La saga de Snowden: ¿crítico, héroe, traidor o espía?

Expertos rusos y estadounidenses opinan sobre el exagente y la situación en la que se encuentra Rusia. Fuente: AFP / East News

Expertos rusos y estadounidenses opinan sobre el exagente y la situación en la que se encuentra Rusia. Fuente: AFP / East News

El caso de Edward Snowden, un exempleado de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional, ha suscitado un debate internacional sobre los poderosos programas de vigilancia creados por los servicios de seguridad para combatir el terrorismo.

El pasado 25 de junio, el presidente ruso Vladímir Putin confirmó que Snowden todavía estaba en el aeropuerto. El líder ruso desmintió las acusaciones de que Rusia ayudó a que Snowden llegara a la capital rusa, tildándolas de absurdas.

Putin expresó sus esperanzas de que este caso no afecte a las relaciones entre Rusia y los EE UU.

Según afirman los medios rusos, Edward Snowden sigue en la zona de tránsito del aeropuerto Sheremétievo de Moscú, ya que no puede comprar un billete de avión al haberle revocado EE UU su pasaporte.

Al mismo tiempo, el caso ha sido descrito como un ataque contra los críticos del sistema, en la línea del fundador y editor de Wikileaks Julian Assange, que buscó refugio en la embajada de Ecuador en Londres. Tras publicar cables diplomáticos y archivos de guerra de los EE UU, Assange fue acusado de una agresión sexual en Suecia y extraditado por el Reino Unido.

Por su parte, Rusia Hoy ha entrevistado a expertos rusos y estadounidenses sobre cuál es su opinión de Edward Snowden: ¿es un héroe nacional o un traidor a su país? 

Fiódor Lukiánov, responsable del Consejo de Política Exterior y Defensa, editor en jefe, Russia in Global Affairs.

Edward Snowden puede ser considerado tanto un traidor como un héroe nacional. Mientras que algunos círculos lo juzgan alguien que ha traicionado los intereses nacionales, otros lo consideran como un hombre que desafía al Estado.

No creo que Rusia deba extraditar a Snowden. De ningún modo debería enviarlo a los EE UU. Sería una vergüenza ante el resto del mundo, porque hay mucha gente que lo admira. Después de todo, Snowden nunca estuvo implicado en un caso de espionaje, solamente ha revelado información importante.

La extradición dañaría en gran medida la imagen de Rusia en el exterior y probaría que Moscú persigue solo objetivos mercantiles. Este caso no debería ser objeto de regateo.

Pero, al mismo tiempo, tampoco deberíamos proporcionarle asilo político, ya que esto sí afectaría profundamente las relaciones ruso-estadounidenses. Para Moscú, sería razonable que otro país le proporcionase asilo político. Después de todo, nunca colaboró con los servicios especiales rusos y no tienen ningún interés en ellos. En el mejor de los casos, las autoridades rusas pueden usar el caso Snowden como un arma propagandística: por ejemplo, Moscú puede acusar a Washington de perseguir a una voz crítica que defiende la libertad de expresión.

Es poco probable que el caso Snowden afecte las relaciones bilaterales si Snowden deja Rusia y se va a otro país. Pero, si se queda en territorio ruso, podría ser otro obstáculo más en estas relaciones. 

Russ Witcher, profesor de Leyes en Medios de Comunicación en la Escuela Universitaria de Periodismo Tenesse Tech. Ha escrito tres libros y editado uno, todos sobre los medios de comunicación y la sociedad en la era Nixon.

Habría sido un héroe si se hubiese quedado en los EE UU para ser juzgado. Snowden ha proporcionado al pueblo estadounidense importante información sobre cómo su Gobierno invade la privacidad de las personas, pero también ha infringido las leyes. Rusia debería extraditar a Snowden. Si no lo hace, EE UU puede considerar que Rusia está dando refugio a una persona que huye de nuestro sistema judicial.

Gregory Feifer, excorresponsal en Moscú, colaborador en la Radio Pública Nacional (NPR) y Radio Liberty.

No sé si Edward Snowden es un héroe o más bien una persona que hizo lo que creía que era justo para su país. Aunque, gracias a algunos buenos reportajes de investigación, las declaraciones de algunos senadores y otros críticos y lo que el Gobierno mismo ha admitido durante estos años, no era un secreto que el gobierno de los EE UU recopilaba ese tipo de información que Snowden describió, pero sus filtraciones elevaron el asunto a la categoría de prioridad en la agenda nacional.

Lejos de ser un despreocupado divulgador de secretos, Snowden parece haber sopesado cuidadosamente qué documentos difundir antes de hacer una simple pero elocuente afirmación: aunque quizá el Estado no haya hecho nada ilegal, sus acciones van contra el espíritu de la Constitución, algo sobre lo que los estadounidenses merecen tener un debate público. Los funcionarios de la mayoría de los países por lo general afirman actuar en beneficio de sus países, y a menudo es cierto.

Pero, en mi experiencia, las sociedades abiertas necesitan poblaciones bien informadas para seguir siendo democracias. Sus acciones despiertan también otros debates, como la sensación de que ha proporcionado a más de un millón de personas, muchas de ellas sin relación con el servicio público, documentos de alta seguridad.

Desgraciadamente, en casos como la extradición de Snowden, es imposible separar las consecuencias legales y políticas, por no mencionar asuntos de ética. Por un lado, la Casa Blanca se ha mostrado como un escolar petulante, incapaz de echarle mano a Snowden. Pero por otro, Putin no apoya la apertura y la libertad personal en su país. Sería muy hipócrita utilizar a Snowden como fanfarronada diplomática para intimidar a Washington.

Creo que los malhechores en general deberían ser extraditados, pero se trata de un asunto complejo. En este caso, no creo que haya que mandar a Snowden a los EE UU porque considero que hizo lo correcto. Casi sin ninguna duda será sentenciado a un mínimo de 40 años de cárcel, como ejemplo para otros posibles críticos.

No creo que este asunto afecte demasiado a unas relaciones ya de por sí bastante pobres. Ambas partes han reaccionado mal. Era ya muy fácil caricaturizar el apoyo casi soviético que Rusia prestaba a los críticos de quienes consideraba sus enemigos, y el caso Snowden no hizo más que ayudar. Pero está claro que ninguna de las partes quiere el enfrentamiento a raíz de la llegada de Snowden a Moscú se prolongue, ya que ambos países saben con qué facilidad pueden verse en el lugar del otro.

Edward Lozanski, rector de la Universidad Americana de Moscú 

Yo nunca haría nada semejante y no apoyo en absoluto las acciones de Snowden. Sin embargo, no creo que haya que apresurarse a denominarlo héroe o traidor. Parece que el público estadounidense está muy dividido sobre este tema, por tanto, es mejor dejar que el asunto se enfríe y esperar a ver bien los hechos y sus motivaciones reales.

Por supuesto, Rusia no debería extraditar a Snowden. Es un asunto estrictamente doméstico y Rusia no debería mezclarse en la política interior de los EE UU, especialmente teniendo en cuenta la profunda división de la sociedad estadounidense. Si analizamos el pasado ¿extraditaría EE UU a un desertor de la KGB a Rusia? Por lo que recuerdo, esto nunca ha sucedido, no solo durante la época soviética cuando éramos enemigos, sino tampoco durante la época de Yeltsin o en la actualidad, con Putin.

Por descontado, el asunto de Snowden podría dañar considerablemente las relaciones entre Rusia y EE UU, así que, cuanto antes se vaya Snowden de Rusia hacia Ecuador o cualquier otro sitio, mejor. Por lo que respecta a la imagen de Rusia en EE UU, podría incluso mejorar, ya que al menos un 50% de la población considera que Snowden es un héroe.

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