Argentina, Nicaragua y Bielorrusia entre los más beneficiados por el veto ruso a los alimentos occidentales

Fuente: Aleksandr Kriazhev / Ria Novosti

Fuente: Aleksandr Kriazhev / Ria Novosti

El mercado ruso ha perdido casi un tercio de las importaciones de carne y leche, así como la mitad del pescado, tras la aplicación de medidas contra las sanciones. Los productores de América Latina y Oriente Próximo no han podido por el momento reemplazar aún toda la producción que proveían las empresas europeas y norteamericanas, y Rusia depende cada vez más de la importación de productos bielorrusos.

El mercado ruso ha perdido casi un tercio de las importaciones de carne y leche, así como la mitad del pescado, tras la aplicación de medidas contra las sanciones.  Así lo indican los datos del tercer trimestre de 2014 aportados por el Servicio Federal de Aduanas, organismo que se encarga de recabar información sobre el movimiento de mercancías en la frontera rusa.

El 7 de agosto de 2014, el Gobierno ruso publicó un veto a la importación de una serie de productos procedentes de los países que impusieron sanciones a Rusia a causa de la crisis de Ucrania: EE UU, Canadá, los países miembros de la Unión Europea, Noruega y Australia. La lista incluye productos como la carne de vacuno, de cerdo, de ave, el pescado, los productos lácteos, el embutido, la verdura, la fruta, los frutos secos, etc.

Según dicho organismo, los productores de América Latina y Oriente Próximo no han podido cubrir aún el nicho dejado por los productos europeos y norteamericanos, lo que ha provocado un descenso real en el suministro de productos lácteos a Rusia equivalente al 26 %; el suministro de carne también ha bajado un 26 %; el de pescado, un 48 %; el de verduras, un 0,2 % y el de frutas, un 8 %.

Según el Servicio Federal de Aduanas, el país que ha registrado el mayor incremento en la importación de carne es Kazajistán, con un 475%. Le siguen Argentina (146 %), Nicaragua (173 %) y Nueva Zelanda (44 % ).

La importación de pescado desde la vecina Bielorrusia ha aumentado en un 98 %, aunque esta antigua república de la URSS no tiene salida al mar. Bielorrusia, además, ha pasado de suministrar el 54,7 % del volumen total de importaciones de leche a suministrar el 72,1 %.

En cuanto a la exportación de verduras, Honduras ha registrado el mayor incremento al multiplicar por 140 el suministro de calabaza, calabacín y batata.

Por otra parte, en los casi dos meses que han pasado desde que se anunció el embargo a la importación de productos alimentarios, los proveedores extranjeros han obtenido casi el doble de permisos que en el mismo periodo del año anterior, según muestran los datos del Servicio Federal de Aduanas. Las empresas sudamericanas y asiáticas se han llevado la mayor parte de estos permisos; de modo que serán sus mercancías las encargadas de reemplazar las importaciones anteriores.

“En mi opinión, los resultados presentados eran previsibles y, en general, son bastante positivos. Naturalmente, cuesta reestructurar la logística en solo un mes y medio, sobre todo si se trata de volúmenes tan importantes”, afirma el analista de la consultora Finam Management, Maxim Kliaguin. Según sus palabras, la brusca interrupción de las importaciones de varios productos ha provocado un desequilibrio previsible en el comercio minorista y una ligera subida de precios, al tiempo que la oferta ha ido disminuyendo.

“Sin embargo, hay razones para creer que este efecto tiene un carácter temporal, ya que tiene que ver con los costes de reestructuración de la logística, y pronto se superará”, añade Kliaguin.

Según Maxim Kliaguin, se podría equilibrar el déficit causado por el embargo aumentando las importaciones procedentes de otros países y fomentando la producción interna.

“Sin embargo, una sustitución suficiente de la importación por productos nacionales solo se puede llevar a cabo en un periodo relativamente largo y requiere condiciones adicionales, como una importante inversión de capital”, añade.

De acuerdo con el analista jefe del fondo de inversión UFS, Alexéi Kozlov, “los planes de reorientación hacia nuevos proveedores de la industria alimentaria tenían inicialmente un carácter maximalista. Sin embargo, no hay razones para creer que el plan de importación sustitutiva haya fracasado; dentro de un tiempo se observará una notable mejora de la situación”, comenta.

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