Un remanso ruso de paz y oración en la bulliciosa Caracas

La iglesia de San Nicolás fue construida en 1955 al este de la capital venezolana. La edificación destaca por su cúpula en forma de bulbo, coronada por una cruz dorada. Ofrece un espectáculo único en su interior.

En un recodo de la urbanización Los Dos Caminos, al este de Caracas, capital de Venezuela, surge de la nada una construcción que destaca por ser muy diferente de las casas y edificios aledaños. Desde 1955 la iglesia San Nicolás se yergue imponente, con el cerro Ávila al fondo, y hace que aún el transeúnte más despistado haga una parada obligatoria para contemplar la edificación, con su cúpula en forma de bulbo, coronada por una cruz dorada. Por fuera predominan los colores blanco y verde.

Hoy, sin embargo, la inseguridad ha hecho que el acceso sea restringido. La rodea una cerca de color verde, alambrada eléctrica incluida, que dificulta el paso y la visión. Una generosa vegetación termina de complicar el panorama. A menos que uno pertenezca al entorno de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia (ROCOR, por sus siglas en inglés) deberá explicar el motivo de la visita y esperar que quienes están a cargo decidan permitir la entrada.

A  100 metros del santuario se ubica la avenida Sucre, una de las arterias viales más transitadas de Caracas en las horas pico. Muy cerca está además el Millenium Mall, una gigantesca construcción comercial que alberga varios pisos de locales comerciales, centros de entretenimiento y restaurantes de comida. Allí se reúnen miles de personas a diario. Los edificios de habitación han ido ganando espacio en la urbanización, allende una de las más tranquilas de la capital venezolana. La amenaza del bullicio está a la vuelta de la esquina y busca alterar el remanso de paz que es esta casa de oración. Solo los fines de semana pareciera volver la calma que tuvo en sus ya lejanos inicios.

La iglesia de San Nicolás es pequeña, de 15 metros de ancho y 20 metros de profundidad en su nave principal. Su fachada, en cuya parte superior se encuentra un campanario, es de color blanco. Varios arcos resguardan la entrada. Al ingresar hay que esperar que los ojos se adecúen a la semipenumbra. Una sala única ofrece un gran espectáculo de pinturas, quizás muy abigarrado para el sentir occidental. Cuadros de ángeles y santos de varios tamaños pueden verse, junto a crucifijos e imágenes de la Virgen María y los apóstoles. Candelabros y sahumerios de todo tipo adornan el lugar. Pequeños altares están dispuestos para las celebraciones. Predominan el dorado y el color madera.

La parte central destaca por ser el sitio en donde se realizan las liturgias. Está soberbiamente adornada por pinturas que refieren, de izquierda a derecha, el nacimiento de Jesucristo, su bautizo, la Última Cena (de mayor tamaño), la Ascensión y la Dormición de María.

A la derecha, más iluminada que las demás, hay un icono de la madre de Dios, de extraordinaria belleza, que es imposible dejar de admirar. La imagen muestra a la Virgen María con el niño. Tiene corona. En fondo amarillo resaltan los colores del manto: rojo y azul. La figura representa la Panagia portaitissa o Virgen de Iver, la tradición señala que fue pintado por el apóstol y evangelista San Lucas. El original se conserva en el monasterio de Iver en el monte Athos, en Grecia. Se le atribuyen una serie de milagros y se dice que un soldado en tiempos de Teófilo, emperador de Bizancio entre 829 y 842, le asestó un golpe con la espada y de inmediato salió sangre de la mejilla de la Virgen.

Otro de los detalles que impresiona es la cúpula con la imagen de Cristo pantocrátor, con la diestra levantada y los Evangelios en la mano izquierda, muy común en el arte bizantino. 

Vida religiosa

La Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia administra los oficios religiosos en la iglesia de San Nicolás. Es parte de la Iglesia Ortodoxa Rusa. La forman las comunidades que están en el extranjero. Tiene sus propias autoridades con sede en Nueva York. Su jerarca es Hilarión, quien preside el Sínodo de Obispos. Juan Berzins fue consagrado el 21 de junio de 2008 como obispo de Caracas y Sudámerica, y es quien la rige en este lado del continente.

El presbítero encargado en San Nicolás es Pablo Volkov. Tiene más de 40 años en Venezuela. A su llegada a Caracas encontró una zona totalmente distinta a la de hoy en día. Los Dos Caminos no es ni por asomo aquella zona campestre de las afueras donde se construyó la iglesia en la década de 1950.

Sábados y domingos hay celebraciones religiosas: rezo de oraciones y liturgia eucarística, según las informaciones publicadas en su página web y replicadas a través de las redes sociales. El número de fieles que se acercan no es fácil de calcular, a decir de quienes hacen vida en el templo. Varía de semana a semana, aunque acude un número representativo regularmente. La comunidad rusa prefiere mantenerse en un sano anonimato y la religión les sirve para alimentar el espíritu, siendo menos importante el intercambio de opiniones o el debate. 

Deuda pendiente

El 24 de octubre de 2008, el entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, recibió al patriarca Vladímir Mijáilovich Gundjaev, segunda autoridad de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Conversaron sobre la importancia de que el diálogo político fuese acompañado de una profunda espiritualidad.

En aquel entonces el prelado señaló que el mandatario venezolano le asomó la posibilidad de construir en Caracas una catedral de la Iglesia Ortodoxa Rusa, según lo reseñado en un comunicado emanado de la Presidencia. “Nosotros tenemos iglesias pequeñas en Venezuela, pero el señor presidente nos propuso elaborar una estrategia para construir una verdadera catedral, de tal envergadura y cualidades arquitectónicas que sean adecuadas al altísimo nivel de nuestras relaciones”. A la fecha aún no se ha concretado nada.