Rusia mantendrá su presencia en la Venezuela poschavista

Durante el gobierno de Hugo Chávez se estrecharon las relaciones económicas y energéticas, así como con otro países latinoamericanos. Fuente: Flickr / www.ukberri.net

Durante el gobierno de Hugo Chávez se estrecharon las relaciones económicas y energéticas, así como con otro países latinoamericanos. Fuente: Flickr / www.ukberri.net

Venezuela ha sido durante una década larga el principal socio de Rusia en América Latina.

Hugo Chávez ha muerto  a las cuatro y veinticinco de la tarde de un martes de marzo. Era (nunca mejor usado el tópico) la crónica de una muerte anunciada. Para Venezuela, y para América Latina, la muerte de Chávez es un evento traumático que deja las puertas abiertas a una nueva realidad para el continente. 

Sin embargo, el fallecimiento del presidente venezolano en un hospital de Caracas también resuena mucho más allá de América Latina y se escucha con fuerza en Moscú, a las puertas de la Plaza Roja.

Venezuela ha sido durante una década larga el principal socio de Rusia en América Latina. Una relación que se fortaleció en torno al petróleo,   pero que se extendió a facetas como la militar o la cultural.

El gobierno de Chávez recibió hace un año préstamos superiores a los 4.000 millones de dólares para adquirir blindados BTR-80A, vehículos Tigr para transporte de infantería y sistemas de artillería antiaérea de 23 milímetros, que se sumaban a 7.000 millones de dólares adicionales en préstamos similares.

Y apenas hace unos días, la petrolera rusa Rosneft,  de propiedad pública, llegó a un acuerdo con la Corporación Venezolana de Petróleo para invertir más de 16.000 dólares en la creación de una empresa conjunta para explotar los pozos de Venezuela.

En ese escenario, es evidente que la muerte de Chávez -un mandatario cuya estrategia ha pasado durante todo su mandato por acercarse a países ajenos a la órbita de Estados Unidos para fortalecerse internacionalmente- tendrá efectos duraderos en el tiempo. 

Según el experto David Hernández Corrochano, que ha sido analista político e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en México, los lazos entre Rusia y Venezuela no se resquebrajarán tan fácilmente.

“La necesidad de inversión en tecnología de PEDEVESA y la dependencia petrolera del país que Chavez perpetúo, sitúan a Rusia como un socio de primera magnitud no solo económica, sino también política y al que le puede favorecer la continuidad del ALBA”, cuenta Hernández Corrochano desde Madrid.

A nivel internacional, existe un eje en torno a Venezuela que ha permitido a Rusia reforzar su posición en países como Bolivia, Ecuador o por supuesto, Cuba. 

Por ello, hace una recomendación: “En este sentido, creo que la mejor posición de Rusia no es simplemente la de la continuidad, sino la de ayudar a Venezuela a salir de la dependencia petrolera y conseguir que ALBA tenga una nueva ubicación regional, sí como una alternativa pero no como un contrincante a los tratados de libre comercio u otras inversiones de capital extranjera”.

Hasta cierto punto, la muerte de Chávez representa un varapalo para los intereses de Moscú en la zona. Apenas el 31 de enero de este año, en plena misión internacional, el director de Rosneft, Ígor Sechin, transmitió de parte de Vladímir Putin al hoy dirigente Nicolás Maduro los deseos de mejora de Hugo Chávez. El mensaje fue leído en directo por Maduro en la televisión venezolana. 

La pregunta es, precisamente, qué actitud tomará Maduro hacia Rusia una vez se consolide (si se consolida) en la silla presidencial.

Maduro, explican los analistas (incluyendo a Corrochano, actual director de Órbita Política en Madrid) es un personaje pragmático que seguirá esforzándose por encontrar contrapesos al papel que juega Estados Unidos en la región. 

“Si la figura de Maduro se fortalece, la posición de Venezuela respecto a Estados Unidos o la Unión Europea puede variar hacia un mayor acercamiento, en detrimento de Rusia. Sin embargo, esto no quiere decir que las relaciones con Rusia no dejen de ser fundamentales en sectores como el energético”, dice en la entrevista el investigador español.

Es innegable que la presencia de Rusia en la región ha aumentado gracias a la personalidad controvertida de Hugo Chávez, que nunca ocultó su oposición hacia Washington y que tuvo a gala estrechar relaciones con todos los enemigos de Estados Unidos que pudo, incluyendo Libia o Irán.

En Libia e Irán encontró socios comerciales unidos por los intereses petrolíferos y en Rusia además encontró un proveedor de armas para su particular ejército bolivariano.

Sin embargo, si la relación con La Habana o Teherán podía leerse en clave ideológica, no así con Moscú. 

“Con Rusia todo esto cambia. Ni Rusia se trata de un aliado regional ni de un país pequeño. Creo que ambas partes son conscientes que les mueven más los intereses económicos. Es aquí y no en lo político donde deberian centrarse para que ninguno corra riesgos”, cuenta Corrochano.

“Es probable que Rusia siga encontrando un aliado en Venezuela pero, a no ser que el discurso antimperialista se intensifique, tendrá que compartir el espacio de amistad con otros países”, dice el analista, que ha formado parte de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas.

Si sigue esa línea, Moscú podrá seguir manteniendo su influencia en la región y fortaleciendo sus intereses en materia energética y militar.