Georgia y Rusia dan tímidos pasos para la normalización de sus relaciones

Cinco años después de la guerra no existe un orden público para la mejora de los lazos entre los dos países. Fuente: Reuters

Cinco años después de la guerra no existe un orden público para la mejora de los lazos entre los dos países. Fuente: Reuters

Las posiciones en torno a la soberanía de Abjazia y Osetia siguen ancladas en el pasado. Sin embargo el régimen después de Sakashvili se muestra más ambiguo en sus declaraciones.

En el aniversario de la guerra ruso-georgiana de 2008, los oficiales de Moscú y Tbilisi muestran en posiciones no muy diferentes de las que tenían hace cinco años

El nuevo gobierno georgiano de Bidzina Ivanishvili culpa del desastre del 8-8-2008 al presidente Mijaíl Saakashvili y a su gobierno, aunque al mismo tiempo sigue llamando a Rusia “fuerzas de ocupación”, y jura que Abjazia y Osetia del Sur serán liberadas. Eso sí, sin una nueva guerra, solo por medios pacíficos.

La dualidad en el nuevo gobierno de Georgia se observa también en las relaciones con Rusia. Por un lado, Ivanishvili declara que no se pueden restaurar las relaciones diplomáticas con Moscú hasta la retirada de las tropas rusas del territorio georgiano, es decir, de Abjazia y Osetia del Sur, que Tbilisi sigue considerando suyas. Por otro lado, habla de la necesidad de mejorar de arriba a bajo las relaciones bilaterales.

En Moscú, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas también se aceptaría con condiciones: Georgia debe reconocer las nuevas realidades, es decir, resignarse a la soberanía de sus antiguas autonomías. 

Unas demandas formuladas tan rígidamente no permiten esperar que, en un futuro próximo, en las embajadas en Moscú y Tbilisi comiencen a ondear, respectivamente, banderas nacionales georgianas y rusas.

Ahora mismo los contactos entre Moscú y Tbilisi se llevan a cabo en dos formatos. A través de las consultas multilaterales de Ginebra, para evitar tensiones en Abjazia y Osetia del Sur, que se celebran cada uno o dos meses; y en las conversaciones directas sobre temas económicos y humanitarios entre el viceministro de Asuntos Exteriores ruso Grigori Karasin y el representante especial del primer ministro georgiano para las relaciones con Rusia, Zurab Abashidze, que tienen lugar en Praga, y rara vez en Ginebra. 

Por supuesto, no es normal que dos vecinos no se hablen entre sí. Aunque analizando la situación desde el punto de vista de las sociedades rusa y georgiana, la cuestión de la restauración de las relaciones diplomáticas no parece tan tópica. No existe un orden público sólido que empuje el liderazgo de ambos países para hacer frente a este problema. 

Por parte de los rusos, la ausencia de misiones diplomáticas en Tbilisi es más bien una cuestión de imagen. Los rusos en Georgia no tienen problemas; ni siquiera necesitan visado y las inversiones rusas no complacen menos que las de Estados Unidos o cualquier otra, el mercado está lleno de todo tipo de productos rusos, Dostoievski y Pushkin se siguen considerando vértices del genio humano para los georgianos, y en el país se aceptan canales rusos de televisión (no locales pero sí películas rusas que no se traducen al georgiano y esto a nadie le parece abusivo). 

Por parte de los georgianos, la ausencia de relaciones diplomáticas despierta alguna molestia. Aunque sólo sea porque algunos de los ciudadanos de Georgia que viven en el territorio de la Federación Rusa tienen que resolver sus problemas a través de la embajada de Suiza. Aunque si Rusia, tal y como se prevé, elimina o al menos suaviza el régimen de visados para los ciudadanos de Georgia, las autoridades de Georgia podrían, quizás, adherirse a las condiciones deseadas para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Moscú. Desde el punto de vista práctico, no hay pérdidas visibles. 

Rusia ha abierto su mercado a los productos georgianos, está a punto de convertir un servicio de vuelos chárter en transporte regular, y desbloquear los accesos por tierra y agua. ¿Con qué otro país tiene Georgia un contacto más amplio? Es difícil encontrarlo. Y aún más en cuestiones cotidianas. Por ejemplo, en los mercados agrícolas de sus vecinos Azerbaiyán y Turquía, considerados socios estratégicos por Tbilisi, habrá productos georgianos a largo plazo. 

Y con su tan amada Georgia Oriental es aún más difícil debido a la competencia y el proteccionismo de sus propios productores. Así que el mercado ruso era indispensable para Georgia y su regreso es muy importante para la economía del país. 

Sería ingenuo, sin embargo, suponer que la tendencia a la mejora de las relaciones ruso-georgianas es irrevocable. El cambio de poder en Georgia no ha cambiado sus objetivos de política exterior. En cualquier caso, en palabras de Ivanishvili, su prioridad es unirse a instituciones occidentales como, entre otras, la OTAN. 

Moscú, como sugiere la reciente entrevista al primer ministro, Dmitri Medvédev para el canal de televisión georgiano Rustavi-2, no aceptará la posible adhesión de Georgia a la OTAN, y no verá con buenos ojos este proceso, si es que llega. 

Con el mismo cometido, para entrar en el mercado ruso las mercancías georgianas podrán someterse a análisis en cualquier momento; y una vez más mostrarán que contienen sustancias nocivas para el cuerpo humano. Y puede que, como sugiere la experiencia del reciente aniversario de las relaciones ruso-georgianas, sea sólo el preludio de una nueva crisis interestatal.