La crisis de Chipre afecta a la clase media del país

Las protestas se sucedieron en Chipre tras anunciarse los planes de la Unión Europea. Fuente:  Getty Images.

Las protestas se sucedieron en Chipre tras anunciarse los planes de la Unión Europea. Fuente: Getty Images.

Los factores que llevaron a muchos rusos a instalarse en la soleada isla y a trasladarse allí con sus familias fueron la seguridad y el clima cálido, precisamente lo que les falta en su país de origen.

Por una fatal coincidencia de circunstancias, el día del juicio final para Chipre coincidió con la campaña electoral en Alemania, el país más influyente de la Unión Europea.

Además del buen clima, de la excelente infraestructura, de los vuelos directos diarios desde Moscú, San Petersburgo, Kiev, etc., la presencia de infraestructuras de servicio para las inversiones extranjeras, la estabilidad del régimen político, la transparencia de los principios de interacción con los poderes públicos, la disponibilidad de recursos para trabajar con empresas extranjeras… todos estos aspectos también contribuyeron a crear un clima favorable de inversión en Chipre.

El capital de los empresarios rusos que huían de las extorsiones, de la tiranía burocrática, del caos y de la inestabilidad económica de Rusia propia de la década de 1990 constituyó para Chipre una poderosa inyección de dinero, como lo fue el capital de los acaudalados libaneses que escaparon de la guerra civil de su país a mediados de la década de 1970.

Por tanto, se puede establecer una analogía directa entre los rusos que comenzaron a invertir activamente en la economía chipriota desde mediados de los años 90 y los libaneses que, con quince años de anterioridad respecto a ellos, hicieron una aportación esencial a la economía de la isla. No obstante, el flujo de las inversiones libanesas se agotó rápidamente, mientras que el dinero ruso continuó llegando de manera regular a Chipre hasta hace muy poco.

La mayor parte de capital ruso en la isla no es dinero negro. Las consultorías rusas recomiendan a sus clientes la isla como puerto fiscal legal con un impuesto único del 10%. Al encontrarse en la Unión Europa, y además siendo miembro de la eurozona, Chipre era la jurisdicción ideal para las transacciones con los contratantes europeos ya que, como se sabe, la Unión Europea es el principal socio comercial de Rusia.

Chipre tiene un acuerdo bilateral con muchos países (incluido Rusia) para evitar la doble tributación que permite a las empresas registradas en la isla pagar el 10% de impuestos en Chipre, que es el más favorable desde todos los puntos de vista. Sin embargo, en opinión de algunos expertos europeos, el sistema de tributación de Chipre puede calificarse de dumping y de su sector bancario dicen que es una “burbuja que estallará tarde o temprano”.
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Las consecuencias de la crisis son impredecibles. Fuente: Getty Images / Photobank

Chipre como chivo expiatorio

El tema del rescate de Chipre de la bancarrota se convirtió en una punta de lanza en las batallas electorales de los políticos alemanes y declaraciones del tipo “no dejaremos que se utilice el dinero de los contribuyentes alemanes para salvar los depósitos de los oligarcas rusos” cosecharon un gran éxito entre el electorado, a pesar de que se trate de puro populismo, ya que para el rescate de los bancos de la eurozona hay un fondo especial que no afecta en absoluto a los intereses de los contribuyentes de los países de la eurozona o de la Unión Europea.

Pero tales consignas surtieron efecto en la opinión pública, de modo que en la conciencia de los ciudadanos ha arraigado firmemente una imagen negativa de Chipre según la cual el dinero sucio de la “mafia rusa” fluye a raudales.

El autor de un artículo dedicado a Chipre en el diario Die Welt compara el gobierno chipriota con un estafador que, tras malversar todo su dinero, corre a hipotecar los bienes de la iglesia, aunque la situación fue diametralmente opuesta: el arzobispo de Chipre Crisóstomo II propuso hipotecar los bienes de la iglesia chipriota para que el “fondo de solidaridad” creado permitiera evitar la quita a los depositantes de los bancos.

Además, por alguna razón, se silenció el hecho de que precisamente bajo la presión de la Unión Europea Chipre acudió en ayuda de Grecia con una suma de 10.000 millones de euros (lo cual significa cerca del 55-60% de su PIB), por la cual Chipre no puede asumir ninguna responsabilidad y por la que, además, no ha obtenido compensación alguna.

Sólo hechos: 5.500 millones de euros fueron destinados a las filiales griegas de dos bancos problemáticos chipriotas en el marco de la ayuda de liquidez europea y Chipre perdió 4.500 millones más cuando el Consejo Europeo decidió la reducción de la deuda griega con la participación del sector privado, que se convirtieron en los factores principales que han originado la situación actual.

Hoy se da en la isla una situación excepcional: el euro como unidad monetaria que circula en Chipre ha perdido parte de su valor. La devaluación sería el proceso natural y lógico, si el país contara con su propia moneda nacional. Está claro que esta no es una opción que se pueda contemplar. Por ahora, ni siquiera economistas prestigiosos de renombre mundial se han atrevido a vaticinar las consecuencias de esto para el país en particular y para la eurozona en su conjunto.

Tanto los chipriotas como los residentes rusohablantes de la isla mediterránea que han sufrido directa o indirectamente el “saneamiento” del sistema bancario del país culpan unánimemente de sus desgracias a la troika de acreedores, que en la conciencia de la gente se encarna con la imagen de Alemania. La canciller alemana Angela Merkel y el ministro de finanzas Wolfgang Schäuble se han convertido en los personajes favoritos de los chistes y las caricaturas difundidos en las redes sociales.

Por ironía del destino, la quita a los depósitos con la intención de escarmentar a los oligarcas rusos, a cuya costa los medios de comunicación occidentales han alimentado a sus audiencias durante los últimos años, si ha afectado a los oligarcas lo ha hecho muy poco: gracias a las complejas estructuras de los holdings registrados en los puertos de paraísos fiscales de las islas del Océano Pacífico y de la estrategia razonada de repartir las acciones, su dinero constituía una parte insignificante de los depósitos bancarios chipriotas.
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Durante las protestas en Chipre se veían banderas rusas. Fuente: Vladimir Astapkovich / RIA Novosti.

La economía chipriota, puesta de rodillas

El mayor impacto lo han sufrido las pequeñas y medianas empresas, compañías que han dado trabajo a muchos isleños. Al igual que las firmas chipriotas, las rusas, cuyos activos estaban depositados en el difunto Laiki Bank y el ahora mermado Bank of Cyprus, también han sufrido considerablemente. En el futuro todo se desarrollará según el principio del “efecto dominó” y los siguientes años serán para Chipre y su gente muy difíciles, por decirlo suavemente.

Como suele suceder en períodos de crisis económica, las primeras víctimas son los grupos más vulnerables de la población: jubilados, familias numerosas, discapacitados que se enfrentan directamente a la miseria y la falta de recursos para cubrir sus necesidades básicas.

Desde hace algún tiempo los niños que pierden el conocimiento durante las clases por el hambre son un problema acuciante en los hasta hace poco florecientes países europeos del siglo XXI. En Chipre no hay prácticamente industria; el turismo apenas alcanza el 15% del PIB.

La isla vivía a expensas de los servicios públicos, y la destrucción de los sectores financieros y bancarios del país es una catástrofe de envergadura nacional que afectará a la vida de varias generaciones.

Pero dejemos la retórica a un lado. ¿Cómo han reaccionado a la crisis los habitantes rusos de Chipre? Demos la palabra a personas corrientes que viven de su salario, que aspiran a lo mejor para ellos y sus hijos, que hacen planes, sueñan y tienen esperanzas y que en Chipre constituyen la aplastante mayoría, a diferencia de los demoníacos oligarcas rusos, con los que algunos medios de comunicación asustan a sus lectores.

Larisa, 38 años, contable en una empresa de inversión:

“Hemos colaborado con el Bank of Cyprus, Laiki Bank y Hellenic Bank durante diez años y estábamos muy satisfechos con los servicios prestados. Para nuestros clientes la posibilidad de hacer transacciones rápidas y directas con Europa y Estados Unidos era crucial. En este sentido, nos resultaba muy cómodo trabajar con los bancos chipriotas, dado que las transacciones de dinero, por ejemplo, del Bank of Cyprus a América era un proceso sencillo y rápido. Ahora, por supuesto, los bancos chipriotas ya no son fiables. A la primera oportunidad, los depositantes se llevarán todo el dinero que les quede a otros países. ¿Adónde? Probablemente fuera de la eurozona, a Oriente Medio y Asia. La confianza en los bancos europeos se ha roto. ¿Quién puede garantizar que los economistas europeos no decidirán 'sanear' los bancos de Malta, Luxemburgo y Holanda a expensas de los depositantes?”

Antón, 32 años, propietario de una red de distribución de productos alimenticios procedentes de la UE.

“Mi negocio está más muerto que vivo. Tuve la imprudencia de mantener todos los fondos de la compañía en el Bank of Cyprus y llevo ya cuatro semanas tratando de entender qué debo hacer y cómo será el futuro. He invertido mucho esfuerzo y tiempo en este negocio y no fue hasta hace poco cuando empecé a obtener ganancias y saldar las deudas. La quita de los depósitos es una expropiación en toda regla, pensaba que solo los bolcheviques eran capaces de hacer algo así. Por decirlo simple y llanamente, es un robo, señores.”

Alexander, 40 años, director ejecutivo de una compañía naviera:

“Nuestra compañía ha perdido todo su capital. En las dos oficinas de Chipre trabajan cerca de 80 empleados, la mayoría chipriotas: operadores, especialistas en logística y contables. La compañía sigue abierta, nuestros buques continúan transportando fertilizantes, pero la compañía ya no tiene liquidez. El shock, el horror y la depresión se han apoderado de nosotros: quienes no sean despedidos tendrán que afrontar una rebaja sustancial del salario. Estamos pensando en marcharnos a otro lugar, vamos a ver lo que pasa en los próximos meses. No quiero irme de Chipre, pero quizá deba hacerlo.”

Vladislav, 47 años, dueño de una compañía farmacéutica:

“Estoy muy tranquilo. Por suerte, mi negocio tiene una relación muy indirecta con Chipre. La base de mi negocio está en Rusia. Me mudé con mi familia aquí por la seguridad y el clima cálido, mis hijos y mi mujer están felices. En el Bank of Cyprus sólo tenía algunos miles de euros. Pero para el país, por supuesto, se trata de un golpe muy duro, se ve incluso en las calles: las tiendas y las cafeterías están cerrando una tras otra, hay una gran cantidad de edificios vacíos, es un espectáculo fantasmagórico.”

Gueorgui, 52 años, propietario de una tienda de alimentación rusa.

“Nuestra empresa empezó a ir mal en 2008, cuando estalló la crisis. Incluso estuvimos pensando en vender el negocio, dado que apenas se facturaban ventas. El último mes hemos cerrado con pérdidas. Simplemente no puedo ni pensar cómo voy a pagar a los proveedores, el alquiler, liquidar las cuentas… La gente ahora va a las tiendas mucho menos y compra sólo lo imprescindible. Si la situación no mejora en los próximos dos meses, tendré que dejarlo todo y buscar un empleo, cualquiera que sea el salario, para alimentar a mi familia.”

Datos para la reflexión

El foro de internet de rusohablantes más veterano en la isla, que lleva en funcionamiento desde 2003, en los primeros días de la denominada crisis de Chipre realizó una encuesta bastante ilustrativa entre sus usuarios. La pregunta formulada era: “¿Dónde vais a llevar vuestro dinero?”. El 82% de los encuestados escogieron unánimemente bancos fuera de la eurozona y de la UE (como opciones barajaban Hong Kong, Singapur, Rusia e incluso China, también bancos suizos). Otra parte de los encuestados consideraban invertir el dinero en valores refugio fuera del sistema bancario: oro, platino, inmuebles, Bitcoin.

Por cierto, un abogado emprendedor ha aglutinado a un grupo de clientes rusos de Laiki Bank, cuyos depósitos van de los 100.000 al millón de euros, con la intención de presentar un recurso en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La exigencia del Eurogrupo de que Chipre recaude la suma irrisoria, conforme a las medidas globales, de 5.800 millones de euros, procedente de los depositantes de sus bancos, ha socavado la credibilidad en todo el sistema bancario, y las consecuencias de esto a largo plazo aún no se han valorado de una manera objetiva.