Las familias españolas no renuncian a sus niños rusos

Rusia paraliza todos los procesos de adopción de España por la posibilidad de que los menores acaben teniendo padres homosexuales . Fuente: ITAR-TASS

Rusia paraliza todos los procesos de adopción de España por la posibilidad de que los menores acaben teniendo padres homosexuales . Fuente: ITAR-TASS

Cada vez es un poco más difícil para las familias españolas adoptar niños en Rusia. Hace años que el gobierno ruso va introduciendo cambios en su legislación para desincentivar las adopciones internacionales, a la vez que promueve las nacionales. Pero ahora se ha dado un paso más: quedan en suspenso todos los procesos de adopción en España, a la espera de que se firme un convenio bilateral entre los dos países.

No se trata de una medida definitiva ni nada tiene que ver con la prohibición de adoptar niños rusos por parte de familias estadounidenses. Las relaciones entre España y Rusia en esta materia son excelentes, recalcan las autoridades de ambos países, así como las Entidades Colaboradoras de Adopción Internacional (ECAI). 

“Los problemas son dos”, explica Carmen Cano, directora de la ECAI Créixer junts. Por un lado, el Tribunal Supremo de la Federación Rusa recomienda que los niños asignados a parejas españolas, en caso de abandono, no se entreguen a familias “que no cumplan con los requisitos de la legislación rusa”, es decir, homosexuales o monoparentales. Hay que decir que existe la sospecha de que, tras las familias de un solo miembro, se escondan parejas homosexuales. 

El segundo problema es que Rusia pide ahora que las familias hagan un seguimiento post-adoptivo de los niños hasta que cumplan 18 años y que esta medida tenga efecto retroactivo. 

“Esto nos obliga a localizar a 800 familias en solo dos meses”, señala Cano. Hasta ahora el seguimiento era de tan solo de tres años, con lo que “estas familias –con las que hemos perdido todo tipo de contacto- ya han cumplido con lo que firmaron en su momento y no tienen por qué acceder a este nuevo requerimiento”. 

Desde el Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales español se subraya que el abandono solo se produce en un 1% de los casos, pero a la vez se admite que la legislación española no permite garantizar que estos niños puedan acabar en una familia homosexual o monoparental. 

Desde el departamento que dirige Ana Mato, así como desde Exteriores, se muestra la “total predisposición” del gobierno español a colaborar en la redacción del convenio bilateral. Pero es un proceso muy complejo que puede tardar meses. De hecho, hace cuatro años que está sobre la mesa, sin que haya discrepancias importantes entre ambas partes. 

De momento, una delegación rusa visitará España los próximos 3 y 4 de octubre para tratar el asunto. Además, en el momento de escribir este artículo, Rusia está articulando un documento que permitiría que las familias españolas que se encuentran ahora en territorio ruso y tienen una sentencia favorable, pudieran llevarse los niños a casa. 

Pero los padres afectados no quieren que esta situación se eternice y por eso han empezado a movilizarse. Así, se han puesto en contacto con los medios de comunicación; han puesto en marcha foros en Internet, en Facebook; están recogiendo firmas a través de la web change.org, etcétera. 

Se calcula que la medida afecta a unas 500 familias, que ya habían iniciado los trámites de adopción en Rusia. Muchas de ellas ya tienen asignado un niño o una niña; han hecho un primer viaje a Rusia y lo han podido conocer. 

Soñando con Valeria 

Es el caso de Digna Farràs y su marido. Esta pareja de Barcelona apostó por Rusia porque es un país que les merecía confianza. Y de momento, todavía se la merece. Pero están muy angustiados porque el proceso de adopción de la que ya consideran su hija, Valeria, se retrasa y no saben cuándo la tendrán en casa. 

“La conocimos en mayo. Viajamos a Magnitogorsk y estuvimos con ella cinco días. Fue perfecto.” Y eso que tenía otitis y se pasó llorando casi todo el tiempo. Pero Digna recuerda la sensación de tenerla dormida en brazos y su marido a menudo sueña con ella.

“El 5 de septiembre, Valeria cumplió 2 años. Tenía que ser un día feliz porque hubiéramos celebrado su cumpleaños ya en casa, pero no fue así”, se lamenta. 

Sin Anna, por unos días 

Nuria Costa y su marido, David, tenían previsto coger un avión hacia Vladivostok el pasado 14 de septiembre, pero tres días antes les avisaron que el juicio por la custodia de Anna no se iba a celebrar. 

Nuria solo tiene buenas palabras para referirse al trato recibido en su primera visita para conocer a su hija, de dos años de edad. “Vimos que estaba muy bien cuidada y nos fuimos muy tranquilos, eufóricos por haber conocido a la que consideramos nuestra hija desde el primer momento en que la vimos”. 

“Ahora nos sentimos impotentes porque no podemos hacer nada. No nos falta ningún trámite. Solo podemos esperar. Y esta espera es una carga emocional muy dura”.