál es el objetivo del viaje?

Hablar del transporte en bicicleta, llevar esta cultura a un nuevo nivel y también hablar a los rusos sobre las ciudades de Latinoamérica.

Tengo la intención de hacer una segunda película sobre viajes en bicicleta (la primera narraba un viaje por Europa) y también quiero escribir un libro. 

Más información en Let's bike it!

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