Rusia trata de atraer las inversiones de la banca islámica

Cambios en la legislación buscan fuentes de capital alternativas. Fuente: AP

Cambios en la legislación buscan fuentes de capital alternativas. Fuente: AP

El país busca fuentes alternativas de capital y prepara medidas legales para facilitar la presencia de la banca islámica en el país.

Tras la caída de los precios del petróleo y las sanciones impuestas por Occidente la economía rusa ha perdido fuerza a nivel global. Además, la bajada de la calificación de la deuda soberana a 'bono basura',  que realizaron Moody's y Standard's and Poors ha forzado a las autoridades rusas a buscar fuentes de financiación alternativas. A principios de abril en la Duma Estatal se introdujo un borrador para facilitar el establecimiento de las finanzas islámicas. 

Da la impresión que el proceso avanza rápidamente, especialmente en la administración rusa. En verano de 2014, los bancos rusos presionaron para que el Banco Central facilitase la entrada al mercado del país de las instituciones financieras que se rigen por las normas islámicas. En diciembre, agencias de calificación rusas e islámicas llegaron a un acuerdo para calificar de manera conjunta los productos financieros que siguen las normas de la sharía. En marzo, el comité de la Duma en mercados financieros mantuvo reuniones con representantes de las embajadas de Egipto e Irás así como con bancos y las autoridades monetarias de estos países.

Anatoli Axakov, presidente de la asociación de bancos regionales, declaró que el país está interesado en atraer “miles de millones de dólares” de los Emiratos, Malasia, Indonesia y los países árabes.

Con el fin de conseguirlo, y tras la bajada de calificación que realizaron S&P y Moody's, Rusia está interesada en el sukuk, certificados financieros conocidos también como bonos islámicos. El sukuk se puede organizar de maneras muy diferentes. El más común esun certificado sobre activos basado en el esquema al-ijara, muy similar a lo que en occidente se conoce como arrendamiento.

Estos instrumentos basados en activos se emiten por los arrendadores a los inversores y son los primeros quienes establecen su calificación. De esta manera, no serían las agencias internacionales rusas las que establecerían los índices. Además, se puede comerciar con este tipo de fondos y se pueden incluir en los mercados de valores.

Por el momento hay varios obstáculos que impiden que Rusia se convierta en un centro regional de las financias islámicas. Todavía falta crear las legislación adecuada. Además, hay que sumar que en muchos casos estos fondos no se ajustan a los estándares internacionales y se estructuran según la interpretación de la ley islámica, que varía de país a país.

Si Rusia quiere atraer el dinero de los países árabes y de Malasia e Indonesia, como declara Axakov, tendrá que buscar soluciones a esta diversidad. Estas diferencias afectan también a los países musulmanes entre sí. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Calificación Islámica con base en Baréin no certifica muchos productos de Malasia o Indonesia porque siguen diferentes criterios.

La competencia internacional es otro factor externo que complica la atracción de estos fondos. El Reino Unido es el país europeo que más capital musulmán ha atraído, con un volumen que alcanza los 19.000 millones de libras.

En junio de 2014 este este país emitió el primer fondo soberano de sukuk, valorado en 200 millones de libras, convirtiéndose así en el primer país no musulmán en hacerlo. Este hecho supuso que se realizaran una serie de complicados cambios en la legislación británica.

Si el Kremlin está realmente interesado en atraer este tipo de fondos, deberá estabilizar la economía y a ajustar la legislación.

Es evidente que estos fondos no cambiarán la economía rusa. Serán solamente una gota en el océano económico del país. Sin embargo, pueden suponer un buen inicio para tratar de captar nuevos mercados, mientras continúan las dificultades en los más tradicionales. El camino llevado por el Reino Unido puede ser un buen ejemplo para Rusia, entre otras cosas porque muestra que a la hora de llevar estos cambios hay que ser pacientes.

Katarzyna Sidło es investigadora en CASE (Center for Social and Economic Research) con base en Varsovia.

Artículo publicado originalmente en Russia Direct.         

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