El centenario de San Javier, la colonia rusa más importante del hemisferio austral

Fuente: Marcelo López

Fuente: Marcelo López

San Javier, la colonia rusa más grande del hemisferio sur, festejó los 100 años de la llegada de sus primeros habitantes con una fiesta que duró tres días. El pasado fin de semana hubo mucha música, cientos de kilos de shashlik, más de un millar de turistas curiosos e innumerables de oportunidades de reencuentros.

El origen de este festejo se remonta al 27 de julio de 1913, cuando dos barcos de la Armada Uruguaya dejaron en las costas de Puerto Viejo, departamento de Río Negro,  a 300 familias rusas proveniente de la región de Vorónezh.

Se trataba de integrantes de la secta Nuevo Israel, que estaba liderada por Vasili Lubkov. A la postre estas personas fundarían un poblado, a pocos kilómetros de donde desembarcaron, al que dieron el nombre de San Javier y que tendría gran importancia en la vida del joven país, como ser la introducción del girasol y del aceite derivado.

“Río Negro y el país tienen una fuerte cultura migratoria. En nuestro departamento tenemos una colectividad rusa muy grande, una colectividad alemana muy importante en Nuevo Berlín. Estas fechas sirven un poco para eso, para aprender del aporte de otras culturas”, afirmó a Rusia Hoy el intendente de Río Negro, Omar Lafluf.

Los festejos del centenario se iniciaron en San Javier en la tarde del pasado viernes 26 con la inauguración de un centro de salud, la presentación de un libro sobre la historia de la ciudad y una serie de espectáculos musicales, que fueron el preámbulo para los grandes festejos del sábado.

 

Fuente: Marcelo López

Estaba previsto que la celebración convocara turistas, sin embargo ningún cálculo previo se acercó a la afluencia de público que llegaría sobre todo al día siguiente.

El perfil de los visitantes fue bastante variado. Llegaron vecinos de ciudades cercanas (Paysandú, Young y Fray Bentos), algunos extranjeros pero un lugar muy especial lo tuvieron aquellas personas que volvían al pueblo después de muchos años de ausencia. De ahí que el centenario también sirvió para reunir familias que hacía años que no se veían, o amigos que se habían perdido el rastro. Tampoco fue extraño encontrar a personas jóvenes que llegaban desde Montevideo o Argentina a conocer el lugar en el que habían nacido sus padres o abuelos.

Los festejos sabatinos comenzaron con una recreación del desembarco de los colonos de 1913, que luego fue seguido de un desfile a caballo (los jinetes vestidos con ropas tradicionales del campo uruguayo) desde el balneario Puerto Viejo a la cercana San Javier, fue entonces cuando la fiesta se trasladó a la plaza principal de la ciudad.

Fuente: Marcelo López

Allí se instaló una feria en la que un solitario puesto de productos tradicionales resistía ante el aluvión de productos importados. En ese puesto de productos artesanales resultaba particularmente llamativa una matrioshka realizada con el material con el que suele hacerse el mate (la infusión más popular del Río de la Plata), es decir un mestizaje perfecto entre el folclore ruso y uruguayo.

Muy cerca de allí, en una de las esquinas de la plaza se organizó una zona de comida donde el aroma de tradicional shashlik robaba el protagonismo. Este plato consiste en trozos de cordero deshuesado, que se macera y luego es cocinado en pinchos.

 Claro que la versión del shashlik de San Javier más que un plato, es una síntesis cultural porque los pinchos se cocinan sobre brazas de leña de monte (tal como manda cualquier asado campero) y el hombre a cargo de los fuegos está ataviado como el mejor de los gauchos. De hecho, es un gaucho con algo de ruso.

Pero en la ciudad también estuvieron presentes importantes autoridades rusas como ser el embajador de Rusia en Uruguay Serguéi N. Koshkin y el presidente del Comité de Educación de la Duma estatal rusa, Viacheslav Níkonov

Níkonov, quien además de presidir la comisión de educación de la Duma es el director ejecutivo del Fondo Russkiy Mir destinado a propagar el patrimonio cultural de Rusia en el mundo, puso en perspectiva la importancia que tiene la colonia de San Javier para su país.

Fuente: Marcelo López

“Es la colonia más grande de rusos en el hemisferio austral, por eso  tiene un lugar simbólico muy grande", sostuvo, y agregó que actualmente viven más rusos fuera de Rusia que en la Rusia misma y que hay colonias rusas desde Australia hasta Uruguay.

"En los últimos años estas comunidades tienden a tener cada vez mayores vínculos culturales con Rusia y es por eso que de nuestra parte los ayudamos a no olvidar sus raíces. Por ejemplo, en la escuela de San Javier se estudia la lengua, y para eso se envían los profesores desde Rusia”, afirmó.

El embajador Koshkin, por su parte, ve en este pueblo de Río Negro algo especial: “De cierta forma sintetiza la larga historia de la relación entre nuestros países que se remonta a 150 años. El que un siglo después esta gente haya mantenido sus tradiciones es un fenómeno incomparable". Para el embajador, es raro que estas tradiciones se mantengan en una tercera generación, "sobre todo porque con el tiempo la gente se dispersa, se pierden las tradiciones culturales y en este país sobrevivieron además, debieron sufrir la dictaduras y la represión. Por eso esto de San Javier es absolutamente maravilloso”.

El gobierno ruso hizo varios regalos al pueblo pero la noticia que más alegría causó entre los pobladores locales es que en noviembre de este año el grupo de Danzas Rusas Kalinka, viajará a Rusia. Esta agrupación integrada por jóvenes de la ciudad –la mayoría descendientes de rusos- fue formada en 1970 en el Centro Cultural Máximo Gorki y es el gran orgullo de la ciudad. Es que a través de las danzas y la música la gente de San Javier a contagiado a sus jóvenes  sus más antiguas y queridas tradiciones.

Los festejos terminaron el domingo con un gran almuerzo en el Centro Cultural Máximo Gorki al que asistieron alrededor de 500 personas. Para la tarde, cuando Kalinka subió al escenario los asistentes eran muchos y no se contaban los que permanecían en la plaza de ciudad, a una cuadra de allí, disfrutando de los espectáculos musicales.

Fue un fin de semana especial en la ahora centenaria ciudad de San Javier y aunque los girasoles ya no son omnipresentes y la antigua aceitera ya se convirtió en museo, el legado de los ancestros rusos pervive en lugares más intangibles como en el carácter y el sentir de estas personas que amalgaman con naturalidad dos tradiciones tan distantes como las uruguayas y las rusas.