‘Siempre quise trabajar en Rusia’: expatriado francés cuenta cómo vive en Moscú

Archivo personal
Julien Nicolas, jefe de proyectos de innovación de la cadena Leroy Merlin, vive en la capital rusa desde hace tres años. En una conversación con ‘Russia Beyond’ explica las diferencias clave entre los rusos y los franceses, y lo que se interpone en el camino hacia el éxito de los emprendedores rusos.

Planeaba mudarme a Rusia por un tiempo. Mi padre es francés y mi madre es rusa, así que siempre quise trabajar en el país. En 2015 supe que la aceleradora internacional de startups, NUMA, planeaba abrir en Moscú su primera oficina en el extranjero, así que decidí aprovechar esta oportunidad. Hasta 2018 trabajé como jefe del programa de aceleración. Hace seis meses cambié de empleo y empecé a trabajar en Leroy Merlin. Antes había estudiado en Paris Business School, había hecho prácticas en California y Madrid, y trabajé en branding y estrategias de comunicación para startups y grandes empresas, como Nestlé.

Hablo ruso y desde la infancia he estado visitado el país todos los años. Sabía mucho sobre la cultura local y la vida en general, pero realmente no tenía ninguna expectativa sobre cómo sería trabajar aquí. Cuando empecé me di cuenta de que en la oficina y en las negociaciones a la gente le gusta presumir y mostrar un poco de desprecio. Al principio no lo entendía, era como si estuvieran usando como modelo el libro de texto Negociación 101. Pero con el tiempo entendí que hay que utilizar el mismo enfoque para poder comunicarse al mismo nivel. Sin embargo, actualmente veo esto menos a menudo. Quizá porque antes trabajaba en una aceleradora y ahora estoy en una gran empresa. Hay muchas personas que quieren trabajar en  corporaciones y esto hace que la comunicación sea más fácil.

A pesar de que trabajo en una gran empresa extranjera, soy consciente de que en Rusia la jerarquía es muy fuerte. Influye en muchas cosas y la gente todavía teme a sus jefes. En Francia no es así. En general, hay tanto pequeñas como grandes empresas que tienen su propia cultura corporativa: los colegas de las pequeñas empresas tienden a tener relaciones estrechas, mientras que en las grandes, los miembros del equipo no salen juntos después del trabajo o de una cena y mantienen relaciones profesionales bastante distantes.

En mi opinión, el mayor estereotipo sobre los rusos es que son muy cerrados y es difícil llevarse bien con ellos. No es cierto. Creo que los franceses son mucho peores en este sentido. Una comparación: en Rusia tiendo a pasar tiempo con un montón de gente interesante de ámbitos diferentes, incluyendo hombres de negocios, escritores y blogueros. En Francia, la mayoría de mis amigos son de mis días de estudiante. Aquí es mucho más fácil expandir los círculos sociales y comunicarse de manera informal.

Obviamente, mis conocimientos de ruso me ayudan mucho, pero incluso quienes no hablen el idioma no tendrán problemas importantes, al menos en Moscú. La generación más joven habla cada vez más inglés, así que no es gran cosa si uno no sabe ruso.

Trabajando en NUMA vi que Rusia tiene mucho potencial para aquellos quienes quieren comenzar un negocio. El sector de la innovación se está desarrollando tecnológicamente y quienes ponen en marcha una empresa suelen ser desarrolladores e ingenieros que, lamentablemente, no saben mucho sobre marketing ni estrategias empresariales. Por eso es difícil para ellos vender su producto. Todavía se está desarrollando la inversión de riesgo y hay pocos empresarios con éxito dispuestos a invertir en el sector de la innovación, algo que está ocurriendo en Europa.

Los centros de innovación universitarios, como el de la Escuela Superior de Economía, contribuyen a desarrollar el sector de la innovación en Rusia. Ofrecen ayuda a los estudiantes a la hora de crear una empresa desde cero y a llevar a cabo proyectos en las primeras etapas. Recientemente he visitado centros de innovación en Kazán y Náberezhnie Chelní. Siempre me han impresionado su entusiasmo y la calidad de los proyectos.

En mi opinión, Rusia carece de empresas de nueva creación orientadas a la sociedad, por ejemplo, que ofrezcan suscripciones u otros servicios a las personas mayores. En Francia hay muchos ejemplos de este tipo pero no he visto muchos aquí en Rusia.

La mayoría de los extranjeros que he conocido en Moscú trabajan en empresas o embajadas extranjeras, pero encontrar trabajo en Rusia, en mi opinión, no es tan difícil. Faltan especialistas cualificados y, por otro lado, aquí la vida es interesante y dinámica.

He vivido aquí durante tres años y he sido testigo de cómo Moscú ha cambiado a mejor. Todos los expatriados que conozco se han enamorado de la ciudad. Lo único a lo que aún no me puedo adaptar es a la ausencia de sol durante la mayor parte del año. Sabía que hacía frío, pero no creía que pudiera hacer tanto.

He visto progresos no sólo en Moscú, sino también en las regiones. He estado en San Petersburgo, Kazán, Nizhni Nóvgorod, Náberezhnie Chelní, Ufá y Krasnoyarsk, pero la ciudad que más me ha impresionado ha sido Majachkalá; ¡allí la gente es increíble!

Planeo quedarme en Rusia unos años más y siempre digo a mis amigos a que vengan a hacerme una visita. A muchos de ellos les encanta y han venido más de una vez. En Europa la gente tiene una imagen bastante negativa de Rusia, pero cuando mis amigos o mi familia vienen aquí, a menudo les oigo decir: “¡Ahora entendemos por qué has decidido quedarte!”.

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