Un Falso Dmitri a la española

Una de las representaciones de Borís Godunov. Fuente: Ria Novosti

Una de las representaciones de Borís Godunov. Fuente: Ria Novosti

El zarévich Dmitri (o Demetrio) persigue durante mucho tiempo a Borís Godunov en el campo de batalla. Finalmente lo alcanza y lo hiere con una espada. Así se imaginaba la historia rusa el gran dramaturgo español Lope de Vega.

En la obra del Fénix de los Ingenios, la temática rusa no ocupa mucho espacio. De sus 2.000 obras sólo una está consagrada a Rusia. Pero no una cualquiera: El gran duque de Moscovia o El emperador perseguido, la primera obra literaria sobre el reinado de Borís Godunov y el falso Dmitri, sobre los que Pushkin escribiría dos siglos más tarde su drama, titulado Borís Godunov, y Músorgski, su ópera homónima.

Desde el punto de vista de un historiador, la pieza de Lope de Vega tiene un enfoque fantástico. No sólo se relaciona con los hechos de un modo libérrimo (como hiciera el propio Pushkin, por otra parte) sino que adolece de inexactitudes respecto al Periodo Tumultuso (1598-1613). 

Dmitri I El Impostor o Falso Demterio

fue zar de Rusia del 21 de julio de 1605 al 17 de mayo de 1606. Decía ser el zarévich Dimitri Ivánovich, hijo menor de Iván El Terrible, que supuestamente había escapado del intento de asesinato en 1591. La creencia general es que sí murió asesinado. Además de él, hubo otros dos pretendientes que reclamaron el trono aduciendo las mismas razones, pero sólo él lo consiguió. Su nombre verdadera era Grigori Otrépiev.

Para empezar, Lope de Vega se equivocó con el árbol genealógico del Principado de Moscú. Para él, Demetrio no era el hijo sino el nieto de Iván el Terrible, a quien el dramaturgo, por alguna razón, llama Basilio. A la mujer de Godunov le pone el extraño nombre de Orofrisa. La madre de Demetrio es Cristina. Desempeña un importante papel el misterioso caballero alemán Lamberto. A uno de los boyardos lo llama Rodulfo. Y, como educador del zarévich, figura el español Rufino.

Pero esto no es todo. En la pieza, Demetrio y Borís Godunov se encuentran en el campo de batalla. Demetrio lleva mucho tiempo persiguiendo a Godunov y al final lo apuñala con su espada. O bien el dramaturgo español ignoraba que Godunov había muerto en el Kremlin y que nadie lo apuñaló, o bien esa muerte no le pareció lo suficientemente dramática.

El autor aumentó la carga dramática hasta el límite: la montaña de cadáveres no deja de crecer a lo largo de la pieza. Durante la acción, la esposa de Godunov, al enterarse de la muerte del marido, obliga a sus hijos a tomar veneno y luego bebe ella también del vaso envenenado. Y así sucesivamente. Pero no hay ni una sola palabra sobre el terrible desenlace, sobre la muerte del falso Demetrio a manos de una turba enfurecida. Y además: no es un impostor sino un príncipe legítimo. ¿Cómo se explica? ¿Errores históricos? ¿Licencia artística? ¿Intencionalidad?

Muchos consideran que Lope escribió la obra en verano de 1606. Es decir, antes de que llegara a España la noticia de la muerte del falso Dmitri. Pero, en general, no era poco lo que se sabía de los acontecimientos de Rusia en España.

Lope de Vega tenía la oportunidad de comunicarse con personas que habían estado en Rusia e incluso con quienes habían vivido y servido allí: artesanos, soldados, comerciantes. Por otra parte, en la campaña del Falso Dmitri de Moscú participaron monjes jesuitas. Tras regresar a Europa, describieron los hechos con todo detalle. Aunque, a decir verdad, había que tomar sus relatos con cautela. El libro de uno de los jesuitas se titulaba Relato sobre la conquista extraordinaria, casi milagrosa del reinado patrio, realizada por su Excelencia el Príncipe Iván Dimitri, Gran Príncipe de Moscovia, en 1605. ¿De dónde salió el enigmático Iván Dimitri? De una traducción incorrecta del italiano al español. El traductor confundió giovane (joven) con Giovanni (Iván).

Libros de este género en Europa hay muchos. Se consideraban no tanto una descripción de hechos reales, sino novelas de aventuras. Después de todo, la historia del Impostor no carece de elementos emocionantes, incluso si se prescinde de las especulaciones. Pero, en estas obras, se perseguía, además de un objetivo de entretenimiento, uno ideológico. Después de todo, la Europa católica había depositado grandes esperanzas en Dmitri. 

Uno se puede preguntar: ¿qué les importaba a los españoles la remota Rusia? La respuesta está en el contrato matrimonial que firmó un hombre llamado zarévich Dmitri. Al casarse con la hija de un noble polaco, Marina Mniszech, se comprometió a llevar el catolicismo a la Rusia ortodoxa.

Lope de Vega, como toda Europa, era partidario de Dmitri, pues él tenía la misión de llevar a Rusia la luz de la fe verdadera, y los rusos eran percibidos como salvajes que no entendían su felicidad.

A Lope no sólo le importaba la ideología sino la concepción artística. Sí, Dmitri era una figura política, pero, para el dramaturgo español, era, antes que nada, un héroe, un joven a quien perseguían los poderosos del mundo y él no sólo no se conforma con la injusticia sino que lucha también desesperadamente por el restablecimiento de la justicia. Protege a los débiles, castiga a los malhechores, perdona con generosidad a quienes se han arrepentido. En definitiva, es el vivo retrato de la caballería. 

Lope de Vega no escribió una crónica histórica sino un drama. De ahí la cantidad de invenciones y de componentes grotescos. Por supuesto, se podía renunciar al trasfondo real y tomar para la obra una trama inventada. Pero la genialidad de Lope de Vega consistía en que todas sus obras nacían de situaciones reales. Incluso cuando escribía un drama de amor, introducía en el texto a hombres y mujeres de carne y hueso.

Su carrera como dramaturgo, de hecho, también comenzó así. A los dieciséis años, tuvo una aventura con una mujer casada. La dama lo traicionó, y él, en represalia, la retrató en una comedia. No cambió su nombre. Lo juzgaron por calumnias y, como castigo, le prohibieron vivir en Madrid. Pero no consiguieron apaciguarlo. Volvió a actuar así más de una vez. Su método favorito era introducir en sus obras personas reales.

Cabe destacar las particularidades del teatro español de aquella época, teatro de la calle por excelencia. Las representaciones tenían lugar en los patios internos de las casas (corral de comedias). Los espectadores veían las obras de pie. En los balcones y las ventanas de las casas contiguas se acomodaban las personas adineradas. Un mínimo de decoración, pero mucha música, bailes y chistes. Era un auténtico teatro popular, orientado al espectador. Y al espectador había que interesarlo, lo demás era trivial. Ésa es la razón por la que en las obras de Lope hay tanta acción. El único requisito era captar el interés. La intriga debía cautivar desde la primera escena y había que mantener el suspense hasta el último acto.

Así que al escribir El gran duque de Moscovia, Lope de Vega, probablemente, ni siquiera se detuviera a pensar si su obra era fiel a los hechos reales. Lo más importante para él eran los personajes pintorescos, la intriga, la acción. Y acción en Rusia hay tanta como uno quiera. Así que ya sabéis: abrid un manual de historia por cualquier página y poneos a escribir.

Artículo publicado por primera vez en ruso en la revista del Instituto Internacional de Teatro (ITI-INFO).