El comprador ruso llega a España para quedarse

Ya son la segunda nacionalidad extranjera que más viviendas compra. Su destacada presencia en Barcelona Meeting Point estos días no sorprende. Fuente: Tomàs Abella

Ya son la segunda nacionalidad extranjera que más viviendas compra. Su destacada presencia en Barcelona Meeting Point estos días no sorprende. Fuente: Tomàs Abella

El cliente ruso ya no es novedad ni en el sector inmobiliario español ni en el salón Barcelona Meeting Point (BMP). Los eslavos son la segunda nacionalidad extranjera que más viviendas compra en España y los expertos creen que el ruso es un cliente consolidado que “ha llegado para quedarse tantos años como los ingleses, franceses o alemanes”, en palabras del director del certamen, Enrique Lacalle.

Hace dos años, Rusia fue el país invitado en el BMP 2011. Pero esta relación entre el mercado más grande del mundo y el sector inmobiliario español se ha intensificado con el tiempo. Por eso, el salón barcelonés decidió, no solo convertir el Russian Meeting Point en una cita fija, sino además exportar la misma fórmula a la Costa del Sol. 

En la quinta edición del Russian Meeting Point, el país eslavo comparte espacio físico y protagonismo con China. Ya no existen los stands de las regiones rusas que presentaron sus proyectos en 2011, pero no han faltado a la cita los agentes inmobiliarios rusos, encabezados por Grigori Poltarak, ni una nutrida representación de las agencias españolas que trabajan con el mercado ruso. 

Se intuyen algunos cambios en el comportamiento de los compradores rusos. Si primero se interesaban por viviendas como segunda residencia y luego empezaron a establecerse en España –sobre todo en la costa-, ahora empiezan a aparecer inversores. 

El presidente de los API rusos, Gregori Poltarak, advierte de que inversión no significa lo mismo para un ruso que para un español. El primero quiere comprar, no para sí mismo, sino para ganar dinero, por ejemplo, a través del alquiler o para vender después por un precio mayor. Y por ello, “exige conocer todos los detalles y los riesgos de la operación”, advierte a sus homólogos españoles. 

Coincide con este diagnóstico su colega Olga Mashkova, quien puntualiza que “España es atractiva para los rusos gracias a la caída del precio y porque no es tan arriesgado invertir aquí como en Grecia, donde también hay buenas oportunidades, pero la crisis es más cruda”.

Y lo ejemplifica Javier López, presidente ejecutivo de Credit Services, una empresa que se dedica a vender pisos, pero también promociones enteras, hoteles o empresas. “Hay fondos de inversión rusos que están invirtiendo en este tipo de negocios y nosotros ofrecemos lo que nos piden. Ahora mismo, tengo a uno de ellos interesado en comprar pisos a 80.000 euros para 4.000 clientes rusos”. 

Por cierto, esta promotora ha proyectado una “ciudad” al gusto de los compradores rusos en la costa murciana. La promoción se llama, precisamente, “Russian city in Spain”. 

Nunca faltan en el BMP las agencias que focalizan sus esfuerzos en el cliente de alto standing. Es el caso de la promoción Bacanar, con casas en Begur (Costa Brava) a partir de 500.000 euros –que la cifra coincida con el mínimo que da derecho al permiso de residencia no es casualidad- y hasta los 3,5 millones. Estas últimas, por cierto, están casi todas en manos de rusos. 

'Imperial Luxury Propierties' es una inmobiliaria rusa implantada en España. La cofundadora, Anna Inetskaya, se estrena este año en el salón inmobiliario barcelonés. Explica que sus clientes son sobre todo rusos y chinos de alto poder adquisitivo, que buscan sobre todo segunda residencia en Barcelona y la Costa Brava. “El cliente ruso está muy bien informado de cómo está el mercado español, así como de la posibilidad de conseguir el permiso de  residencia, aunque en general no está muy interesado en esto último”, señala. 

Guifré Homedes, responsable de una de las agencias con más experiencia con clientes rusos, Amat, coincide a medias con su colega. “Sorprende lo bien que conocen Barcelona, la Costa Brava, el Maresme…”, en cambio, “no calibran el precio bien del todo”. Influidos por una visión demasiado “catastrófica” de la crisis en España, “suelen venir con un presupuesto que no se ajusta a la realidad”, con lo cual, acaban subiendo el presupuesto o eligiendo otra zona diferente de la que habían pensado. 

Homedes relata la evolución de su cliente ruso. Primero llegó el de alto poder adquisitivo. Este sigue existiendo, pero se mantiene estable, mientras que crece una clase media con un presupuesto que puede ir de los 250.000 a los 700.000 euros. 

El perfil más habitual se corresponde con una familia que decide instalarse en Barcelona; lleva los niños a un colegio internacional y el marido vive entre España y Rusia porque sigue manteniendo los negocios en su país. También existen los que compran para que sus hijos jóvenes estudien en alguna de las prestigiosas escuelas de negocios de la capital catalana. 

“Se trata de un cliente, inicialmente muy desconfiado, pero, si le tratas bien, es muy agradecido e, incluso, te va a recomendar a sus conocidos”. La desconfianza inicial responde, seguramente, a que “no siempre se ha tratado bien al cliente ruso”. Incluso, hoy en día, la atención ha mejorado, pero este ciudadano encuentra en España pocos servicios para que pueda integrarse más, como escuelas o centros culturales rusos. “Hay todo un campo por explorar”, concluye. 

Por su parte, el agente inmobiliario Víktor Livada, de Krasnodar (sur de Rusia), manifiesta que su cliente tiene como primera preferencia España, a pesar de que está mejor comunicado con Turquía, país que además no exige visado. Pero la inestabilidad política del país empuja a los rusos, también de esta zona, a inclinarse por España, ya que se valora que sea un país europeo, además de los buenos servicios o el carácter de la gente.