Washington enloquece por Snowden

Fuente: Reuters

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No cesa el aluvión de declaraciones impetuosas procedentes de Washington, que exhortan a responder con dureza si Rusia decidiese proporcionar asilo al exagente de la CIA Edward Snowden. Las propuestas para este hipotético escenario van desde el boicot a las Olimpiadas de 2014 a la renovación del escudo antimisiles en Europa. Los expertos creen que estas declaraciones están orquestadas por los opositores a la reactivación de las relaciones ruso-estadounidenses.

Tras la noticia de la posible concesión a Snowden de un asilo temporal en Rusia, el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, ha expresado la opinión, publicada en The Hill, de que el presidente Obama debería considerar la posibilidad de boicotear las Olimpiadas de Sochi. "Yo trataría de dar a Rusia una señal inequívoca", ha declarado.

"Proporcinarle asilo a ese hombre (Snowden)  significa pisotear todas las leyes que conocemos y darle una bofetada a los EE UU", ha dicho el senador.

Edward Snowden llegó hace un mes a Moscú. Hoy mismo ha recogido sus pertenencias de la habitación donde ha estado hasta ahora y podría abandonar en las próximas horas la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú, según la agencia Interfax. "En este momento el estadounidense se está preparando para salir. Le van a traer ropa nueva. El documento que le permitirá abandonar la zona de tránsito del aeropuerto Sheremétievo le será entregado (hoy) por el abogado Anatoli Kucherena", aseguró la agencia rusa que cita una fuente que no identifica. 

La idea del boicot, que recuerda tanto a los tiempos de la Guerra Fría, no ha encontrado por ahora el apoyo de otros miembros del Congreso. Pero no faltan los que realizan propuestas aún más inoportunas. El senador John MacCain, por ejemplo, se ha mostrado partidario del despliegue del sistema de defensa antimisiles en Europa del Este. Un movimiento de este tipo sería sin duda más grave que cualquier boicot y pondría en riesgo las relaciones entre los dos países, desde el momento en que Moscú considera el escudo antimisiles en Europa una amenaza directa a su seguridad nacional. 

MacCain también ha previsto la posibilidad de actualizar la lista de funcionarios rusos que, según las autoridades de EE UU, son culpables de violaciones de los derechos humanos. Y aquí ya no se trata de razonamientos al estilo de la Guerra Fría, sino de la habitual utilización de un doble rasero, ya que los EE UU se esfuerzan en perseguir las violaciones de los derechos humanos solo en los países que no son sus amigos. 

Sin embargo, la Casa Blanca sigue convencida de que el caso Snowden no debería en modo alguno afectar a las relaciones con Rusia. El presidente Barak Obama ha mantenido hasta ahora una actitud muy prudente. En particular, no ha expresado ninguna intención de renunciar a la cumbre del G20 que se celebrará en septiembre en San Petersburgo. 

Serguéi Rogov, director del Instituto de Estudios sobre los EE UU y Canadá, ha subrayado, en una entrevista concedida a Rusia Hoy, que la situación que se ha creado con Snowden podría tener consecuencias extremadamente negativas sobre las relaciones entre Rusia y los EE UU, sobre todo porque proporciona una bonita excusa a todos los que se oponen a un acercamiento con Moscú. Según este analista, aunque las impulsivas declaraciones de Graham y otros senadores no se lleven a la práctica, sin embargo, reflejan la voluntad del establishment de los EE UU de poner en tela de juicio las relaciones con Rusia. 

"Se ha aprovechado el caso Snowden para comprometer el máximo posible las relaciones con Rusia. El Partido Republicano ha adoptado una postura rígidamente conservadora. Sostiene que no se debe dialogar con Moscú, sino ejercer presión. Los republicanos están tratando de llevar a EE UU a una política de aislamiento de Rusia", ha explicado.

Según Rogov, en la base de todo esto están, por un lado, la herencia de la Guerra Fría y, por otro, el desacuerdo con la política exterior rusa, sobre todo en Siria.

Algunos observadores rusos sostienen además que dando asilo a Snowden, Moscú haría un favor a Obama: la vuelta a casa del antiguo agente de la CIA llevaría a un proceso inevitablemente acompañado de escándalos e investigaciones sociales, como sucedió durante el juicio al soldado Bradley Manning por los datos proporcionados a Wikileaks. 

La condena a Snowden proporcionaría la enésima ocasión para acusar a los EE UU y a sus servicios secretos de comportarse de un modo no muy diferente al de una dictadura totalitaria, que no solo espía en secreto a todo el resto del mundo, sino que también está dispuesta a castigar duramente a quien ose desenmascarar el sistema.

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