El escudo antimisiles ante la cumbre del G8 en Irlanda del Norte

Rusia busca un nuevo tratado de defensa de misiles anterior al de 2001. Fuente: AFP

Rusia busca un nuevo tratado de defensa de misiles anterior al de 2001. Fuente: AFP

En la cumbre del G8 en Irlanda del Norte, se espera que el presidente ruso Vladímir Putin y su homólogo americano Barack Obama discutan uno de los temas más espinosos de las relaciones entre Rusia y EE UU: el escudo de defensa antimisiles en Europa.

Aunque Obama afirme que Washington está preparado para comprometerse en un eventual acuerdo sobre la defensa de misiles en Europa, Moscú se está tomando la propuesta con precaución.

En una carta a su homólogo ruso, el presidente de EE UU esbozó algunas puntos que le gustaría negociar. En particular, Washington sugirió que especialistas rusos podrían visitar sus instalaciones de control de defensa de misiles.

Sin embargo, durante su reciente viaje a los EE UU, el secretario de Rusia para el  Consejo de Seguridad, Nikolái Patrushev dejó claro que la iniciativa de Obama no será suficiente.

“Evaluaremos la voluntad de asegurar la transparencia de los programas de defensa antimisiles. Al mismo tiempo, creemos que las declaraciones políticas, que afirman la ausencia de un intento que socave la estrategia potencial de disuasión de la otra parte, son ineficaces”, dice Patrushev.

“Las operaciones de maquillaje, como la negativa de crear un nuevo interceptor, no pueden aliviar nuestras preocupaciones sobre la influencia que el escudo de defensa antimisiles tendrá sobre una estabilidad estratégica”, añadió.

Igualmente, en su mensaje a Obama, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, sugirió que las negociaciones sobre el tema serán duras. 

Russia Direct invitó a diversos expertos de prestigio rusos y americanos para que evalúen el alcance de si los miedos de Moscú están justificados, y si los dos países son susceptibles de encontrar un acuerdo en la presente cumbre.

Fiodor Lukiánov, director del Consejo de Política de Defensa y Exteriores y editor jefe de Rusia en la Política Global

Las reservas de Rusia con respecto a la defensa norteamericana antimisiles en Europa son especulativas: nadie puede imaginar una guerra nuclear entre Rusia y los Estados Unidos. No obstante, si Washington se mantiene trabajando en este proyecto, existe una hipotética amenaza a la seguridad de Rusia, y Moscú tendrá esto en cuenta.

Esa es la cuestión por la cual Rusia está modernizando su arsenal nuclear. Rusia busca un nuevo tratado de defensa de misiles anterior al de 2001, porque Washington dejó el tratado de 1972, que pretendía reducir el número de sistemas de defensa antimisiles.

La iniciativa propuesta por la administración de Obama es un intento de hacer el proyecto de defensa antimisiles más transparente. Pero esa idea tenía que haberla propuesto hace dos años, cuando Moscú era más flexible, el Kremlin puede haberse aproximado a la propuesta de forma diferente.

Evgueni Minchenko, presidente del Instituto Internacional de Conocimiento Político

El hecho de que Obama esté tratando de alcanzar un compromiso sobre el tema del escudo de defensa antimisiles debería ser visto como un gesto positivo, incluso aunque no sea suficiente. La iniciativa del presidente norteamericano implica que los dos países pueden potencialmente conseguir un acuerdo en la cumbre del G8 .

Michael O’Hanlon, lectorado visitante en la Universidad de Princeton, profesor adjunto en la Universidad John Hopkins, e investigador y director de estudios en el Departamento de Política Exterior del Instituto Brookings

Una guerra nuclear entre Rusia y EE UU es ahora inimaginable. Ninguna parte debería preocuparse sobre la capacidad del otro en términos de defensa  antimisiles. Técnicamente hablando, debería ser fácil para Rusia rechazar con contramedidas a cualquier sistema de misiles de media distancia, aunque de nuevo esperaría que Rusia no tenga la necesidad de molestarse. Una razón más para la tranquilidad es el hecho de que su despliegue por parte de EE UU es muy modesto en tamaño.

Steven Pifer, director de la Iniciativa de Control de Armas Brooking, investigador principal del Centro para EEUU y Europa

Los rusos sostienen que el creciente número de misiles más capaces de defensa podrían debilitar la balanza estratégica ofensiva de una de las partes. Esto es cierto. Pero, en estos momentos, las objeciones de Rusia sencillamente no están justificadas por los hechos.

El nuevo tratado START obliga a EE UU y a Rusia a reducir en 1550 las cabezas nucleares de cada uno. Los misiles interceptores de EE UU desplegados en Europa solo pueden ser capaces de conducir cabezas nucleares balísticas de media distancia, pero ambos, Rusia y EE UU están vetados a tener tales misiles.

Para el 2017, EE UU tendrá como mucho 44 interceptores capaces de llevar misiles balísticas con ojivas nucleares; actualmente Rusia tiene 68 interceptores integrados en el sistema de defensa antimisiles de Moscú. La diferencia entre defensa y ofensa es enorme, tan grande que el tratado de defensa de misiles no sirve ya.

Moscú debería descartar su demanda de garantía legal de que los misiles  de defensa no serán dirigidos contra las fuerzas estratégicas de Rusia y aceptar un compromiso político al efecto. Washington debería facilitar un compromiso político y la transparencia suficiente en sus planes y programas de defensa antimisiles, para que no haya riesgo de una defensa ‘sorpresa’ de misiles que minase el balance de la estrategia ofensiva.

Estos pasos podrían pavimentar el camino hacia un acuerdo cooperativo en la defensa antimisiles entre Rusia y la OTAN sobre muchos puntos en los cuales Rusia y EE UU crean estar de acuerdo.

Vladimir Yevséyev, director del Centro de Estudios Políticos y Sociales

En cierto modo, el sistema de defensa antimisiles de EE UU podría suponer una amenaza para Rusia, por ejemplo cuando viene con un sistema antimisiles instalado sobre una base naval en el Mar de Noruega. Después de todo, la defensa antimisiles norteamericana puede interceptar misiles rusos que estén desplegados en algún punto de ese mar.

Al mismo tiempo, no veo ningún peligro en la posición del sistema de misiles en tierra.

El segundo problema que preocupa a Rusia es la propuesta inicial de EE UU en torno al sistema de defensa antimisiles. EE UU ve que el escudo cumple con muchos objetivos, entre ellos el de defenderse en el hipotético caso de una guerra nuclear con Rusia. Algo que puede ser descrito como un seguro militar. Y este seguro irrita a Rusia.

Creo que EE UU y Rusia carecen de la voluntad política para alcanzar un compromiso en esta área, y Rusia puede tener algo de culpa por su falta de flexibilidad. Rusia no ve nuevos acercamientos, sino que en lugar de eso intenta buscar viejos problemas. Moscú quiere garantías legales, pero en la actual situación geopolítica, esto es imposible de conseguir y parece inaceptable para Occidente. Queremos hacer que EE UU siga una política que no quiere seguir, y esto irrita a Occidente.

Gregory Feifer, excorresponsal en Moscú, Radio Nacional Pública y colaborador de Radio Libertad

Las objeciones de Rusia a los planes para un escudo antimisiles en Europa están prácticamente injustificados. Mientras se acusa a Washington de buscar posibilidades para asestar un primer golpe nuclear contra Rusia, Moscú ha amenazado con quitar el nuevo tratado START y dedicarse a los misiles nucleares en Europa.

No importa que los alcances de los misiles interceptores americanos sean demasiado cortos para amenazar a los misiles balísticos intercontinentales de Rusia, y por esto no supone ninguna amenaza a la disuasión nuclear de Moscú. Ningún observador experto en el tema se toma estás afirmaciones seriamente.

Es más si estuviesen los EE UU para atacar a Rusia, los radares de Moscú avisarían con la suficiente antelación como para dar tiempo de sobra para poner en práctica sus ojivas nucleares para un contraataque, un elemento de disuasión al que ningún escudo antimisiles podría afectar.

Las autoridades rusas se han quedado con la visión de que los planes del escudo  antimisiles de EE UU son una evidencia de su determinación de alcanzar una supremacía militar global. Cualquiera que sea la verdad en esto y cualquiera que sea la lógica del escudo de misiles, Rusia ha hecho sus objeciones por otra razón: escoger una lucha con EE UU por el bien de posicionarse en el escenario internacional.

La diferencias sobre el escudo de misiles afecta a muchos aspectos de las relaciones ruso-norteamericanas, aunque sea solo por sembrar la desconfianza general. Dada la tendencia de Putin hacia el antiamericanismo, no creo que haya perspectivas reales, mutuamente beneficiosas en un previsible futuro.

Gordon M. Hahn,  investigador asociado en el Centro para los Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS)

El origen de la principal amenaza de la defensa de misiles de EE UU es que asiente un precedente. Rusia no puede permitirse dejar a EE UU instalar una defensa de misiles tan cerca de sus fronteras, porque la solidez de su despliegue podría crecer con el tiempo y constituir una amenaza real.

El despliegue de una defensa antimisiles, por supuesto, complicará unas ya de por si relaciones forzadas, haciendo la cooperación sobre la no proliferación, contraterrorismo, Siria, Irán y Sudasia y Asia Central incluso más complicadas de lo que ya son.

Originalmente publicado en Russia Direct, un nuevo proyecto que aborda el análisis de la política exterior ruso-estadounidense.