Giro inesperado de las potencias en torno a Oriente Próximo

La crisis de Siria acerca a Washington y Moscú en sus posiciones. Fuente: AP

La crisis de Siria acerca a Washington y Moscú en sus posiciones. Fuente: AP

Los acuerdos ruso-estadounidenses para la destrucción del arsenal químico sirio podrían ser el preludio de la normalización de la situación. Sin embargo, su trascendencia —siempre y cuando se cumplan los acuerdos— sobrepasa los límites del problema sirio.

El fin de semana pasado, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, llegaron a un acuerdo en Ginebra para que Siria presente ante las Naciones Unidas en el plazo de una semana toda la información pertinente sobre su arsenal de armamento químico, y después procure el acceso a ellos de los inspectores internacionales y su salida del país, donde se deberá destruir hacia mediados de 2014.

El proceso en sí ya ha comenzado, puesto que Siria —tras manifestar su conformidad con el plan— se ha adherido con urgencia a la Convención Internacional para la Prohibición de Armas Químicas. Por consiguiente, de los procedimientos previstos por Lavrov y Kerry se encargará ahora la organización de la ONU para la prohibición de las armas químicas.

Rusia, que ha sido el precursor de los compromisos de Ginebra, ha demostrado que no solo puede influir en la situación de manera pasiva —mediante el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU—, sino también por medio de una intensa actividad diplomática pacífica. Se trata de una nueva condición de la política exterior de Putin, y no solo en Oriente Próximo.

Es obvio que Damasco trata de evitar un ataque devastador al país, que ya se encuentra al borde del abismo tras dos años y medio de guerra civil. “Esto constituye una victoria para Siria, la cual hemos logrado gracias a nuestros amigos rusos”, anunció a RIA Nóvosti Alí Haidar, ministro para la reconciliación nacional de Siria.

El acuerdo de Ginebra permite preservar también el sistema internacional de mantenimiento de la seguridad basado en los mecanismos de la ONU.

El ataque estadounidense sobre Siria sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU no solo enterraría el régimen de El Asad, sino también todo el sistema de rehabilitación posbélica del derecho internacional. “Nadie quiere que se repita con la ONU el destino de la Liga de las Naciones, la cual se desmoronó debido a la falta de una fuerza de influencia real en la situación internacional. Y esta situación podría darse si los países influyentes empiezan a aplicar medidas de fuerza al margen de la ONU, sin tener que afrontar las sanciones de su Consejo de Seguridad”, remarcó Vladímir Putin en un artículo publicado  por The New York Times. Precisamente por esta razón, los acuerdos alcanzados en Ginebra tienen el apoyo de Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros jugadores clave de la arena internacional.

Contra Ginebra solo se ha pronunciado la implacable oposición siria, a quien el ataque al país habría dado la oportunidad de subir al poder. Ahora, esta posibilidad se ha reducido drásticamente.

En una conferencia de prensa conjunta ofrecida en Ginebra, Lavrov anunció que, posiblemente, en octubre se convocará un encuentro con el objetivo de solucionar la crisis siria de forma pacífica. Kerry se unió a Lavrov remarcando que la solución del conflicto debe ser política.

Este apartado de los acuerdos ruso-estadounidenses de Ginebra no se están discutiendo aún de forma intensiva, aunque es el encuentro pacífico Ginebra-2 y no el tema de las armas químicas el que resulta clave en el proceso de normalización.

Es evidente que tanto el proceso de destrucción de los arsenales químicos de Siria como el proceso de paz encierran grandes dificultades: la guerra siria no se detiene y en su continuidad no solo está interesada la tenaz oposición. No obstante, el mismo diálogo entre Rusia y Estados Unidos constituye ya un motivo de optimismo. Y no solo en la dirección siria.

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Al parecer, tras un prolongado enfriamiento de las relaciones entre Moscú y Washington, que culminó con la cancelación de la visita oficial de Obama a Rusia, ambos Estados están considerando de nuevo la necesidad de colaboración.

En una entrevista ofrecida al canal ABC el 15 de septiembre, Obama remarcó que Rusia y EE UU necesitaban trabajar de forma conjunta. 

Putin, por su parte, comenta: “la disposición del líder norteamericano a continuar el diálogo con Rusia sobre la cuestión siria es bienvenida. Hace tiempo que le invitamos a trabajar de forma conjunta”, escribió en The New York Times.

Por otra parte, el alcance de este asunto podría ser muy amplio. Putin señala que “si se evita una acción militar contra Siria, cambiará drásticamente la atmósfera internacional en su conjunto y se fortalecerá la confianza mutua. Será nuestro logro conjunto, el cual abrirá nuevas posibilidades de cooperación en otros asuntos de importancia en la actualidad”.

Concretamente, Rusia y EE UU podrían intensificar la cooperación en la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva, particularmente en el contexto de las negociaciones sobre el informe nuclear iraní.

Por otro lado, la destrucción del armamento químico sirio y las negociaciones entre los seis mediadores de la ONU e Irán están encaminados a la creación de una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Próximo.