Martes Negro: cómo los guardias fronterizos rusos repelieron un ataque muyahidín en 1993

Acciones militares en la frontera tayiko-afgana. Tayikistán, el 1 de agosto de 1993.

Acciones militares en la frontera tayiko-afgana. Tayikistán, el 1 de agosto de 1993.

Oleg Vlásov/TASS
La sangrienta escaramuza tuvo lugar hace 25 años en la frontera entre Tayikistán y Afganistán, cuando radicales islamistas atacaron el puesto de guardia fronterizo ruso nº12.

“Puesto fronterizo, ¡derecha! Puesto fronterizo, ¡listo! ¡Mirada al frente! El personal sobreviviente del puesto fronterizo nº12 está frente a ustedes”. Estas fueron las palabras con las que el teniente Andréi Merzlikin saludó a un refuerzo tardío el 13 de julio de 1993, 11 horas después de que comenzara el ataque terrorista. Su unidad sobrevivió milagrosamente bajo fuertes bombardeos de la artillería muyahidín.

Hace 25 años, militares rusos en la frontera entre Tayikistán y Afganistán se encontraron en el ojo del huracán de una serie de hostilidades. Tayikistán se vio envuelto en una guerra civil, mientras que la situación político-militar en la zona se vio agravada por el derrocamiento del régimen de Najibulá en el vecino Afganistán. Todos los problemas sufridas por el pueblo fueron achacados a Rusia y, a partir de la primavera de 1993, los combatientes de la oposición tayika, con el apoyo de los muyahidines afganos, intentaron repetidamente infiltrarse entre las fronteras.

Antes del Martes Negro, ninguno de los ataques tuvo éxito. Pero el 13 de julio de 1993 se convirtió en uno de los días más sangrientos de la historia de las tropas de la guardia fronteriza en tiempos de paz.

Merzlikin recuerda que el día anterior al ataque, el mando del cuartel general de la guarnición había emitido extrañas órdenes que debilitaron la defensa del puesto fronterizo. Por ejemplo, se ordenó la eliminación de los denominados “secretos”, puntos de disparo ubicados fuera del perímetro en los que había desplegados destacamentos de guardias.

Ya antes, las fuerzas enemigas habían logrado estudiar el sistema de seguridad de la base y hacerse una idea, desde las cimas de las colinas cercanas, de todas las posiciones de fuego rusas. “Lo vimos todo, pero no podíamos hacer nada, los comandantes nos habían dicho que no tocáramos a esas personas. Además, los afganos mandaron a sus enviados, que aseguraron que nos protegerían”, cuenta el militar ruso.

Cómo se desarrolló la batalla

El puesto fronterizo nº12

El ataque comenzó el 13 de julio de 1993 a las 4 de la madrugada. 47 guardias fronterizos y un civil se encontraban en ese momento en el puesto fronterizo. No había material militar, ni tanques, ni artillería. Los soldados sólo tenían un vehículo de combate de infantería ligeramente blindado, que resultó destruido en los primeros minutos del ataque. Así, los guardias fronterizos sólo disponían para du defensa de fusiles de asalto, un par de ametralladoras y un lanzagranadas AGS-17 que se atascó durante el combate.

Al mismo tiempo, los agresores tenían morteros, ametralladoras, lanzagranadas montados, rifles de francotirador y todas las ventajas tácticas que uno podría desear: el elemento sorpresa, posiciones elevadas y ventaja numérica. Aquel día, los soldados rusos fueron atacados por un destacamento de hasta 250 efectivos.

Los muyahidines tenían todas las salidas de los cuarteles dentro de su alcance, por lo que los soldados tuvieron que derribar las ventanas y saltar de ellas en la dirección opuesta, fuera del alcance del fuego enemigo. Uno de los guardias fronterizos, el sargento Yevlánov, recuerda cómo, junto con otro soldado, lograron llegar a un punto fuerte y establecer una defensa perimetral. Sin embargo, pronto una granada golpeó el emplazamiento y el militar ruso fue proyectado fuera de él por la onda expansiva. Milagrosamente, el joven no resultó muerto y, gracias a la descarga de adrenalina, se las arregló para ponerse a cubierto. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había sido herido.

Mientras tanto, uno de los guardias fronterizos logró enviar una señal de socorro al cuartel general.

Varias horas más tarde, los bombardeos disminuyeron y la escaramuza pasó a una fase prolongada en la que los bandos enfrentados intercambiaron disparos individuales. Los guardias fronterizos se estaban quedando rápidamente sin municiones.

Algunos intentos desesperados de llegar desde la trinchera al depósito de municiones no tuvieron éxito. El soldado Dodokalónov corrió hacia el barracón de los oficiales, que estaba en llamas, pero donde había una caja con cartuchos de ametralladora escondidos debajo de una cama. “Cuando se lanzó hacia allí, todo el mundo pensó que estaba muerto: el enemigo disparaba contra el edificio desde todas partes -recuerda Merzlikin.- Varios tipos murieron ante mis ojos. Y de repente Dodik salió con una caja de 200 balas. Si no hubiera sido por él, no lo hubiéramos logrado. Distribuimos los cartuchos a partes iguales. Más tarde, cuando ya estábamos fuera de allí, los conté: cada uno recibió siete cartuchos”.

Y sin embargo, el comandante no tenía prisa por retirarse, incluso cuando ya no quedaban municiones: la señal de SOS había sido enviada hacía unas horas y los refuerzos debían estar en camino. ¿Cómo podían abandonar de esa manera el puesto fronterizo?

Los retrasos provocarían más tarde la dimisión del entonces comandante de las Tropas de la Guardia Fronteriza rusa, una reorganización y varios despidos en el Ministerio de Defensa. Pero todo eso sería más tarde, mientras que ahora un grupo de soldados rusos llevaba varias horas rodeado y bajo fuego intenso.

Un soldado ruso tras la batalla en la frontera tayiko-afgana. Tayikistán, el 1 de agosto de 1993

La ayuda aérea llegó siete horas más tarde, a las 11 de la mañana. Dos helicópteros de combate aparecieron en el cielo y lanzaron un ataque con cohetes contra las posiciones de los muyahidines en las montañas. Sin embargo, los pilotos no se atrevieron a aterrizar para recoger a los hombres: varios meses antes, en esa zona, los militantes enemigos habían derribado un avión de bajo vuelo utilizando un sistema portátil de defensa antiaérea.

Sólo después de comprobar que los helicópteros se retiraban y que se habían quedado sin municiones, el comandante del puesto fronterizo tomó la decisión de retirarse, aprovechando la agitación causada por la aparición de los helicópteros entre las filas de los muyahidines.

Una retirada y un rescate largamente esperados

Los últimos guardias fronterizos se dirigieron hacia la cercana aldea de Sari-Gor. Merzlikin creía que los refuerzos debían llegar desde esta dirección. A pesar de la ayuda aérea y la confusión causada en las filas de los militantes, todavía les perseguía el fuego enemigo.

Al cabo de un rato, los guardias fronterizos se encontraron con sus compañeros de servicio del puesto fronterizo vecino nº13. El destacamento estaba comandado por el teniente coronel Vasili Masiuk, que traía consigo los tanques y artillería pesada que tanto habían necesitado los guardias fronterizos asediados. Sin embargo, la ayuda no llegó a tiempo porque la única ruta “directa” al 12º puesto fronterizo había sido minada por los muyahidines y se encontraba a tiro de los militantes enemigos escondidos en las montañas.

Esa misma noche, el puesto fronterizo capturado por los terroristas fue arrasado mediante un fuerte bombardeo de artillería. Sus ocupantes tuvieron que retirarse apresuradamente a las montañas.

El presidente Borís Yeltsin entrega la Orden al Coraje Personal al soldado Vladímir Evguéniyev por su heroismo durante la batalla en la frontera tayiko-afgana

Esta batalla se cobró la vida de 25 soldados rusos. Los muyahidines perdieron unas 70 personas. El teniente Merzlikin, que había logrado sacar a sus hombres del fuego enemigo, recibió el título de Héroe de Rusia y ascendió al rango de general de división en el FSB (Servicio Federal de Seguridad, por sus suglas en ruso). Ahora está en la reserva y sirve como asesor del presidente de la Unión Rusa de Artes Marciales.

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