Los espíritus mexicanos se juntan en Moscú

Cada año el día 1 de noviembre los mexicanos celebran con gran entusiasmo el Día de Muertos, recordando a los amigos y familiares difuntos. Esta fiesta pagana se remonta miles de años atrás. Según la creencia mexicana, ese día las almas de los muertos acuden al encuentro de sus parientes. En el centro cultural de la embajada de México en Moscú también se celebró esta festividad.

Fuente: Román Kiselev

En Moscú ya se nota el otoño. Los árboles casi desnudos van dejando caer sus hojas sobre los adoquines, de los que surgen dibujos que recuerdan a los de Goya. El camino que va desde la entrada de la embajada de México hasta el centro cultural está decorado con una hilera de velas. Vamos a la fiesta del día de los muertos.

Al evento asistió el personal de la embajada, un número considerable de mexicanos y periodistas. Todos con la intención de honrar a los muertos. Algunos llegaron con dulces, otros con adornos que depositaron en las bandejas del centro cultural.

En una de las paredes hay instalado un altar memorial, decorado con flores, frutas y dulces. Suena una música mexicana que va creando el ambiente de la fiesta nacional, de la buena atmósfera de esta esperada reunión, a pesar de revertir el escenario del evento.

Cada invitado prueba el pan suave y dulce de los muertos, en honor de la memoria de los difuntos. Posteriormente, el embajador de México en Rusia, Rubén Beltrán, pronunció un discurso en el que agradecía la asistencia de todos los presentes y habló sobre la importancia de este evento para los mexicanos y la cultura mexicana .

Durante la época de los aztecas la celebración del Día de los Muertos, que incluía sacrificios a los dioses, tenía lugar en julio-agosto y duraba un mes entero, pero con la llegada de los españoles todo cambió y el festejo fue trasladado a principios de noviembre para que coincidiera con la celebración católica del Día de Todos los Santos.

El Día de los Muertos es una fiesta alegre, un encuentro con los parientes. Las casas se decoran con multitud de adornos y siempre se coloca ante la entrada un camino de velas para que las almas de los visitantes difuntos puedan encontrar fácilmente el camino desde el otro mundo hasta el nuestro.

En las casas los mexicanos colocan un altar lleno de obsequios, comida y dulces que gustaban en vida a los familiares fallecidos. El altar lo decoran con flores, velas y otro tipo de adornos brillantes. Sobre el altar a menudo colocan fotografías de los difuntos. 

En México esta fiesta se celebra los días 1 y 2 de noviembre, y el segundo día está lleno de coloridos carnavales con fuegos artificiales y desfiles de gente disfrazada de esqueletos, un espectáculo verdaderamente exótico para el espectador ruso.

Como en Rusia, donde la celebración de la Pascua Ortodoxa coincide con el recuerdo de los seres queridos, los mexicanos pasan parte del día en el cementerio visitando a los parientes y después los recuerdan en casa comiendo “pan de muerto”, generalmente un pastel dulce parecido a la mona de Pascua. Por la noche, una auténtica marea de mexicanos con antorchas, música y diversión acude de nuevo al cementerio, donde comen, cantan y bailan sin cesar, recordando a sus seres queridos.

¿Por qué tienen los mexicanos una relación tan alegre y despojada del miedo con la muerte? A esta pregunta nos responde el embajador de México en Rusia Rubén Beltrán: “Los mexicanos creen que la muerte no es el final de la vida, sino el paso a otro estado. La vida no se acaba con la llegada de la muerte, sino que continúa de otra manera, con mayor felicidad, y esto es precisamente lo que nosotros celebramos hoy aquí”.