El eje Moscú-Pekín pasa por el espacio

Diplomáticos rusos recuerdan que hace cinco años los dos países presentaron en la ONU un proyecto para la reducción del armamento en órbita. Fuente: AP

Diplomáticos rusos recuerdan que hace cinco años los dos países presentaron en la ONU un proyecto para la reducción del armamento en órbita. Fuente: AP

Rusia reiteró que trabaja en estrecha colaboración con China, en lo que se refiere a temas clave de estabilidad estratégica. De hecho, la colaboración se plantea para alcanzar un acuerdo de posicionamiento frente al desarme nuclear y el acceso a los planes de Estados Unidos en materia de misiles de defensa, esta vez en el contexto de la desmilitarización del espacio.

Moscú, como explicó en su exposición ante la ONU Mijaíl Ulianov, director del Departamento de Cuestiones de Seguridad y Desarme del Ministerio de Relaciones Exteriores, presentará junto con China un nuevo proyecto de resolución sobre transparencia y confianza en las actividades espaciales. El diplomático recordó que "un factor que influye negativamente en la estabilidad estratégica y la transición a las nuevas disposiciones sobre armas nucleares es la falta de una prohibición jurídicamente vinculante sobre el despliegue de armas en el espacio”. 

“El proyecto de tratado de Rusia y China, redactado para llenar este vacío legal, está sobre la mesa de la Conferencia para el desarme, en Ginebra, desde hace mucho tiempo pero, lamentablemente, no se ha movido de allí”, declaro Ulianov.

Al decir mucho tiempo, se refiere a cinco años. Parece que el impulso para el desarrollo de iniciativas conjuntas lo dieron las pruebas de un misil antisatélite chino lanzado el 11 de enero 2007, cuando el país asiático fue capaz de destruir su antiguo satélite meteorológico a una altitud de 850 kilómetros. Esta no es la primera vez que el desarrollo de nuevos sistemas de armamento, paradójicamente, conduce a su control. 

Hasta el año 2007 sólo EE UU y Rusia poseían esta clase de armamento. Las primeras pruebas de sistemas antisatélite se iniciaron a finales de los años 50. En los 60, Estados Unidos había desarrollado un interceptor de misiles capaz de derribar una nave espacial.

El primer experimento con éxito de este tipo de armas realizado por la URSS fue el 25 de enero 1967, con la puesta en órbita de un satélite 'asesino' desde una estación de despegue. 

Parece ser que todo esto, más los éxitos soviéticos en el espacio y la “carrera hacia la Luna” entre las superpotencias, hizo que en 1967 se redactara un tratado internacional sobre los principios que debían regir las actividades de los estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, que firmaron EE UU y la URSS. De acuerdo con este documento, los gobiernos -como parte en el Tratado- se comprometía a no colocar en la órbita de la Tierra ningún dispositivo portador de armas nucleares ni cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva, a no instalar tales armas en los cuerpos celestes y a no colocarlas en el espacio ultraterrestre en ninguna otra forma. Sin embargo, la presencia de armas convencionales en el espacio no se contempló. 

Más tarde, la conciencia de paridad estratégica en los años de la distensión también dio sus frutos. En el primer tratado soviético-estadounidense sobre la limitación de armas estratégicas ofensivas (SALT-1) se incluía el compromiso mutuo de no atacar naves espaciales, garantizando el control sobre la aplicación del acuerdo.

Esta distensión, sin embargo, no duró mucho. 

En 1983, el presidente de Estads Unidos, Ronald Reagan, presentó la Iniciativa de Defensa Estratégica, cuyo objetivo era colocar en el espacio armas de ataque, capaces de interceptar al vuelo misiles estratégicos soviéticos. La iniciativa demostró claramente que, por aquel entonces, las armas en el espacio eran por encima de todo el elemento más importante de defensa antimisiles. 

Es por eso que, después de la retirada de EE UU del Tratado de Limitación de Armas, quedó claro que estaban dispuestos a volver a, cuanto menos, diseñar sistemas avanzados de armas de ataque espacial  (armas láser, armas cinéticas, de haz de luz). En cuanto a la destrucción de satélites de prevención de ataques con misiles (el llamado "golpe cegador"), o los satélites de comunicaciones y de localización geográfica, sin los que ahora la actividad bélica es imposible, ya estaban preparados. 

Y ahora, a Rusia y Estados Unidos se les ha unido China, que este año celebró, según creen los expertos,  otra prueba de armamento antisatélite.

Esta situación da lugar una alternativa obvia. O bien se da paso a la carrera armamentista espacial, dirigida tanto a objetos espaciales como objetos terrestres, o a la restricción, en base a los acuerdos internacionales, que ofrecen Rusia y China. 

Lo nuevo de la situación es que, después de que China se declarara en posesión de armamento espacial,  ambos tienen un arsenal considerablemente sólido, si hablamos de paridad formal. Pero hay otra cara en la misma moneda.

La reducción de armas estratégicas que afecta a los Estados Unidos y Rusia, en virtud del tratado de 2010, todavía les permite mantener su potencial, que en comparación supera el de China. 

Sin embargo, Estados Unidos plantea ahora una mayor reducción. El presidente Obama trató este tema el pasado julio, en un discurso en Berlín. Se habla de hasta 300 cabezas nucleares, y esto ya es comparable a los arsenales chinos. El motivo es que EE UU está muy avanzado en la creación de sistemas de armas no nucleares de alta precisión. La importancia de la capacidad nuclear se reduce como doctrina. 

Moscú insiste en que una mayor reducción de las armas nucleares debe ir acompañada de una reducción de otros sistemas (ABM, armamento espacial y armas de alta precisión), también sobre una base multilateral y con la participación de otras potencias nucleares reconocidas. Y la primera es China.

El proyecto de tratado ruso-chino sobre la limitación de armas en el espacio que ahora recuerda el diplomático ruso en la ONU, demuestra que, de hecho, este posicionamiento ya ha sido acordado con Pekín. 

Y este tratado sobre armamento espacial puede convertirse en un elemento de dichas negociaciones multilaterales y multifactoriales. Aunque no es el único medio de interacción entre China y Rusia en las posibles negociaciones sobre armamento nuclear.

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