El problema de la vivienda en Rusia

Fuente: ITAR-TASS.

Fuente: ITAR-TASS.

Según las estadísticas, uno de cada tres ciudadanos de Rusia menor de 45 años vive con sus padres. En el camino de la emancipación se interponen las altas tasas hipotecarias y el también elevado precio de la vivienda.

 Herencia

La opción ideal para adquirir su propia vivienda es heredarla: tanto si se trata del piso de sus padres ya mayores, como de una permuta por algún piso más pequeño y alejado del centro.

Según datos de la agencia inmobiliaria Metrium-Grup, por 112.600 dólares se puede adquirir un apartamento de 38,8 m² en un edificio construido en las afueras de Moscú. Una casa completa es más cara: 20 metros cuadrados en las afueras de la capital rusa cuestan 104.600 dólares, de acuerdo con los analistas de la agencia Income-Nedvidzhimost.

En los suburbios de la capital, el precio es casi dos veces menor que en la ciudad. En Moscú, el metro cuadrado se calcula en 4.100 dólares, mientras que en las afueras hay opciones por 2.000 dólares/m². Sin embargo, el atractivo precio de los complejos residenciales apartados incluye también los famosos atascos moscovitas: el gran problema es la accesibilidad.

En las provincias, los precios suelen ser más bajos. Así, puede encontrar un apartamento de una habitación en un edificio nuevo de Ekaterimburgo por 42.000 dólares; en Kazán, lo tendrá por 50.000; y en Novosibirsk, por 22.000 dólares (según las cifras de la agencia de estadística Blackwood).

Hipoteca

Tanto los nuevos edificios como las segundas residencias pueden adquirirse mediante préstamo hipotecario. En Rusia no hay suficientes viviendas, por lo que la opción del préstamo bancario está ganando popularidad a pesar de los intereses: de un 14 % de media (el más bajo es del 10,5 % y el más alto del 50 %). Hace seis años, un estudio de VTSiOM (agencia federal de estadística) mostró que más de la mitad de los rusos querían mejorar sus condiciones de vida (un 56 %) y la mayoría de quienes sentían esa necesidad residían en las grandes ciudades. 

Los jóvenes de 25 a 35 años son los que más se hipotecan. Suponen el 45 % de los prestatarios, de acuerdo con Metrium-Grup. Suelen ser parejas en las que ambos trabajan, con rentas de 1.500 a 2.400 dólares por persona. El 15 % son jóvenes con puestos de rango medio (no mayores de 35 años) que involucran a los padres como coprestatarios. Las mujeres solteras hasta 40 años que trabajan en puestos de dirección y tienen hijos a su cargo suponen el 15 %. El 20% restante son padres que compraron el piso para sus hijos o para ponerlo alquilarlo.

 

Desde el comienzo de la crisis de 2008, los expertos han notado un aumento del volumen de los préstamos hipotecarios. En sólo un año, el mercado hipotecario en los alrededores de Moscú se ha duplicado. Los expertos estiman que actualmente hasta un millón de rusos al año contraen una hipoteca. La Agencia de Préstamos Hipotecarios para la Vivienda señala que, en 2013, el 24 % de los rusos ya considera la hipoteca como posible mecanismo financiero para la adquisición de propiedad inmobiliaria. Aunque todavía las cifras están lejos del mercado europeo.

Programas Estatales

En Rusia, el Estado ofrece ayudas para la adquisición vivienda. Militares, maestros y familias jóvenes tienen derecho a condiciones especiales a la hora de solicitar una hipoteca. No obstante, la ayuda no abarata el coste de la vivienda, sino que aplica unos intereses especiales: la vivienda se elige entre la oferta del mercado libre (a precios populares) y el nivel de ingresos de los solicitantes debe cumplir los requisitos de los bancos.

Entre los más afortunados están las familias jóvenes. El gobierno ruso está dispuesto a compensarles del 30% al 40% (mínimo) del precio de compra de su vivienda, las familias monoparentales también están calificadas para recibir la ayuda estatal. Para conseguirlas, hay que inscribirse en uno de los dos programas federales, cuyas restricciones de edad son las mismas: ciudadanos de hasta 35 años. El tamaño del subsidio y de la vivienda adjudicados dependerá del número de hijos menores de edad. La norma son 18 m² por cada miembro de la familia.

No es sorprendente que el porcentaje de beneficiarios de los programas estatales sea insignificante: de acuerdo con Income-Nedividzhimost, la cantidad de clientes de este tipo es del 2,5 %, frente al 97,5 % de prestatarios en condiciones estándar.

Alquiler

Los rusos que no pueden permitirse el lujo de comprar una vivienda ni a plazos, ni mediante hipoteca, se ven obligados a alquilar un apartamento o a seguir viviendo con sus padres. La causa principal para permanecer en el nido familiar son los altos precios de alquiler. El arrendamiento de un pequeño piso en una ciudad dormitorio de las afueras de Moscú cuesta de 600 a 700 dólares. En el centro, los precios de una vivienda con las necesidades mínimas cubiertas mediante reformas comienzan a partir de los 1.300 dólares. Y hay que tener en cuenta que el salario medio en Moscú, según las agencias de contratación, es de 1.200 dólares. Por su parte, el coste medio de un piso de alquiler en Kazán es de 500 dólares, en Novosibirsk cuesta 350 dólares, y en Uliánovsk, 300.

 

"Los salarios bajos de los jóvenes recién graduados en la universidad y el alto precio del alquiler de la vivienda no les permiten emanciparse. En el 67 % de los casos el dinero es el motivo de la renuncia a abandonar el hogar familiar", comenta Renat Laishev, presidente de la ONG 'Niños de Rusia sanos y educados'.

Pero, además de las razones económicas, existen motivos históricos y culturales. Así pues, vale la pena recordar que, en tiempos de la Unión Soviética, el albergue era la vivienda más común. La mayoría de pisos no eran en realidad residencias privadas sino comunales, donde toda la familia a menudo vivía en una sola habitación, mientras que las otras habitaciones estaban ocupadas por otras familias. Para las personas mayores el formato era agradable y, para los jóvenes, cómodo, por lo que incluso cuando dejaban sus hogares para ir a la ciudad, solían vivir en "grandes albergues" o alquilar habitaciones vacías a los jubilados.

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