Nuevo Putin, viejas disputas

El presidente ruso asistirá a la cumbre del G8 el 17 de junio en Irlanda del Norte y se reunirá con Barack Obama. Fuente:  Alexánder Miridónov / Kommersant

El presidente ruso asistirá a la cumbre del G8 el 17 de junio en Irlanda del Norte y se reunirá con Barack Obama. Fuente: Alexánder Miridónov / Kommersant

La cumbre del G8, que se inaugurará el 17 de junio en el complejo hotelero Lough Erne de Irlanda del Norte, abordará formalmente los problemas de la economía mundial pero, a buen seguro, el principal tema oficioso de la agenda será Siria. Por primera vez en seis años Rusia estará representada en la cumbre del G8 por Vladímir Putin.

Ya a principios de año, fuentes diplomáticas manifestaron dudas a Rusia Hoy respecto a que Putin, de vuelta al Kremlin tras un intervalo de cuatro años, viajara a Lough Erne en persona y que probablemente enviase a Medvédev en su lugar. Pero finalmente ha decidido que asistirá él. Según la fuente de RBTH en el Kremlin, Moscú ahora más que nunca está interesada en los esfuerzos colectivos para resolver cuestiones internacionales, también porque en septiembre de este año Rusia acogerá en San Petersburgo la cumbre del G20 y en 2014 tomará el relevo en la presidencia del G8.

Como tema principal de su presidencia del G8, Reino Unido ha marcado los problemas de la economía mundial, sobre los cuales el propio primer ministro David Cameron escribió un artículo en The Wall Street Journal. Sin embargo, los funcionarios rusos señalan que la prioridad de Moscú durante la Cumbre en Lough Erne no es la agenda oficial, sino las conversaciones al margen.

En el Kremlin se espera que uno de los temas clave sea la situación en Siria. “Hace tiempo que las cumbres del G8 han adquirido el carácter de un acontecimiento a gran escala en el que es importante no lo que se declara sino lo que se está realmente debatiendo, especialmente en reuniones bilaterales”, confirma Fiódor Lukiánov, redactor jefe de la revista “Rusia en la política global”, familiarizado con las inquietudes de la administración presidencial.

Desde el momento en que en Siria estalló el enfrentamiento entre la oposición y el régimen de Bachar al Asad, Rusia, junto con China, ha bloqueado en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier intento por parte de Occidente de intervenir en el conflicto.

Será importante el tema de la crisis de la eurozona, especialmente a la luz de los recientes acontecimientos en Chipre. “Alemania, a juzgar por todos los indicios, tiene algún plan nítido que por ahora no ha revelado, aunque ya ha empezado a ponerlo en práctica. Por tanto, para Rusia es importante entender qué pasará en la Unión Europea en términos generales y en la zona euro concretamente”, dice Fiódor Lukiánov.

Según interlocutores de Rusia Hoy, la posición implacable de Moscú se explica por varios factores. En primer lugar, Rusia y personalmente Putin se oponen a la injerencia de la comunidad internacional en los asuntos de terceros países: esta posición es conocida ya desde 2003, cuando George Bush inició la guerra en Irak.

En segundo lugar, para Moscú sirve como precedente negativo el ejemplo de Libia, cuando los países de la OTAN utilizaron una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada con el apoyo de Rusia para ayudar a los rebeldes a derrocar del poder a Muamar al Gadafi. En tercer lugar, Moscú cuenta con importantes intereses comerciales y militares en Siria, que incluyen contratos para el suministro de armas y el pequeño puerto de Tartus.

Pero en las últimas semanas las posiciones de Rusia y Occidente han empezado a acercarse. En abril, visitaron Moscú el asesor de Seguridad Nacional estadounidense, Tom Donilon, y luego el Secretario de Estado John Kerry.

En mayo, Putin trató el “problema sirio” con Cameron en Sochi. Como resultado de estas consultas, se acordó celebrar una conferencia de paz en Ginebra sobre Siria. La oposición siria también pide que se apoye la iniciativa rusa, después de las reuniones de sus representantes en Turquía y en España.

“Es fundamental que los participantes en ambos encuentros hayan expresado un apoyo claro a la iniciativa ruso-americana para poner en práctica el Acuerdo de Ginebra”, declaró el ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov.

En este contexto, según las fuentes consultadas por Rusia Hoy, el objetivo mínimo para Rusia en la cumbre del G8 será obtener el apoyo a la Conferencia de Ginebra por parte de todos los miembros del G8 y la inclusión de este punto en la declaración final de los líderes.

El objetivo máximo a alcanzar es la coordinación de un plan común de acción a fin de evitar la prolongación de la guerra civil en Siria. Pero en el Kremlin se prevé que no será un camino de rosas.

En primer lugar, Moscú aún considera que Al Asad es un presidente legítimo y alberga serias preocupaciones con respecto a la oposición siria. En segundo lugar, las autoridades rusas creen que Arabia Saudí, Catar y Turquía están jugando sus cartas en Siria, así que si se les obliga a seguir una línea común con el G8 será difícil que se produzcan avances. Fiódor Lukiánov señala que, aunque en la cumbre no habrá representantes de Arabia Saudí y de Catar, eso no impedirá que se discuta el problema en el marco del G8. 

Después de Magnitski

El Kremlin tiene depositadas grandes esperanzas en las negociaciones con Estados Unidos. Putin y Obama mantendrán una reunión bilateral, que servirá de preparativo para su diálogo en San Petersburgo.

Vladímir Orlov, presidente del Centro PIR de Moscú, afirma que “Obama muestra buena disposición y deseos de desarrollar un diálogo económico y estratégico con Rusia. Probablemente, el punto más bajo de las relaciones bilaterales ya ha quedado atrás”.

De hecho, después del enfriamiento en las relaciones del año pasado se ha observado una tendencia positiva. “La lista Magnitski”, “la Ley Dima Yákovlev”,  la crítica de la relación de las autoridades con la oposición…

Todos estos temas pueden quedar relegados a un segundo plano el 17 de junio. Las discusiones en Lough Erne probablemente versarán en torno a los temas que Obama expuso en una carta a Putin y de la que le hizo entrega Donilon.

En este caso, el tema predominante será la seguridad nuclear, que Obama tiene la intención de marcar como prioritario en su segundo mandato. En San Petersburgo, según la carta, espera anunciar el comienzo de nuevas negociaciones con Rusia para reducir el arsenal de armas nucleares y en la Cumbre del G8 se establecerá el tono del diálogo que se mantendrá en San Petersburgo.

Se supone que se abordarán otras cuestiones en materia de seguridad. En particular, el programa de Nunn-Lugar en virtud del cual desde principios de la década de 1990, con medios de Estados Unidos, se desmantelan armas nucleares y químicas de Rusia.

Este programa cesará su actividad a mediados de julio de 2013. Orlov considera que en Irlanda del Norte “se presentarán documentos que crearán nuevos marcos legales y políticos de cooperación, ventajosos tanto para Estados Unidos como para la Federación de Rusia, donde ambas partes serán socios al mismo nivel y cada uno aportará sus dólares y sus rublos a favor de la causa de la no proliferación”.

Esta posibilidad ha sido confirmada también por las fuentes de Rusia Hoy, que señalan, sin embargo, que la rapidez en esta cuestión no favorecerá a dicha causa. “Vamos a trabajar activamente en el programa propuesto y no torpedear la iniciativa a menos que sea totalmente necesario”, concluye una fuente en el gobierno.

Otro tema relacionado con la seguridad es el sistema de defensa antimisiles. Washington propone firmar un acuerdo ejecutivo sobre la no orientación del sistema contra Rusia, pero sólo son válidos para la administración de Obama, pues Moscú exige mayores garantías.

“Las propuestas norteamericanas no satisfacen totalmente los intereses rusos, pero sí en un 30-40%. Si se llega a un 50% habrá una base para el diálogo. El impulso a estas negociaciones podrían darlo Obama y Putin en Irlanda del Norte”, indica Orlov.