Encuentran 20 años después a una niña desaparecida en Bielorrusia

Ministerio de Interior de Bielorrusia
Lee esta alucinante historia con final feliz de esta joven que actualmente vive en Rusia.

Cuando la niña bielorrusa Yulia Moiséienko tenía cuatro años hizo un breve viaje en tren con su padre para ir de una aldea a otra. El hombre se tomó unos tragos y se quedó dormido. Cuando se despertó, estaba cubierto de sangre y su hija se había ido.

Tras una larga pero infructuosa búsqueda, la familia no encontró a su hija. 20 años después recibieron un mensaje de texto desde Rusia, concretamente desde la ciudad de Riazán.

Desaparición

En un principio la policía sospechó del padre de la niña, pero tras hacer una prueba de ADN de la ropa manchada de sangre lo descartaron. El hombre no podía recordar si se había metido en una pelea u otros detalles. Tampoco se acordaba dónde había ido su hija.

La policía se alarmó y la misión de búsqueda se desplegó por todo el país, aunque no consiguieron pistas. La madre de la niña siguió colocando carteles con la foto de su hija en las estaciones de tren.

Dos años más tarde, la familia Moiséienko se mudó de casa, de una que se encontraba cerca de una estación de tren. “Ya no podía mirar los trenes. Nos mudamos a un lugar donde no había estación de tren en ningún lugar cercano”, dijo en 2017 Liudmila Moiséienko, la madre de la niña desaparecida.

Sello del libro

En 1999 dos policías rusos encontraron a una niña de cuatro años abandonada en una estación de tren en Riazán, a casi 1.000 km de Minsk. La niña solo recordaba que el nombre de su madre era Liuda y el de su padre Víktor. Estas eran las únicas pistas que la policía tenía sobre el origen de la chica.

“No sabía que era de Bielorrusia. Cuando me encontraron tenía en mi poder un libro sellado por una biblioteca de una pequeña ciudad de provincias al lado de Riazán. Por eso nadie podía pensar que yo fuera bielorrusa. Concluyeron que yo debía ser de Riazán o de un pueblo cercano”, afirmó Yulia años después.

La policía entregó a la niña de cuatro años a un centro local de apoyo psicológico para niños. Se suponía que iba a ir a un orfanato, pero el destino tenía otros planes.

Nueva familia

Irina Alpátova era una farmacéutica de Riazán. Cuando su hijo menor nació con serios problemas de salud, ella prometió que si sobrevivía adoptaría un niño. El niño sobrevivió así que la agradecida madre tuvo que cumplir su juramento.

“Fui a un centro donde los niños vivían temporalmente antes de ser asignados a orfanatos y simplemente dije: ‘Dame cualquier niño y lo criaré”. Señalaron a Yulia. Nunca tuve que tomar una decisión. Desde entonces ha estado viviendo con nosotros”, dijo Irina.

La nueva familia nunca ocultó el origen de la niña. Aunque Yulia no recuerda su desaparición, sus padres adoptivos le decían que solía recordar un viaje en tren con un hombre y una mujer desconocidos, así como dormir en edificios abandonados, mendigar, esconderse de la policía.

La compañera desconocida de Yulia dejó a la niña en una estación de tren en Riazán. Los recuerdos de la niña transformaron a esta persona en una figura paterna y ella estaba convencida de que sus padres la habían abandonado.

La realidad era muy diferente. “Sigo buscando a Yulia. Ahora tiene 22 años”, dijo su madre biológica en 2017.

Palabras clave

Yulia creció en Rusia. Adoptó el apellido de sus nuevos padres, comenzó sus estudios como farmacéutica en Riazán y dio a luz a un niño.

Un viernes por la noche Yulia estaba en casa con su novio, Iliá Kriúkov. “Le dije: ¿Por qué nadie me busca? No puedo creer que no me quieran”, le dijo Yulia a su novio. El hombre buscó en Google: “Niña de cuatro años, perdida”.

Los resultados aparecieron instantáneamente. “Comencé a leer y me di cuenta de la gran cantidad de coincidencias que había. Se me saltaban las lágrimas”, dijo Yulia más tarde.

La chica también hizo sus búsquedas en Internet pero nunca se centró en fuentes fuera de Rusia y quizá no usó las palabras clave adecuadas. La búsqueda de su novio fue mucho más efectiva.

Reunión

La pareja se puso en contacto con la policía local de Bielorrusia y obtuvo un número de teléfono y algunas fotos de los supuestos padres biológicos de Yulia.

“Sabía que la policía se había puesto en contacto con ellos por mí, pero estaba muy nerviosa por llamarlos”, dijo Yulia más tarde.

Poco tiempo después recibió una llamada desde Bielorrusia.

“Recibí una llamada de una mujer que me dijo que estaba muy contenta porque me habían encontrado”, recuerda Yulia en su primer diálogo con su hermana biológica. “Luego le pasó el teléfono a mamá. Lloró y me pidió que le diera las gracias a mis padres adoptivos”.

Yulia y su novio fueron a Bielorrusia para conocer a los padres biológicos de Yulia. Una prueba de ADN confirmó la conexión familiar.

Actualmente Yulia vive en Riazán y no tiene previsto trasladarse a Bielorrusia. Sin embargo, su vida dio un giro. Cada mañana recibe mensajes de texto de Bielorrusia que dicen cosas como: “Buenos días a nuestra hija y nieta”.

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