Acuerdo con Irán: ¿qué ha pasado para que EE UU cambie de opinión?

Los negociadores del grupo de los Seis y el representante iraní en Ginebra.Fuente: Reuters.

Los negociadores del grupo de los Seis y el representante iraní en Ginebra.Fuente: Reuters.

Según explico el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el acuerdo reconoce el derecho de Irán a la energía atómica de uso civil. Hasta hace pocos meses EE UU no reconocía esta cuestión.

Los países miembro del Consejo de seguridad de la ONU y Alemania acordaron con Irán que la República Islámica renunciará, en el plazo de medio año, a producir uranio de más del 5 % y se compromete a deshacerse de las reservas de uranio enriquecido al 20 % que ya poseía. Las negociaciones tuvieron lugar en Ginebra el pasado fin de semana. También se llegó a un compromiso para poner bajo control de la OIEA las instalaciones atómicas de Fordo y Natanz y se detendría la construcción en Arak de un reactor de agua pesada capaz de producir plutonio.

A cambio los el grupo de los Seis, y especialmente los EE UU y los países de la UE, relajarían las sanciones contra Irán. Esto permitirá a Teherán restablecer las limitadas relaciones comerciales con EE UU en los sectores del gas y del petróleo, en el petroquímico y el automovilístico, así como las operaciones comerciales con oro y metales preciosos. Irán ganaría entre 5000 y 7000 millones de dólares.

Pero lo importante no es el dinero.

El grupo de los Seis ha retirado la exigencia de detener y desmontar las centrifugadoras iraníes que ya están en marcha. Esta y otras disposiciones han permitido a Teherán afirmar que se ha logrado la principal exigencia que era reconocer su derecho al enriquecimiento de uranio. Esta es la razón por la que los negociadores fueron recibidos en Irán como triunfadores. El secretario de Estado de los EE UU, John Kerry, recurrió a complicados comentarios dirigidos principalmente a los congresistas.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, definió así la esencia del acuerdo: "Este acuerdo muestra que estamos de acuerdo en la necesidad de reconocer el derecho de Irán a la energía atómica de uso civil, incluido el derecho a enriquecer uranio, teniendo presente que las partes del programa nuclear iraní que siguen siendo duda y el programa en sí se pondrán bajo un estricto control del OIEA. Este es el objetivo final, pero ya ha quedado formulado en el documento que firmamos hoy".

Los contrarios a estos acuerdos destacan que Irán mantiene el potencial de crear armas nucleares. Toda la infraestructura para el enriquecimiento de uranio permanece intacta. "Hay que destacar que el acuerdo no prevé la destrucción de una sola centrifugadora", repite decepcionado el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Muchos expertos señalan que un complejo nuclear de ese tamaño, alrededor de 17.000 centrifugadoras para enriquecimiento de uranio, sería necesario si en el país funcionaran entre 12 y 15 centrales atómicas a las que fuera necesario alimentar con combustible. Pero por el momento Irán no tiene más que una central en Busher, a la que Rusia abastece de combustible.

A los iraníes les cuesta explicar para qué necesitan tantas centrifugadoras, pero están dispuestos a cualquier tipo de control: videocámaras, sensores, inspecciones sorpresa...

Pero EE UU tampoco es capaz de explicar por qué ha cambiado tan bruscamente su relación con el programa nuclear iraní, por qué durante casi un año los diplomáticos estadounidenses han estado llevando a cabo negociaciones con los iraníes a espaldas de la prensa, de los legisladores y de sus aliados, sobre todo Israel.

¿Qué ha cambiado después de 10 años de negociaciones infructuosas con Irán además del aumento del número de centrifugadoras? ¿Y por qué, después de más de 30 años de enemistad, Washington ha decidido cambiar la ira por la benevolencia?

Está claro que el amable Rouhaní ha sustituido al terrible Ahmadineyad. Pero el presidente de Irán es, en principio, el jefe del gobierno. Todas las cuestiones importantes las decide el Ayatolá Jamenei, el líder espiritual y máximo dirigente de Irán. Es decir no ha cambiado nada.

Está claro que Irán no puede ignorar la postura de Israel, que ha hecho un llamamiento a resolver la cuestión iraní por la fuerza o las declaraciones de Obama que periódicamente recuerda que no descarta este tipo de medios. Pero al parecer Teherán ha comprendido que el presidente estadounidense no necesita una tercera gran guerra en Oriente Próximo.

Y puede que precisamente aquí esté la respuesta a la pregunta de por qué EEUU ha cambiado su dirección.

A comienzos de los años 70 los EE UU sufrieron su mayor derrota en Vietnam. Después llegó una crisis en interna cuando Richard Nixon, ante la amenaza de un impeachment por el escándalo del Watergate, abandonó la Casa Blanca. Posteriormente, los EEUU, sin muchos escrúpulos, comenzaron una mejora sin precedentes de las relaciones con la China comunista. Los EE UU no tenían entonces otro medio para cortarle el paso a la URSS en el Sudeste asiático y crearle al Kremlin nuevos problemas de seguridad. Esto también respondía a los intereses del líder chino Mao Tse Dung.

 

A día de hoy tenemos los reveses de Irak y Afganistán. La primavera árabe, como resultado de la cual el islam político de corriente sunita, muy lejos de los ideales de la democracia occidental va tomando uno tras otro los países de la región, desde la poderosa Turquía hasta la delicada Túnez.

Algunos de los aliados intentan arrastrar a los EE UU a una guerra cuyo objetivo cada vez les resulta más difícil de explicar a los estadounidenses: Libia, Siria, Irán. La necesidad evidente de concentrar fuerzas contra el nuevo líder mundial, China. Y por último, las elecciones presidenciales en los EE UU para 2016. La presión sobre los demócratas será muy fuerte.

Todo esto, según parece, empuja a Barack Obama a aliviar las relaciones con el chiita Irán que está dispuesto a luchar por su liderazgo en la región con las monarquías petrolíferas del Golfo. El equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo puede restablecerse. Esto ya sucedió cuando el shah del Irán prerrevolucionario de antes de1979 era el gran aliado de los EE UU en Oriente Próximo y era capaz de contrarrestar a Arabia Saudí.