Rusia, un eje entre Oriente y Occidente

En vez de un enfrentamiento, la economía rusa necesita que haya una colaboración activa tanto con China como con Europa. Fuente: AP

En vez de un enfrentamiento, la economía rusa necesita que haya una colaboración activa tanto con China como con Europa. Fuente: AP

La única manera para Rusia de poder asegurar, y mantener, un crecimiento anual del 4-5% es si colabora activamente tanto con Oriente como con Occidente.

Los pasados dos meses, durante la escalada de la crisis en Ucrania, una de las expresiones que ha aparecido más a menudo en las noticias sobre economía ha sido “riesgo de sanciones”, para expresar el peligro en que ponían al bienestar ruso las sanciones con las que los EE UU y Europa amenazaban. 

Durante los próximos dos meses, la expresión más ampliamente utilizada será sin dura “giro hacia el este” o “giro asiático”. Para mucha gente relacionada con el Gobierno, la solución más sencilla a una relación cada vez más difícil con los países occidentales será, probablemente, volverse hacia Oriente y desarrollar nuevos acuerdos de comercio e inversión para reemplazar las problemáticas relaciones con Occidente. 

Una ojeada a las estadísticas comparables entre Oriente y Occidente indica que podría no ser tan mala idea. Por ejemplo, las tres mayores economías asiáticas, China, Japón e India, tienen reservas de capital considerables y, por tanto, un potencial para la inversión discrecional más grande que las tres mayores economías occidentales, EE UU, Alemania y Francia. 

Un informe reciente del Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial muestra que las tres principales economías asiáticas tienen, tomadas en su conjunto, un PIB combinado desde la base de la paridad de poder adquisitivo de 23,6 trillones de dólares, comparados a los 21,5 trillones de las grandes economías occidentales. Además, el FMI predice que en 2014 el crecimiento del PIB será de un 7,5 % para China, 5,4 % para India y un 1,4 % para Japón, ya que este último finalmente está comenzando a salir de dos décadas de recesión. 

Sin duda es un paso obvio cambiar el foco hacia los países asiáticos más grandes, más ricos y de mayor crecimiento en lugar de apegarse a los cada vez más hostiles países occidentales. Hay un enorme ámbito de actuación para desarrollar más negocios con Asia. Menos de 50.000 millones de dólares de los 500.000 de inversión extranjera acumulados en Rusia, exceptuando los acuerdos de Rosneft y del gaseoducto del Pacífico, proceden de inversores asiáticos. 

El comercio ruso con países asiáticos ascendió a 150.000 millones el año pasado, lo que representa solo un tercio del comercio con Europa. Pero, aunque es cierto que hay campo para impulsar los vínculos con Asia, a largo plazo sería un desastre para la economía si se adoptase un sesgo proasiático combinado con otro antioccidental. El único modo que tiene Rusia de alcanzar (y mantener) el objetivo anual de crecimiento entre el 4-5 % es con una colaboración total tanto con Occidente como con Oriente, en lugar de intentar de sustituir uno por otro. 

Es cierto que Rusia necesita inversión de capitales para mejorar su infraestructura, así como una fuente de financiación para el sistema bancario y el mercado de capitales. Puede obtenerlo de Asia y Oriente Medio, como mostró el Fondo Ruso de Inversión Directa en 2013. Pero, más importante, Rusia necesita utilizar los conocimientos y la tecnología de compañías extranjeras. Aunque existen centros de gran prestigio en muchas industrias asiáticas, la gran mayoría de la técnica que se necesita para modernizar la base de la economía rusa y hacerla más eficiente solo puede proceder de compañías occidentales de larga tradición. 

También se podría opinar que no es un buen momento para cambiar la dependencia de Occidente a Oriente, ya que han comenzado a surgir serios interrogantes sobre la estabilidad de varias grandes economías asiáticas, sobre todo la china. La economía está a punto de registrar un crecimiento récord de casi un 7,5 % este año, pero ya han empezado a aparecer nubes en el horizonte, con la forma bien reconocible de la combinación de una rápida expansión del crédito y una burbuja inmobiliaria.

Charlene Chu, analista jefe en la agencia de calificación Fitch, publicó un informe que concluía que una crisis bancaria de cierta magnitud en China es ahora mismo casi segura. 

El mercado de crédito chino se ha expandido en unos 13 trillones de dólares desde 2008; su volumen ha crecido en cinco años más que todo el sistema de banca comercial de los EE UU en cien años. El crédito chino sigue creciendo anualmente a un ritmo que dobla el de su PIB. Nadie sabe cómo detener este tiovivo sin que se cierna una catástrofe sobre el mercado inmobiliario, el sistema bancario o la economía en general. 

Los optimistas dicen que “el sistema se autorregulará cuando madure”. La verdad es que nadie sabe cómo se va a desarrollar esto. Nunca antes en la historia una economía tan grande había crecido tan rápido durante tanto tiempo y con tanta expansión del crédito. Ocurra lo que ocurra, será un precedente histórico por lo que respecta a su escala y su impacto global. El Gobierno necesita encontrar un mecanismo para cambiar el principal motor económico, de la inversión potenciada a los créditos al consumo. 

Esta es un área donde Rusia y China sin duda se complementan mutuamente, ya que sus respectivas economías tienen justamente los problemas opuestos. Si todo fuese así de sencillo en economía... 

En general, se puede esperar que, tras diez años de conversaciones, durante su visita oficial a Pekín a finales del presente mes, el presidente Vladímir Putin llegue a un acuerdo para exportar unos 40.000 millones de metros cúbicos de gas anuales a China. Ese acuerdo será uno de los temas más notables, si no el principal, del Foro Económico de San Petersburgo, que empezará el 22 de mayo. 

Sería una lástima que esto se presentase como el comienzo de un giro hacia Oriente y un alejamiento de Occidente, en lugar de como una diversificación razonable. El acuerdo energético con China podría verse continuado por otro similar con Corea del Sur, después de que Moscú condonase 10.000 millones de dólares de deuda a Corea del Norte a condición de que permitiese el paso de una tubería de gas y una vía ferroviaria hacia el sur. Putin tiene en agenda también una visita oficial a Japón en otoño, donde entre los puntos de discusión se incluirá seguramente un intercambio de energía por inversión y comercio. 

Rusia necesita recibir una importante cantidad de inversiones, especialmente de aquellas que vienen en forma de proyectos de cooperación o asociaciones del sector público y privado con los inversores, no solo en términos económicos, sino también de formación y tecnología consolidada.

Ciertamente Rusia necesita trabajar con nuevos socios asiáticos, pero también necesita complementar, no reemplazar, los vínculos establecidos con los socios ya activos en Rusia y comprometidos en los acuerdos. De otro modo, Rusia se arriesga a convertirse en un enorme depósito de gas para las grandes economías asiáticas. 

Chris Weafer es socio principal de Macro Advisory, una consultora que asesora a macrofondos de cobertura y compañías extranjeras que buscan oportunidades de inversión en Rusia.

Artículo publicado originalmente en inglés en The Moscow Times

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