Oriente Medio: escenario para un esfuerzo conjunto entre Rusia e India

La diplomacia de ambos países promueve alternativas para solucionar  esta convulsa región. Fuente: AP

La diplomacia de ambos países promueve alternativas para solucionar esta convulsa región. Fuente: AP

Rusia e India promueven una interacción multilateral en diversas áreas y foros. Es en Oriente Medio donde ahora más que nunca esta cooperación es necesaria. Se trata de normalizar unos conflictos de alta intensidad en la región más explosiva del mundo.

El progresivo aumento de la complejidad de la situación sociopolítica en Oriente Medio, que se manifiesta a través de una creciente conflictividad entre los grupos étnicos y que afecta la vida de todos y cada uno de los grupos nacionales sin excepción, se descompone en multitud de “rompecabezas” extremadamente explosivos: el sirio, el turco, el palestino-israelí, el iraquí, el iraní, etc.

El intento de desentrañar intelectualmente, en coordinación con otros miembros de la comunidad internacional, y de solucionar el “rompecabezas de los rompecabezas” de nuestro tiempo será un mérito indudable de la diplomacia india y rusa.

Me limitaré a considerar algunas circunstancias que tienen relación directa con una gestión viable en común y con los problemas fundamentales de la política exterior en Oriente Medio.

En cuanto a la “crisis siria” se refiere, cabe destacar algunas cuestiones. En primer lugar, a pesar de la fuerte presión tanto externa como interna, la coalición sociopolítica de las fuerzas seculares en Siria no se ha desintegrado.

En segundo lugar, una parte del establishment norteamericano de política exterior, incluyendo el Secretario de Estado John Kerry, es consciente de la necesidad de conservar el carácter secular de la sociedad siria, y eso está entre los grandes intereses estadounidenses porque amplía para este país (y también Rusia, India y China) el “corredor de opciones” frente a la normalización de la “crisis siria”.

En tercer lugar, la solución “islámica” en Siria empuja al aliado estratégico de EE UU en la zona, Israel, hacia una “zona de incertidumbre”, lo que es poco probable que no sea bien recibido.  En una palabra, habrá que normalizar “la crisis siria” por la vía de un complejo compromiso que debe tener un carácter institucionalizado, es decir, quedar fijado en un tratado. En ese ámbito, el papel de Rusia e India tiene que ser activo.

Por otro lado, los círculos gobernantes de Turquía han complicado significativamente la situación de su propio país. El sostenido crecimiento económico en el país otomano ha incitado a una parte de los gobernantes a “lanzarse” sobre los mercados de Oriente Medio.

Semejante expansión económica, fácilmente comprensible, llegó junto con la ideología “neo-otomana”, que es poco probable que goce de la simpatía en los países árabes, que sufrieron un largo periodo de colonialismo turco.

Esta línea tan agresiva en política exterior, que va en contra de los principios del fundador del estado turco moderno, Kemal Atatürk, a mi modo de ver, ha sido uno de los factores que ha sacado del estado letárgico al Egipto postMubarak, cuyos líderes aspiran a neutralizar la influencia de Turquía en Oriente Medio (y fomentarán esta tendencia por todos los medios), mediante una activa política exterior que incluye el restablecimiento de los lazos con Irán.

Además de esto, el apoyo a las fuerzas “rebeldes” de Siria tiene como consecuencia el aumento de la tensión dentro de la propia Turquía, en tanto que los aliados occidentales temen que el hecho de que Ankara muestre abiertamente su apoyo a los rebeldes pueda acercar una “gran guerra” en Oriente Medio de consecuencias difíciles de prever, incluso para el propio Occidente.

Finalmente, los especialistas son plenamente conscientes de que actualmente hay pocas esperanzas de solucionar parcialmente el problema kurdo, es decir, que se ofrezca a los kurdos una autonomía cultural.

Además, más del 85% de la población de Turquía se muestra en contra de un conflicto bélico con Siria; y teniendo en cuenta la complicada situación política interna, Ankara no puede actuar en varios frentes.

Hay otra cuestión que deriva del “rompecabezas” de Oriente Medio: ¿cuál será el destino de las “monarquías petroleras” del Golfo Pérsico, lideradas por Arabia Saudí?

Es sabido, por ejemplo, que en esta zona se está ralentizando el ritmo de crecimiento y que una parte de las élites “de la monarquía petrolera” que han sido apartadas del poder  acarician la idea de una monarquía representativa/constitucional capaz de representar más adecuadamente los intereses de los estados “líderes” de la península Arábiga.

¿Acabará el minúsculo Bahréin convirtiéndose en el detonador de los sistemas políticos de las monarquías?, ¿Cumplirá el papel de la Túnez de hace dos años?. (Últimamente circula el  rumor de que el Emir de Catar ha adquirido una isla griega).

El estado Saudí está arriesgando mucho al prolongar un conflicto con Siria (y, por ende, con Irán), y si se continúa así solo habrá vencedores y vencidos.

Y esto sucede en el momento en que EE UU, a juzgar por las apariencias, inicia una nueva política, más realista y equilibrada, en relación a Irán.

Finalmente, la normalización de Afganistán tras la retirada estadounidense entraña una amenaza para las “monarquías petroleras”, en el sentido de que hace que un flanco de su sistema de defensa quede débilmente protegido justamente cuando Irán se está mostrando más activo geopolíticamente.

Otro factor de relevancia, en los estados musulmanes se registra un rápido aumento del potencial demográfico. Algunos de sus líderes defienden la islamización radical de sus sociedades como una suerte de califato moderno.

Por eso es de suma importancia mantener el secularismo como fundamento de los sistemas políticos de Oriente Medio, y no solo de éstos. Sobre Siria ya se ha mencionado.  Hay otra fuerza que se opone al radicalismo del discurso islamista, Israel. La cuestión es, ¿es capaz Occidente por sí mismo de defender la idea del secularismo en las relaciones internacionales en esta región?

La desintegración del mundo bipolar ha debilitado a las instituciones internacionales que regulan los conflictos globales. La salida del “neocolonialismo soviético” del escenario de la historia solo ha hecho patente la incapacidad de EE UU para dirigir el mundo en base al orden “unipolar”.

Libia y Siria han provocado una revisión impostergable “del orden mundial centrado en Norteamérica”. Resulta evidente que la ONU no hará frente al cumplimiento de sus funciones en lo que respecta a la resolución de conflictos y a la normalización de otros problemas inmediatos y a largo plazo.

Por lo tanto, a mi modo de ver lo que se necesita no son reformas parciales de la institución básica internacional, lo que probablemente implicaría más palabras que hechos, sino un consenso significativo del amplio círculo de estados que participan activamente en la política mundial (incluyendo, por supuesto, a Rusia, la India y China) y que son capaces de defender no solo sus propios intereses, sino también los objetivos de naciones menos poderosas. En esta empresa, India y Rusia pueden y deben mostrar iniciativa.