¿Extender el arte o centrarse en el talento?

El foro se celebró en el aula magna de la Universidad de Barcelona. Fuente: Maite Montroi

El foro se celebró en el aula magna de la Universidad de Barcelona. Fuente: Maite Montroi

Más de un centenar de directivos de instituciones culturales de Rusia y Cataluña se reúnen en Barcelona en el II Foro Internacional de la Cultura “Mirando hacia el futuro”.

¿Dónde debe exponerse un objeto artístico: en un museo o en su lugar de origen? ¿Es mejor que la cultura se financie con dinero público o que se promocione la iniciativa privada? ¿Hay que hacer llegar el arte a cuanta más gente mejor, o hay que discriminar y concentrar los esfuerzos solamente en los que tienen más talento? 

Estas son algunas de las preguntas que se han puesto a debate en el II Foro Internacional de la Cultura “Mirando hacia el futuro”, que se ha celebrado en Barcelona y en el que han participado más de un centenar de directivos de instituciones culturales de Rusia y Cataluña. Las jornadas han sido organizadas por la asociación rusa sin ánimo de lucro El mundo de la cultura. 

“A menudo veo músicos de gran calidad en las estaciones de metro de Barcelona y me preguntó ¿cómo es que están tocando en la calle, en vez de hacerlo en una orquesta?”, se interroga Marina Sayfúllina, siberiana y musicóloga afincada en Barcelona, por tanto, una buena conocedora del sistema cultural ruso y catalán. 

“En Cataluña, hay mucha gente en coros y orquestas amateurs, sin embargo, hay muy pocos músicos que puedan ganarse la vida como profesionales. No hay orquestas filarmónicas. En cambio, en Rusia, es al revés. El sistema está enfocado a formar músicos con talento, para que ganen concursos internacionales”. 

Eso sí, advierte Sayfúllina, “ser músico profesional representa ensayar dos y tres horas diarias ya desde pequeño, con lo que los niños que se dedican a ello, no disfrutan de la infancia. Esto en Rusia está socialmente aceptado, pero en España, no es así”. 

“Los niños y las niñas que quieren ser bailarines, tienen que trabajar, incluso, diría que sacrificarse”, rubrica Irina Shamatrina, profesora de danza clásica en Barcelona, quien señala que la valoración que brinda al sociedad rusa y la española a los bailarines es diametralmente diferente. “Los bailarines son en Rusia lo que en España los futbolistas”. 

Más diferencias. Cataluña tiene unas instituciones culturales “fuertes y muy consolidadas” y, además, están “estrechamente ligadas” al tejido cultural, según el representante del Ayuntamiento de Barcelona, Carles Sala. Por el contrario, en la Federación Rusa, las instituciones culturales “se están formando”, apunta el responsable de teatro del Ministerio de Cultura ruso, Yaroslav Siedov. 

Desde el punto de vista del patrimonio, el reto es compartido: preservar el pasado (los edificios históricos) y a la vez construir el futuro con elementos de arquitectura “rabiosamente contemporánea”, en palabras de Gaspar Coll, historiador del arte de la Universidad de Barcelona.

 Y en cuanto a museos, uno de los interrogantes que se plantean es si los objetos de arte se tienen que preservar en estos centros o en su lugar de origen. Dos ejemplos para ilustrar diferentes soluciones: en Cataluña, se arrancó el ábside de la iglesia de Santa Maria de Taüll (en los Pirineos) para exponerlo en el Museo Nacional de Arte de Barcelona. 

En cambio en Moscú, diversas obras de arte religioso –entre ellas, iconos valiosos- han hecho el viaje inverso, desde la Galería Tetriakov, a la iglesia. 

“En la Federación Rusa, el apoyo del Estado al arte es muy importante”, según Siedov. La afirmación despierta la envidia del público catalán, puesto que en España la cultura ha sufrido drásticos recortes de dinero público y subidas de impuestos del mismo calibre. 

“El Estado garantiza, además, el acceso a la cultura de toda la ciudadanía de nuestro inmenso país”, continua Yaroslav Siedov. Sin embargo, “hay que estudiar bien la eficacia de los recursos”, ya que, por ejemplo, el intercambio de artistas entre diferentes regiones es “imprescindible desde el punto de vista profesional”, pero también “muy costoso”. 

Por su parte, la profesora de la Academia Rusa de Artes Teatrales Yulia Bolshakova reflexionó sobre la “utilidad” de los productos culturales y el concepto de “vendible”, cada vez más presente en los planes de estudio de los futuros artistas. 

El contrapunto a la política estatalista rusa lo puso Margarita Ruiz, gerente de la Fundación Suñol. Esta entidad privada la creó Josep Suñol con la intención de compartir con la ciudadanía su impresionante colección de arte. “No depender del dinero público facilita mucho la toma de decisiones”, subrayó Ruiz. 

La gerente de la Fundación Suñol también apuntó una cuestión en común entre Rusia y España: la poca tradición y educación de que goza el arte contemporáneo, así como el escaso apoyo institucional.