Tráfico de drogas: una creciente amenaza en Eurasia

Principalmente desde Afganistán, la producción atraviesa Asia Central hasta llegar a Rusia y Europa. Fuente: Flickr / antsz1

Principalmente desde Afganistán, la producción atraviesa Asia Central hasta llegar a Rusia y Europa. Fuente: Flickr / antsz1

Unas fronteras débiles, sumadas a la inestabilidad y a la falta de una ley eficaz y otros mecanismos, han convertido algunos países de Asia Central en las mayores rutas para el tráfico de drogas.

El director del Servicio Federal de Control de Drogas de Rusia, Víktor Ivanov, reveló a la prensa el 15 de enero que el año pasado las autoridades incautaron 106 toneladas de drogas ilegales,   un 70% más que el año anterior. 

Las drogas incautadas eran mayoritariamente procedentes de Afganistán, el mayor centro de cultivo de amapola del mundo. La producción atraviesa una larga ruta en Asia Central desde Afganistán, principalmente a lo largo de la antigua Ruta de la Seda, antes de llegar a Rusia y a los países europeos. Otras rutas cruzan Pakistán e Irán para llegar a otras partes del mundo. 

El tráfico de drogas es una amenaza, pero su vínculo con el extremismo religioso, el terrorismo y el tráfico de personas es algo mucho más peligroso no sólo para Afganistán, sino también para sus vecinos de Asia Central y otros países. 

Los países vecinos de Afganistán en Asia Central, así como Pakistán e Irán, son importantes rutas de abastecimiento de drogas. Unas fronteras débiles, sumadas a la inestabilidad y a la falta de una ley eficaz y otros mecanismos han convertido algunos países de Asia Central en las mayores rutas para el tráfico.

Kirguistán y, en especial, su parte sur, es un famoso conducto de droga ilegal. La ciudad de Osh, llamada la capital del sur, se ha ganado recientemente el sobrenombre de la “capital de la droga”.

Generalmente la heroína es transferidas desde Afganistán a Tayikistán y después se envían a Osh. Desde allí se transporta al norte, principalmente a Bishkek, y finalmente cruzan Kazajistán camino de Rusia.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha expresado una seria preocupación sobre esta amenaza del tráfico de drogas en Asia Central, y ha hecho hincapié en la importancia de la eficacia de las agencias de control y la cooperación transfronteriza entre Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán a la hora de perseguir el comercio ilegal. 

El año pasado anunció una resolución para bonificar con 3,5 millones de dólares a Kirguistán, una de las mayores rutas de tráfico, para la lucha contra esta amenaza. 

El auge de la pobreza en estos países es uno de los factores que motivan el creciente negocio de las drogas ilegales, además del tráfico de personas. 

Según Ruslán Altybaiev, uno de los principales oficiales en la Agencia de Control de Drogas de Kirguistán, además de la situación geográfica del país en el recorrido de la ruta de tráfico de estupefacientes, la pobreza ha empujado a muchos ciudadanos de Asia Central a involucrarse en este negocio. 

El valle Fergana en Asia Central, famoso en el pasado por su rica cultura y patrimonio, se ha convertido no sólo en un lugar lleno de violencia étnica, sino también en un lugar para el contrabando.  

El previsible deterioro de la situación en Afganistán durante los próximos meses impulsará el comercio de las drogas ilegales. Este país, devastado por la guerra, representa en la actualidad un 90% del cultivo mundial de amapola. 

La UNODC estima que la superficie de cultivo de amapola en Afganistán ha crecido durante los últimos años. De 2011 a 2012 el área de cultivo se incrementó en un 17%. Si el área total de cultivo de amapola era en 2011 de 131.000 hectáreas, en 2012 llegó a ocupar 153.000 hectáreas. 

Hasta el momento no se ha encontrado ninguna solución concreta para acabar con el cultivo de amapola. En algunas zonas del país se teme que cualquier medida de control de este negocio, que supone el sustento de muchos afganos, aplicando métodos como el rociado de los campos que no cuentan con el consenso de la población, llegue a provocar más caos en Afganistán. 

Será interesante ver cómo la salida de las tropas estadounidenses influirá en el tráfico de drogas. Lo más probable es que, si la situación continúa deteriorándose, el problema del tráfico se incrementará. El cultivo de amapola se ha incrementado en el país a pesar de la presencia desde hace más de una década de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad. 

Rusia ha mostrado su preocupación sobre las perspectivas de una futura proliferación de este negocio. El presidente Vladímir Putin hacía notar el pasado agosto que “es lamentable que muchos miembros de esta operación (la de  Afganistán) estén pensando únicamente en cómo salir de allí… Ellos son los culpables de esta situación y son los que deberían afrontarla hasta el final”. 

La amenaza del tráfico de drogas no sólo solo afecta a cuestiones de la ley y del orden, su  impacto en la sociedad en materia de salud es igualmente temible. 

Según indicaba Yuri Fedotov,   director ejecutivo de UNODC, los últimos años han probado que existe una  propagación del virus del SIDA entre los consumidores de droga. 

Además, los vínculos entre el tráfico de drogas, el tráfico de personas y el terrorismo, en evidente auge durante la pasada década, han despertado una gran preocupación en los países occidentales y democráticos. Una de las principales fuentes de ingresos de los talibanes en Afganistán es el negocio del cultivo de amapola. Los talibanes tienen mayor influencia en el sur del país, donde también se sitúa la mayor parte del área de cultivo; por tanto, para ellos es mucho más fácil aprovechar este comercio ilegal. 

Además de los talibanes, otras importantes organizaciones terroristas como Al Qaeda o la red Haqqani están también involucradas en el negocio de la droga. Uno de los más famosos capos de la mafia, Dawood Ibrahim, de nacionalidad india, también tiene intereses en el comercio ilegal de drogas en Afganistán. Se sabe que Dawood desvió dinero recaudado de este negocio en Afganistán para financiar el ataque terrorista de Mumbai en 2008. 

A menos que se inviertan esfuerzos coordinados por parte de los miembros regionales e internacionales implicados en el proceso de paz en Afganistán, esta amenaza podría adquirir unas proporciones enormes durante los próximos meses. 

La cooperación trilateral entre Afganistán, Pakistán e Irán, apoyada por la UNODC, es un paso importante en esta dirección. Comentando este esfuerzo trilateral durante su 6º encuentro ministerial en Teherán el pasado mes, Fedotov hizo especial hincapié en aumentar las patrullas conjuntas y operaciones basadas en el intercambio en tiempo real de información e inteligencia entre los países de la región para luchar contra el tráfico de drogas. En esta aventura, Rusia y los países de Asia Central pueden tener un papel crucial.