Reformas ocultas en Corea del Norte

Dibujado por Dan Pototski

Dibujado por Dan Pototski

Los cambios estructurales eran previsibles, pero algunos de los nuevos nombramientos son extraordinarios e incluso sorprendentes.

Mientras se hablaba de la creciente tensión entre los dos Estados coreanos se ha restado atención a otros hechos importantes ocurridos en Corea del Norte, que, de no ser por esa cortina, habrían encontrado un eco mucho mayor en los medios de comunicación.

A principios de abril se produjo una profunda remodelación en la cúpula norcoreana. En cierta manera esos cambios estructurales eran previsibles, pero algunos de los nuevos nombramientos son extraordinarios e incluso sorprendentes.

El año pasado, en Corea del Norte, el poder se desplazó radicalmente de las manos de los militares a las de los altos funcionarios del Partido. A pesar de que todavía está vigente la política “songun” de primacía militar, propia de la época de Kim Jong Il, después de su muerte, se ha sometido a los militares a unas purgas sin precedentes.

Tres de los cuatro generales que caminaron junto al ataúd de Kim Jong Il han desaparecido sin dejar rastro. Del último se sabe que ha sido eximido de sus obligaciones militares y que se le ha asignado un trabajo civil de escasa relevancia. A un gran número de altos mandos militares de Corea del Norte también los han despedido.

Andréi Lankov, nacido en 1963, es un historiador especializado en Corea. Escribió su tesis doctoral sobre el primer estado moderno de Corea, pero en los últimos años su trabajo se ha centrado principalmente en Corea del Norte. También es conocido por sus artículos periodísticos sobre la historia de Corea en general, en especial del periodo posterior a 1500 y de los albores de la Corea moderna. Ha publicado varios libros (cuatro de ellos en inglés) sobre la historia de ese país. Tras enseñar historia coreana en la Universidad Nacional de Australia, en la actualidad da clases en la Universidad Kookmin de Seúl.

Un acontecimiento significativo ha sido el apoderamiento parcial de puestos militares por parte de burócratas civiles. Un buen ejemplo de ello es el caso de Choe Ryong-hae quien, antaño funcionario del Partido del Trabajo de Corea, fue ascendido a vicemariscal y hecho responsable del adoctrinamiento político dentro de las fuerzas armadas. Ex primer secretario de la provincia de Hwanghae, a Choe se le asignó en abril el mayor cargo militar de entre la lista del Partido, superando a soldados de carrera.

No obstante, la mayor sorpresa fue el ascenso (o, más bien, el reascenso) de Pak Pong Ju, que fue designado nuevamente como primer ministro norcoreano. A principio de los años 2000, a Pak se le consideraba un burócrata reformista.

Se cree que fue uno de los cerebros que estuvo detrás de las reformas económicas de 2002 que a día de hoy siguen siendo el intento más radical de reestructurar la economía anacrónica y moribunda de Corea del Norte.

Cuando entre los años 2005-2007 hubo una reacción violenta contra las “tendencias reformistas”, Pak cayó en desgracia. En 2007, fue destituido de su cargo de primer ministro y enviado a una zona rural para gestionar una planta química, un descenso bastante amable para los estándares norcoreanos.

Sin embargo, auspiciado por Kim Jong Un, volvió a entrar en escena y finalmente, a principios de abril, recuperó el cargo que perdió hace exactamente seis años.

¿Qué significa todo esto? Sería prematuro afirmar que los acontecimientos actuales indican que Corea del Norte avanza hacia una política económica más relajada (¿o deberíamos decir más racional?). Pero esa interpretación es la más válida.

La destitución de esos generales, muchos de los cuales se cree que son partidarios de la línea dura, despeja el camino para que se dé algún tipo de cambio radical, suponiendo que el gobierno de Kim Jong Un esté dispuesto a seguir el camino políticamente peligroso de tratar de emular a China. La vuelta de Pak al cargo de primer ministro parece apuntar en la misma dirección.

A menudo se dice que las reformas económicas de Corea del Norte no son compatibles con sus arrebatos de histrionismo en el escenario mundial, pero este no es necesariamente el caso.

Para tener éxito, los reformadores deben encontrar la manera de evitar que surja una oposición activa. Con respecto a esto, tendría sentido agravar las tensiones internacionales de vez en cuando. Después de todo, recordar al pueblo norcoreano la omnipresente amenaza exterior es una buena manera de garantizar su docilidad y de mantener a raya sus demandas. En otras palabras, cargar las tintas sobre la inminente amenaza de una invasión extranjera suele ser bueno para la estabilidad.

Se sostiene a menudo que el flujo de capital extranjero será vital para garantizar la recuperación económica de Corea del Norte. De acuerdo con este mismo argumento, las tensiones son perjudiciales para los negocios. De todas formas, no siempre es así.

El dinero de Corea del Sur y de los Estados Unidos podría ser útil para el crecimiento económico, pero esos fondos son también peligrosos porque probablemente también vayan acompañados de la difusión de información sobre la prosperidad de Corea del Sur. En las etapas iniciales de las reformas este conocimiento puede ser desestabilizador.

¿Veremos una “reforma con características norcoreanas”, que podría combinar movimientos graduales hacia una economía de mercado con ocasionales gestos intimidantes? Es demasiado pronto para decirlo, pero la propuesta es menos inverosímil de lo que se suele creer.