Cuando un oficial de inteligencia soviético salvó a Cracovia de la destrucción

Sputnik; Alexandra Krasnova/TASS
Al sacrificar un lugar histórico, el agente evitó la aniquilación total de la ciudad polaca.

“Salvar Cracovia es lo más importante que he hecho en mi vida”, cuenta el oficial de inteligencia soviético Alexéi Botián. De hecho, gracias a su valentía, la antigua capital polaca sigue cautivando a sus residentes y a los turistas con su belleza prístina (no tuvo que ser reconstruida desde las ruinas, como Varsovia).

Del ejército polaco a la inteligencia soviética

Liberación de Cracovia por los artilleros soviéticos.

El futuro oficial de inteligencia recibió la noticia del estallido de la Gran Guerra Patria siendo comandante de una división de aviones polacos estacionados en Vilna, y más tarde en Varsovia, donde derribó tres bombarderos Ju-87. “Luché como un soldado”, recuerda Alexéi. “¡No importaba que yo fuera un bielorruso luchando por Polonia. Aquella era mi tierra, mi país, mi patria!”.

Después de la derrota de Polonia, la Bielorrusia occidental nativa de Botián se fusionó con la URSS. Después de haber trabajado durante un corto tiempo como profesor, fue invitado a inscribirse en la escuela de inteligencia militar. Como bielorruso étnico que tenía excelentes conocimientos de polaco, además de experiencia en combate, sus servicios fueron muy solicitados.

Botián pasó casi toda la Gran Guerra Patria tras las líneas enemigas en lo que para él eran las familiares regiones de Bielorrusia occidental y Ucrania, actuando tanto de forma independiente como a la cabeza de un destacamento de partisanos.

A la fuerza de Botián se le atribuye una audaz incursión llevada a cabo el 9 de septiembre de 1943 contra el Gebietskommissariat (la administración regional) de la ciudad ocupada de Ovruch, en Ucrania, que se cobró la vida de 80 soldados anti partisanos que habían llegado de Alemania.

Regreso a Polonia

Las tropas soviéticas luchan por Cracovia, enero-febrero de 1945

Cuando el Ejército Rojo finalmente hizo retroceder a los invasores más allá de las fronteras de la Unión Soviética, Botián regresó a su tierra natal. Su misión era facilitar el avance de las tropas soviéticas. La resistencia polaca en ese momento era un enorme crisol de fuerzas diversas que tenían poca confianza entre sí: el Ejército Nacional, que estaba subordinado al gobierno polaco en el exilio, ubicado en Londres, los polacos comunistas del Ejército Popular y los campesinos armados de los Batallones de Campesinos.

Sin embargo, Botián logró encontrar un lenguaje común para comunicarse con todos. “Botián se sentía como en casa entre los polacos, uno de los elementos de su supervivencia y éxito. Se mezcló perfectamente con ellos porque era un actor, ¡un magnífico actor! Créeme, si eres un ilegal (espía, explorador o lo que sea) y no un actor, no llegarás muy lejos”, contó Gueorgui Sánnikov, un veterano del Servicio de Inteligencia Exterior ruso.

Salvar Cracovia

Las ruinas del castillo Wartenberg sobre el río Dunajec

Las habilidades diplomáticas de Botián le permitieron establecer relaciones amistosas con los comandantes de los Batallones de Agricultores, Vladislav Sokulski y Mechislav Holeva. De ellos supo que los alemanes habían almacenado municiones y explosivos en el antiguo castillo joigaliano de la ciudad de Novy Sacz, cerca de Cracovia.

Y gracias a uno de los prisioneros de los partisanos, un ingeniero cartógrafo llamado Zigmund Ogarek, descubrieron que los mencionados explosivos se usarían para volar puentes sobre el río Dunajec, la parte histórica de Cracovia, y la presa de Rozhnov. Esta última iba a ser volado en caso de que el Ejército Rojo irrumpiera en la ciudad, causando una inundación parcial de la antigua capital polaca y el caos entre las tropas soviéticas.

La información fue confirmada el 10 de enero de 1945, cuando los partisanos atacaron un vehículo del cuartel general alemán y en él se descubrió que el maletín de uno de los muertos contenía un plano detallado de las demoliciones que Ogarek había mencionado.
El tiempo es oro, así que Botián ideó una operación para destruir el castillo junto con las reservas de municiones. Arriesgando su vida e integridad física, estableció contacto directo con uno de los oficiales de la guarnición del castillo. El hauptmann alemán, un polaco étnico movilizado por la Wehrmacht en 1939, estaba dispuesto a cambiar de bando y, tras largas conversaciones con la inteligencia soviética, accedió a participar en la operación.

“Le entregué una mina, británica, con una mecha detonante, y le ordené que fuera al almacén de municiones. El hauptmann ordenó a uno de su subordinado que llevara el paquete al lugar indicado.... Lo más más probable es que este no supiera que se trataba de una mina, sólo le dijeron que la pusiera allí”, recuerda Botián.

A las 5:20 de la mañana del 18 de enero de 1945, los muros de piedra del antiguo castillo fueron derribados por una poderosa explosión que enterró a varios cientos de soldados alemanes y, junto a estos, el plan para destruir la ciudad. En aquel mismo momento, las tropas de los ejércitos 59 y 60 del primer frente ucraniano se preparaban para el asalto a Cracovia, que liberarían al día siguiente.

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