El duro camino de la lengua rusa en España

Lingüistas como Rudolf Slaby o Constant Brusiloff crearon escuela antes de la Guerra Civil. En plena dictadura franquista, cuando la obsesión anticomunista del régimen dificultaba su docencia, se siguió enseñando. Tras esta etapa gris, la perspectiva ha cambiado de manera radical. Primero fue la implantación de Filología Eslava en la universidad y actualmente el Grado en Lenguas modernas y su literatura. Hoy son catorce facultades de filología las que imparten ruso en su plan de estudios universitarios.

El aprendizaje de este idioma era algo habitual en países como Francia, Alemania, Inglaterra o Italia desde hacía varios siglos. En España, la tradición era bien distinta. Toda ideología procedente del Este de Europa quedaba rechazada. Incluida el estudio del propio idioma. 

El lingüista checo Rudolf Slaby fue probablemente el primer profesor de temas eslavos que impartió clases en una universidad española.  Nunca imaginó que la Universidad de Barcelona le concedería la venia legendi (distinción para impartir clases) de 1922 a 1926 para enseñar de forma pionera las “desconocidas” lenguas eslavas en la época. 

El inicio de la primera Guerra Mundial le sorprendió de viaje por España, donde se recluyó durante varios años. Mikel Aizpuru, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco y autor del libro El Informe Brusiloff, destaca que “al inicio de la Gran Guerra y especialmente tras la revolución de 1917, las autoridades españolas manifestaron una actitud muy recelosa hacia cualquier persona que pudiese venir de esta zona”. 

 

Constant Brusiloff impartiendo clases de ruso en los años 30. Fuente: Mikel Aizpuru

Poco se conoce de esta disciplina previa a la dictadura franquista. Tan solo un libro, publicado en el año 1935 Lengua Rusa. Libro del Maestro, considerado manual de referencia de la eslavística española. En plena la Segunda República, Brusiloff escribió esta obra rompiendo los esquemas. Durante su estancia en Madrid, cursó el certificado de Estudios Hispánicos de la Universidad Central, lo que le permitió introducir posteriormente la primera oferta de lengua rusa en el calendario universitario de 1935-36. 

Durante la Segunda República, el lector Brusiloff impartiría dos asignaturas: Lengua rusa, en su nivel inicial y avanzado durante tres horas semanales, además de Literatura rusa. Lecciones de Pushkin, Gógol, Turguéniev, Dostoievski y Tolstói no faltaban en esta docencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital de España. 

Aída Fernández Bueno, catedrática de Filología Eslava en la Universidad Complutense de Madrid, señala que esta etapa “representó un hito en la historia de esta filología y su obra trascendió por su valor didáctico”. 

Una época incierta para el idioma: el franquismo 

No fue hasta los años 50 cuando España comenzó a retomar interés por el mundo eslavo. Los pasos eran discontinuos y escasos aunque gracias a figuras como Antonio Tovar la eslavística seguía abriéndose camino. 

Este catedrático de Latin llevó a cabo un estudio durante largos años sobre el origen de las lenguas indoeuropeas. En 1949 publicó una obra de ardua investigación sobre los antiguos alfabetos eslavos y su evolución fonética, Antiguo Eslavo Eclesiástico. 

Su implicación fue tan comprometida con las raíces del idioma ruso que colaboraría activamente en la creación del primer Departamento Universitario de Ruso en España en 1955, vinculado a la Escuela Oficial de Idiomas de la Universidad Central de Madrid. 

En esta etapa Tovar quiso dar a los alumnos la posibilidad de estudiar idiomas como complemento a la formación universitaria. Entre ellos estaba el  ruso. Las primeras clases de esta lengua reunían a un contingente de setenta estudiantes. Maria Sánchez Puig destaca en su estudio Eslavística española: primeros pasos, que “se trataba de una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta la época”. 

Antonio Pretel encontraría un panorama más politizado al sur de España. Gracias al catedrático Antonio Gallego Morell, este granadino que partió en el año 39 a Leningrado a bordo de un buque junto a su familia como niño de la guerra, se convirtió a su vuelta del exilio en el primer profesor de ruso de Granada. 

 

El primer profesor de lengua rusa en Granada Antonio Pretel. Fuente: María Serrano

“Las clases de ruso no eran muy abundantes. Había algunos chicos y chicas politizados, proclives a militar ilegalmente en partidos o grupos de izquierda. Nunca me interesé por el interés político de mis clases, aunque algunos me lo confesaban”, destaca a sus 80 años. A pesar de ser un idioma que se podía impartir legalmente en España, la obsesión anticomunista del régimen no permitía que se generalizara. 

Hasta la década de los 90 la universidad española no acogió la especialidad conocida como Filología Eslava. Tres facultades abrieron las puertas a este campo: Madrid, Granada y Barcelona. “Los maestros de esta materia no solo éramos especialistas de Filología Eslava, sino que también hacíamos carrera como intérpretes de lengua rusa”. 

Sin embargo, estos estudios se extinguieron formalmente en el año 2010. El sistema educativo europeo ha obligado a la adaptación de esta filología al actual grado en lenguas modernas y su literatura. 

Rafael Guzmán Tirado, catedrático de Filología Eslava en la Universidad de Granada, apunta que este cambio ha permitido que “esta enseñanza se adapte al nuevo panorama mundial, aunque se han perdido conceptos como el aprendizaje de aspectos profundos de la cultura rusa”. 

Este nuevo título universitario se imparte hoy día en catorce facultades españolas, entre las que se encuentran algunas nuevas en la materia como Valladolid, Santiago de Compostela, Canarias  o Zaragoza, entre otras. 

El nuevo plan de estudios, basado en la formación lingüística, tiene una estructura de dos lenguas modernas; una lengua Maior y Minor, de tal modo que el alumno adquiere un nivel alto de una lengua frente a otra de menor carga docente. 

Entre las lenguas Maior se ofertan alemán, árabe, francés, italiano, polaco o ruso. Entre las lenguas Minor, árabe, búlgaro, eslovaco, hebreo moderno y  lenguas románicas. 

La elección del idioma ruso dentro de la nueva enseñanza es actualmente de un 20% por parte de los alumnos dentro de la oferta existente.

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