Los hijos de los voluntarios por la libertad vuelven a Barcelona

Fuente: Alamy / Legion Media

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Hace 75 años, concretamente, el 28 de octubre de 1938, Barcelona se volcó en la despedida de los brigadistas internacionales que se alistaron voluntariamente para apoyar la causa republicana en la Guerra Civil Española. Para recordar la efeméride, los descendientes de aquellos “voluntarios por la libertad” –así les llamaba la propaganda republicana- han recibido un homenaje en Cataluña. No ha faltado una nutrida delegación rusa.

Se calcula que cerca de 60.000 voluntarios extranjeros participaron en la contienda española al lado del gobierno legítimo de la República. El presidente socialista Francisco Largo Caballero fue inicialmente reticente a aceptar la ayuda por temor a que escapasen a su control, ya que los brigadistas eran reclutados básicamente en París, bajo la dirección del partido comunista francés y el de la Unión Soviética. 

Pero el avance de las tropas fascistas les hizo entrar en la guerra. Unos 15.000 brigadistas internacionales perdieron la vida en ella hasta que el 23 de octubre de 1938 se les ordenó la retirada del frente y unos días después recibían un clamoroso homenaje de despedida en Barcelona. 

La participación soviética en la Guerra Civil Española fue muy destacada. Si bien su presencia no fue sustancial en las brigadas internacionales, sí que enviaron material bélico –desde aviones de combate hasta armamento de todo tipo- e instructores militares y políticos, que prestaron su experiencia al bando republicano. Su apoyo a la precaria aviación republicana fue primordial. 

Además, también hubo soviéticos que combatieron directamente en el campo de batalla, señala el historiador David Tormo, especialista en la Guerra Civil Española. Una prueba de ellos es, por ejemplo, que el 23 de septiembre de 1938 murió un piloto ruso en la Batalla del Ebro. 

Otro de estos voluntarios soviéticos fue Serguéi Gritsevets, piloto de combate bielorruso. Estuvo en la guerra de España en 1938 y por su actuación fue condecorado como héroe de la Unión Soviética. Lo explica con orgullo su hija Larisa Arjánguelskaya. 

 

Larisa Arjánguelskaya y Natalia Arzhenújina en la montaña de Montjuïc de Barcelona, justo donde fue fusilado el presidente de Cataluña Lluís Companys por orden de Franco. Fuente: Maite Montroi

En España, Serguéi hizo amistad con un piloto español, Antonio Arias, quien más tarde huyó de la represión franquista y se instaló, junto a su mujer Adela en la Unión Soviética, gracias a su relación con el aviador ruso. Las familias Arias y Gritsevets mantuvieron una estrecha relación y los descendientes españoles viven hoy en día en Bielorusia.

“Qué país tan maravilloso, qué pueblo tan acogedor, decía mi padre sobre España”, declara Larisa. “Y yo también me he enamorado de esta gente y de este país”. “Hoy estoy entre amigos, entre gente que valora la lucha de mi padre y de muchos otros contra Franco y contra el fascismo y a favor de la justicia y el socialismo. Estoy orgullosa de mi padre. Fue un hombre bueno y honrado”, añade con los ojos brillantes. 

Junto a Larisa, se encuentra Natalia Arzhenújina, de la asociación Pámiat (Memoria) de los combatientes voluntarios en la guerra de España (1936-1939). Su tío Fiódor también participó en esta guerra y, en concreto, en la Batalla del Ebro. Natalia lamenta que la asociación no tenga contacto con españoles descendientes de aquellos voluntarios rusos que desobedecieron las órdenes y decidieron quedarse a luchar al lado de los republicanos. 

También forma parte de la delegación rusa Musa Malinóvskaya, hija de Naúm Eitingón, quien también estuvo en la guerra de España y, en concreto, en Barcelona cuando fue bombardeada en 1938. Eitingón –más información, en este documental en ruso- no respondería exactamente al perfil de voluntario soviético altruista. Agente de inteligencia a las órdenes de Stalin, fue quien organizó el asesinato del fundador del ejército rojo, Lev Trotsky, en México. 

Su hija Musa recuerda perfectamente al ejecutor del asesinato de Trotsky, el catalán Ramón Mercader, así como a otros miembros de su familia –que vivieron varios años en la Unión Soviética-, especialmente, a su hermano Luis. 

Nadezhda Grigulévich reconoce que el papel de su padre, Iósif Grigulévich, fue delicado en la Guerra Civil Española. Traductor y ayudante del general Vicente Rojo, se dedicó a combatir a los anarquistas y al POUM –partido marxista internacionalista, opuesto a las tesis del estalinismo-, por orden del partido comunista de la Unión Soviética. 

“Al final, tenía tantos enemigos que tuvo que abandonar España en 1937”, declara su hija Nadezhda. Eso sí, después estuvo en Argentina como agente secreto y desde allí se dedicó a impedir que zarparan los barcos nazis que enviaban ayuda al ejército franquista. 

También se han desplazado hasta Cataluña personas no vinculadas personalmente con los combatientes, pero que defienden su causa. Por ejemplo, una representación de la escuela de Ivanov Elena Stasova, donde se criaron 200 “niños de la guerra” españoles y donde estudió, entre otros, el hijo de Dolores Ibárruri, la pasionaria, una de las fundadoras del Partido Comunista de España. 

Así como el ingeniero agrónomo Serguéi Aladin, que se dedica a bautizar nuevas especies de lilas con nombres relevantes de la Guerra Civil Española, como el combatiente Marshal Malinovski, la traductora militar Adelina Kondrateva o incluso el poeta español Federico García Lorca. 

Las profesoras universitarias Nadezhda Pronina y Nadezhda Okónova también participan en este homenaje, del mismo modo que lo hicieron hace dos años en uno celebrado en Madrid y Granada, al que llevaron a algunos de sus estudiantes. “La labor de los combatientes y sus descendientes es encomiable, pero ellos desaparecen y su legado queda en manos de los jóvenes”, resalta Okónova. 

Todos ellos y muchos más han acudido a la llamada de la asociación Germanor (hermandad, en catalán), que es quien ha organizado el homenaje a los brigadistas internacionales. El viaje empezó en Barcelona justo 75 años después de la despedida de los voluntarios de la libertad y culminará el viernes en Corbera d’Ebre, el pueblo que más cruelmente sufrió los embates de la aviación fascista durante la Guerra Civil, junto con Gernika.