Los vinos rusos aspiran a competir en el mercado europeo

Se ha profesionalizado la producción de ciertas bodegas del sur de Rusia, que buscan nuevas salidas. Fuente: ITAR-TASS

Se ha profesionalizado la producción de ciertas bodegas del sur de Rusia, que buscan nuevas salidas. Fuente: ITAR-TASS

Los vinos rusos tenían mala reputación en la época soviética, aunque hoy en día en Rusia se producen algunos capaces de competir con las primeras marcas del mercado.

Artur Sakrisián, experto en vinos y sumiller, es el autor de una guía de vinos rusos (disponible en inglés y en ruso en versión impresa y digital). El experto subraya que se trata de su elección personal, aunque todas las muestras descritas por en esta guía han pasado por una degustación doble: primero en las bodegas y después en botellas compradas en tiendas normales.

En la guía de 2014 aparecen productos de 14 bodegas situadas en el Valle del Don y en cinco distritos de la región de Kubán. A primera vista parece una cifra pequeña, pero el mérito de muchas de estas muestras consiste en el uso de variedades de uva autóctonas. Esto significa que son vinos que no se pueden probar en ningún lugar del mundo, como sucede, por ejemplo, con el vino de la variedad Krasnostop Zolotovski, que se produce en la bodega Vedernikov.

En Rusia el vino no es una bebida demasiado popular, asciende apenas a un 8,5% de las ventas totales de bebidas alcohólicas según el Servicio Estatal de Estadística de Rusia. Una encuesta del Centro Ruso de la Opinión Pública muestra que un 43% de la población rusa cree que el vino es una bebida perjudicial para la salud y un 35% no cree en la posibilidad de que este sector se desarrolle demasiado en Rusia. 

La mayoría de estos vinos se señalan en la guía como “vinos con denominación de origen”. Esta característica se corresponderá con la certificación europea de Indicación Geográfica Protegida en cuanto se legisle la clasificación de los vinos rusos. La certificación de “vinos con denominación de origen protegida” (que se corresponderá con la Appellation d’origine protegée europea) se encuentra todavía en proceso de desarrollo.

La guía habla también del fenómeno de los “vinos de garaje”: pequeñas bodegas situadas principalmente en el sur de Rusia. Estas pequeñas bodegas producen únicamente un 0,05% del volumen total de la producción de vino en Rusia, pero están muy valoradas por los expertos en vinos por tratarse a menudo de experimentos muy valientes.

Entre las decenas de vinos presentados en la guía se pueden encontrar bebidas para todo tipo de comidas. Por ejemplo, el Saperavi de Fanagoria es ideal para la carne, el Riesling de Abráu-Diursó combina muy bien con el pescado, y el Tsimlianski Grand Réserve se debe servir con guisos de caza. El vino Renessans de la bodega Rayevskoye matiza el sabor del queso y el Fagotin de Château Le Grand Vostock es idóneo para acompañar los postres. El autor recomienda el vino Liguria Réserve de Lefkadia para acompañar las ostras.  

Gracias a los productores de “vinos de garaje”, un viaje por el sur de Rusia se puede convertir en una interesante ruta vinícola. Además de la degustación, la historia de la mayoría de grandes bodegas puede resultar muy interesante. Por ejemplo, Fanagoria está situada en el lugar de una antigua ciudad del mismo nombre junto a unas extensas ruinas arqueológicas. Sobre el vino de la variedad Tsimlianski ya hablaba el poeta Aleksander Pushkin en sus obras. Y Abráu-Diursó era el champán favorito del zar Nicolás II.

Según la Unión de Viticultores y Enólogos de Rusia, la correlación en los escaparates de las tiendas rusas entre vinos locales y extranjeros es aproximadamente de un 70% – 30%, aunque la mitad de los vinos rusos no se producen con variedades locales. Aproximadamente un 30% de los vinos no utilizan variedades de uva locales. Pero, según el pronóstico de Artur Sakrisián, “dentro de tres-cinco años habrá un boom en la producción vinícola rusa, será una época de buenas cosechas de las viñas plantadas dos o tres años antes”.

Mientras el mercado interior no esté consolidado, el vino ruso difícilmente podrá encontrarse en el extranjero. Ahora solamente unas pocas grandes bodegas exportan su producción al extranjero y únicamente en pequeñas partidas con fines más bien publicitarios.

Por ejemplo, la fábrica Abráu-Diursó únicamente exporta unas 150.000 botellas de champán y vino espumoso, menos de un 1% de su producción vendida en Rusia. Los vinos de Abráu-Diursó se pueden comprar en Gran Bretaña, Hungría, Finlandia, Dinamarca, los países bálticos, Israel, los países de la Unión Aduanera y las antiguas repúblicas de la URSS. Las bodegas Tsimlianski exportan unas 120.000 botellas a países cercanos a Rusia: Lituania, Kazajistán, Polonia y Ucrania. Fanagoria exporta una parte muy pequeña de su producción a Japón y Estados Unidos.

El presidente del Consejo de Directores del Grupo Abráu-Diursó, Pável Titov, señala: “Nos gustaría que el vino ruso se convirtiera en una marca de prestigio mundial. El potencial de la calidad de los vinos rusos es tan grande que con el tiempo podrán competir con los vinos europeos y americanos”.

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