Potenciar las relaciones con la India

Siempre que se habla del mundo multipolar que sustituirá al dominio de EE UU/Occidente se incluye a India entre los nuevos polos. Y lo cierto es que este país que se desarrolla a gran velocidad, con una población de 1.200 millones, con armamento nuclear, que se ve a sí misma como portador de una filosofía socio-política propia y que se encuentra en el punto de intersección de varias regiones de importancia estratégica mundial, no puede ser contemplado de otro modo. Además, India es una democracia estable lo que la convierte, al contrario de otros perseverantes estados del antiguo 'tercer mundo', en un socio deseable para Occidente.

Además de los parámetros objetivos que convierten a India en un importante actor de la escena internacional, hay otras características, de índole más 'psicológica'. Entre ellas está su disposición a jugar un papel activo en los asuntos mundiales. En este punto la situación es algo más confusa.

Ante todo, India es un país tan complicado en su composición y está tan cargado de problemas sociales, que independientemente del nivel del desarrollo económico que se encuentre, dedicará una gran parte de su energía a mantenerse en equilibro.

Por cierto, la democracia india 'la más grande del mundo' (en cantidad de habitantes) tiene unas raíces muy singulares. No es ideológica sino práctica. Un país tan diverso tan solo puede seguir en pie siendo plural al máximo, cualquier intento de centralización lo llevaría, con toda seguridad, al desastre.

En cuanto a la identidad en política exterior, India hace tiempo que se encuentra en un estado de transición.

El papel tradicional de Delhi como centro del 'Tercer mundo' no alineado, que llevaba a cabo una política fuera de los bloques Este-Oeste, es algo del pasado, como la Guerra Fría.

La liberalización de la economía en los años 90, a cambio de la occidentalización, ha dejado muy lejos a la anterior economía semisocialista y la clase media ha crecido a costa del sector de la alta tecnología. Esta impresión se acentúa con los numerosos emigrantes indios presentes en el ambiente intelectual de los EE UU, así como con los esfuerzos de Washington por atraer a Delhi hacia su órbita.

Para India la principal fuente de inquietud en cuanto a seguridad (además de Pakistán, que debido a la historia común es difícil incluirlo en la política exterior) es China, y para los militares indios esta preocupación se convierte a menudo en algo parecido a una obsesión, de modo que el acercamiento a Washington parecería natural.

Aquí, sin embargo, entra en juego otra preocupación de la psicología política india, una relación tremendamente escrupulosa hacia la idea de independencia.

Se trata de uno de los pocos países del mundo que posee absoluta soberanía, a saber: no entra en alianzas que exijan limitar su libertad de acción y dedica el suficiente esfuerzo económico como para poder realizar una política independiente. La combinación de estas dos características hacen de India un caso muy peculiar, es probable que, además de los Estados Unidos y los estados BRICS, no exista ningún otro estado parecido.

 

 

Esta percepción se apoya sobre la tradición de Nehru-Gandhi, entendiéndose la independencia principalmente como independencia de los Estados Unidos. En el ámbito internacional, especialmente en lo referente a la exportación, este enfoque se siente con fuerza, a pesar de la 'occidentalización' de la economía mencionada anteriormente.

Merece la pena añadir otra peculiaridad. Por un lado, India no tiene el más mínimo complejo de inferioridad, la clase militar posee una alta opinión de sí misma.

Por otro, aunque todo el mundo da por sentado que el papel internacional de India va a crecer, y los mismos políticos indios hablan con gusto del tema, especialmente en relación a la cooperación en el eje 'Sur-sur' (es decir dentro del marco del mundo en desarrollo), lo cierto es que no se deciden a tomar la iniciativa.

Prácticamente en todas las cuestiones internacionales peliagudas (a excepción de los mencionados temores en el área de la propia seguridad) Delhi mantiene una posición evasiva, ocultándose detrás de frases genéricas.

En muchos casos esto resulta ventajoso, ya que le permite mantener buenas relaciones con todo el mundo, pero contrasta con las expectativas internacionales de India y con la alta opinión que tienen de sí mismos. Más aún cuando Delhi sueña con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que un estatus como ese obliga a definirse con mayor claridad y precisión.

Las relaciones entre Rusia e India se encuentran en una situación extraña. Pasado el fuerte golpe que sufrieron en los años 90, cuando las tradicionales estrechas relaciones sufrieron un considerable deterioro, la situación comenzó a enderezarse.

Sin embargo, hoy en día India es una novia deseada por todos, los países más respetables y las empresas más prestigiosas se pelean por entrar en el mercado indio. Esta es la razón de la creciente exigencia en un ámbito que tradicionalmente se consideraba propiedad rusa: la colaboración en tecnología militar.

Moscú sigue teniendo ventaja en la competencia con India. Los indios en general tienen simpatía por Rusia, recuerdan la larga historia de apoyo mutuo. La imagen de Rusia como un país que no va a realizar, en ningún caso, una política proamericana, puede ser ventajosa teniendo en cuenta esa tendencia hacia la independencia tan marcada de Delhi, que hemos comentado anteriormente.

Quizás el principal desafío en las relaciones entre los dos países pueda ser la profundización en el vínculo entre Rusia y China, que India ve con envidia y desconfianza.

De modo que el reforzamiento del triángulo Moscú-Delhi-Pekín, que ofreció en su momento el ministro de Exteriores, Evgueni Primakov, no es actualmente  una construcción especulativa, sino una urgente necesidad.