España: paraíso para niños y jubilados rusos

Fuente: Alamy / Legion Media

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La imagen típica de España en Rusia es la de elegantes complejos turísticos, un servicio europeo, regocijo ininterrumpido, lujo y riqueza. Pero los corresponsales de Kommersant, que han recorrido los principales centros turísticos del país, han descubierto la España menos típica y más realista. Esta es ciertamente el paraíso para niños y jubilados, pero sería el último lugar al que acudir en busca de trabajo o una carrera profesional.

Masas de turistas paliduchos de Rusia y otros países del norte de Europa salen de sus respectivos aviones, todos vestidos con pantalones cortos de flores y camisetas, acompañados de niños aturdidos con sus flotadores colgando del hombro y, después, para huir del calor, se meten en autobuses ansiosos de llegar a las playas para atrapar cuanto antes unos rayos de sol, tragar un poco de agua marina, bailar hasta la extenuación en las discotecas nocturnas y, al cabo de una semana, volver a casa con las caras rojas y despellejadas, y la sensación de haber aprovechado al máximo las vacaciones. Esa es la imagen habitual.

Pero la España que nosotros vimos a finales de febrero fue una que los turistas no suelen conocer. En el aeropuerto de Madrid a uno le sale el vapor de la boca, porque hace 6 grados y viento, y los cerros de Andalucía están cubiertos de nieve.

La Plaza Mayor de Trujillo, con su casa consistorial, sus templos y sus hotelitos antiguos cubiertos de musgo, parece el decorado de una película caballeresca. Pero no hay donde comer: algunos restaurantes aún no han abierto, otros ya han cerrado, hay poca gente y nadie tiene nada que hacer. Al mirar una puerta, vimos a un hombre que engullía solitario una sopa.

Pedimos que llamara a un camarero, pero el hombre respondió sombrío: "Esto no es un restaurante, es mi casa". Después nos explicó lo evidente: "Cuando no hay sol, no hay turistas". Es el entreacto que dura entre un verano y el siguiente. 

Residencia compacta

La gran mayoría de los rusos que atienden a sus compatriotas en agencias inmobiliarias, bufetes de abogados y agencias de viajes, recibieron sus permisos hasta obtener la ciudadanía española sin gastar ni un céntimo. Casi todos fueron antiguos "sin papeles". Llegaron a España con un visado de turista y no quisieron volver a Rusia.

Pero ahora que encontrar trabajo resulta difícil para los propios españoles, ni se imaginan lo que es para los "sin papeles". 

Sin embargo, ahora llegan a España otro tipo de rusos. Por ejemplo, niños que vienen a estudiar. Así, este año, en la escuela de pago El Limonar International,  han estudiado 50 niños rusos.

La pequeña ciudad de Torrevieja, por caprichos del destino, se ha convertido en uno de los mayores centros de concentración de la diáspora rusa en España.

Precisamente ahí es donde, a principios de los 2000, tuvo lugar el proceso de construcción más activo de la Costa Blanca, y entonces llegaron miles de inmigrantes irregulares de la CEI. Por otra parte, los rusos solo siguieron una tendencia ya existente: el 55% de la población local está compuesta por extranjeros de un total de 130 nacionalidades. La cifra de rusos en Torrevieja es de 4.500 (un 5%).  

Tipos de inversores rusos en España

Los actuales inversores rusos en España pueden dividirse en dos categorías principales. La primera la forman parejas mayores, hartas de la manera de hacer negocios y de la vida en Rusia, anhelan una vida tranquila en un “país civilizado”.

La segunda son parejas jóvenes con niños pequeños en las que el cabeza de familia trabaja en Moscú y hace visitas periódicas a su allegados, mientras los niños disfrutan de un clima cálido, la fruta a buen precio y buenas condiciones ecológicas y dan sus primeros pasos para obtener una educación europea.

Vladímir Ivánov, que se ha pasado por la cafetería de Tatiana Semiónova a tomar un café, cuenta una historia banal. Tenía un negocio de éxito en Krasnoyarsk (comerciaba con desechos forestales y era dueño de una fábrica de cubiertas lacadas) y buenas relaciones con las autoridades y con la policía. Hasta que se metió con quien no debía y entonces todos sus contactos locales resultaron inútiles.

Es un hombre mayor, así que decidió abandonar su negocio en Rusia y se mudó a España para dedicarse a cualquier cosa. Al principio quería una casa, pero no le gustó la falta de infraestructura urbana, así que hace un año se compró un apartamento de 80m2 (tres dormitorios) y ahora quiere cambiarlo por una casa-dúplex en la ciudad de 170m2.

Oxana y Antón Zygar pertenecen a la otra categoría. Oxana vive casi de continuo junto con su hija de cuatro años en un pueblo llamado Punta Prima (Alicante). El pasado junio la familia adquirió una casa de cuatro plantas y 160m2.

En el vecindario son todos extranjeros: ingleses, noruegos, irlandeses,... hay varias familias de entre seis y ocho miembros. Según Oxana, la relación con los rusos es la siguiente: donde hay pocos, excelente; donde hay muchos, no tanto. Han trabado amistad con unos noruegos, los invitan a cenar y se escriben e-mails. Los irlandeses son más molestos, parecidos a los rusos: pueden salir a la discoteca a medianoche y volver más tarde dando voces y gritos.

Antón tiene un negocio en Moscú. En verano visita a su familia cada dos o tres semanas. Luego, a finales de octubre o principios de noviembre, en Año Nuevo y en febrero, para disfrutar de una primavera temprana.

— ¿Y no se siente sola? — pregunto a Oxana. 

— Qué va. Vamos a la playa, a las atracciones infantiles (en los alrededores hay parques acuáticos y zoos), de tiendas... Me sorprendió mucho también la forma de conducir: En Rusia conducimos como si fuéramos a la guerra, pero aquí el tráfico es muy tranquilo. Además hay clases de baile y de lengua española. En Año Nuevo llegaron muchos loros. Un día salimos a pasear y un loro se posó en la cabeza de mi hija... llegó a casa con el loro aún sobre la cabeza.

Nos pareció interesante averiguar qué opinan las autoridades locales sobre esta “invasión” de los rusos. El concejal de Cultura y Turismo de Torrevieja, Luis María Pisana, es muy joven, aún no ha cumplido los treinta.

— Ahora, con la crisis, todos quieren el dinero ruso, — afirma.— Además, siempre nos han gustado los rusos y nos hemos acostumbrado a su presencia. En general, somos una ciudad multicultural de marinos y pescadores, y nunca nos han molestado los extranjeros. Los rusos son un pueblo culto, saben mucho y se adaptan bien. El ballet de Moscú viene casi todos los años.

— ¿Y qué hay de los mitos de la mafia rusa

— En todas partes hay gente buena y mala, pero la mayoría viene en busca de una vida mejor. Es cierto que los extranjeros cometen más delitos, pero recordemos a los colombianos, venezolanos, albanos y rumanos. Sí que ha habido grupos de criminales rusos de entre 10 y 15 individuos, pero nuestra policía hace un buen trabajo. Aquí hay una peor relación con los rumanos. En general, tenemos muchas esperanzas depositadas en el rol de los rusos en nuestra economía.

Por otro lado, existe también una clase pudiente que compra casas sobre todo en la zona de Marbella. El director de cine Nikita Mijalkov o el escultor Tseriteli cuentan con casas en lugares exclusivos, casas que suelen costar más de un millón de euros.

Con vistas a un futuro laboral 

Muchos padres rusos opinan que obtener una educación europea es un buen comienzo para que sus hijos tengan una carrera internacional. Una formación europea da puntos extra a cualquier joven candidato: los empleadores rusos siguen viendo con mejores ojos a aquellos que poseen diplomas extranjeros.

Artículo recudido. Publicado originalmente en ruso en Kommersant-Dengui.