El papel de Rusia en el conflicto palestino-israelí

Mahmud Ridha Abbas. Fuente: Reuters

Mahmud Ridha Abbas. Fuente: Reuters

A mediados de agosto se reanudaron las negociaciones entre israelíes y palestinos tras un parón de tres años. ¿Por qué ha decidido Washington continuar sin Rusia ni los otros miembros del Cuarteto de Madrid? ¿Habrá así más posibilidades de éxito?

Tres años después del fracaso de la conferencia de paz palestino-israelí, los EE UU han organizado el reinicio del proceso de negociación. La incapacidad de los representantes internacionales del Cuarteto (UE, Rusia, EE UU y la ONU) para remediar el callejón sin salida al que llegaron las negociaciones ha permitido a Washington desempeñar un papel fundamental en la nueva tanda de negociaciones.

Los EE UU han tratado de monopolizar el diálogo de paz en Oriente Medio prácticamente desde el inicio del conflicto. Washington se arrogó el papel de pacificador único, tratando de convencer al mundo de que solo los EE UU podrían hacer que árabes e israelíes se sentaran a la mesa de negociación y persuadirlos de hacer concesiones. La “diplomacia itinerante” de Henry Kissinger es el ejemplo clásico.

Es obvio el motivo por el que EE UU se esfuerza en que se reanuden las conversaciones en este momento en concreto. En el contexto de los recientes reveses en su política sobre Oriente Medio y el declive de su influencia, los avances en la solución del conflicto árabe-israelí son quizá el único medio de devolverle su brillo a la imagen de Washington en Oriente Medio.

Una cuestión de gran importancia para EE UU es que podría conseguir un triunfo sin necesidad de una intervención militar y sin interferir en los asuntos internos de las partes implicadas. Precisamente por eso, durante su segundo mandato, el presidente Obama decidió “descongelar” las conversaciones entre palestinos e israelíes para lograr un acuerdo de paz.

El nuevo secretario de Estado, John Kerry, es el encargado de impulsar este proceso. Como resultado del éxito en su misión como mediador en julio de 2013, los israelíes y los palestinos acordaron mantener conversaciones de paz durante un mínimo de nueve meses para resolver el denominado “estatus final” de los territorios ocupados.

Sobre la mesa de negociación se presentarán varios temas difíciles, como la creación de un estado palestino con las fronteras de 1967 “teniendo en cuenta los cambios demográficos”, el destino de los asentamientos judíos en los territorios ocupados y el futuro estatus de Jerusalén.

EE UU ha declarado que participará como coordinador, pero, aún así, las conversaciones serán directas, bilaterales y confidenciales. Según información de principios de septiembre prodecente de altos funcionarios palestinos, “hasta ahora no han progresado".  

¿Qué implica la exclusión de Rusia?  

Hay dos razones principales por las que la comunidad internacional, y Rusia en particular, hayan sido excluida del proceso de organización y coordinación de esta conferencia.

En primer lugar, con el inicio de la primavera árabe, Oriente Medio se ha convertido en escenario de conflictos y controversias entre las principales potencias mundiales, sobre todo EE UU y Europa por una parte, y Rusia, a veces junto con China, en la otra. Debido a las diferencias entre Rusia y Occidente en torno a algunos temas fundamentales como Irán o Siria, o la valoración de la situación creada por la primavera árabe, EE UU está tratando de reducir el papel de Rusia en la región, minando su imagen y debilitando la influencia de Moscú en los países con los que tradicionalmente ha mantenido alianzas.

En segundo lugar, el rechazo a unirse al Cuarteto en general y a Rusia en particular surge del hecho que de que EE UU posee razones de peso para influir tanto sobre Israel como sobre Palestina (aunque no siempre dan resultado). EE UU puede amenazar a Israel con el aislamiento a nivel internacional y a la administración palestina, con cortar la ayuda financiera si esta ronda de conversaciones falla.

Pero es poco probable que estos dos estímulos se prueben efectivos. Un referéndum en Israel (todo acuerdo de paz con Palestina debe ser sometido a referéndum) podría echar por tierra cualquier avance que signifique cambiar las fronteras del 67, y el público palestino tampoco se mostrará muy satisfecho con las concesiones israelíes.

Tampoco se puede infravalorar el significado de la inevitable ira de los estados árabes. Aunque la Liga Árabe ha mostrado su satisfacción por las negociaciones, es probable que acuse a las autoridades palestinas, y a Mahmoud Abbas sobre todo, de traicionar la lucha del pueblo palestino contra el sionismo.

Es difícil predecir cuánto éxito tendrán las nuevas rondas de conversaciones. Depende, sobre todo, de la voluntad política y la determinación de las partes en conflicto. Nada de lo que hagan los EE UU, Europa o Rusia hará que israelíes y palestinos firmen un acuerdo de paz y lo pongan en práctica. 

Tatiana Karasova, presidenta del Departamento de Estudios sobre Israel y las Comunidades Judías del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias. Fue diplomática en el Ministerio de Asuntos Exteriores (Secretaria general de la Embajada Rusa en Tel-Aviv de 1992 a 1996), autora y coatora de cinco monografías y libros de texto, además de unos cincuenta artículos académicos. También es miembro de la Asociación Europea de Estudios sobre Israel. 

Artículo abreviado. Publicado originalmente en inglés en Russia Direct